El Athletic se descuelga en esa carrera por la cima de la Liga que mantenía con el Madrid, los únicos que llevaban hasta ahora un pleno victorioso. Los blancos siguieron por esa vía de la perfección en Anoeta, pero los leones derraparon en casa. La maldición del cuatro, nunca han arrancado con más de tres triunfos consecutivos. El Alavés mostró enorme poderío para cerrar 20 años sin ganar en San Mamés, con un partido que fue puro fango, imposible de hincar el diente, esas tardes de espinas que tanto se atragantan a los rojiblancos. Denis Suárez, Ibáñez y Blanco fueron unos titanes y la puesta en liza tras el descanso de Boyé y Toni Martínez resultó clave. Coudet, con tres sistemas, dio una lección táctica, le encanta La Catedral, que ya profanó con el Celta.

El derbi tenía el foco en la periferia del césped. En los palcos, donde se acomodaba Valverde por la sanción de cuatro partidos y Laporte, recién fichado por el Athletic. El central salió al final a saludar a la gente, en una fiesta que quedó deslucida por la derrota. El ojo desviaba su atención e influía el hecho de que el juego era plomizo. El Athletic llevó la iniciativa durante gran parte del compromiso, pero amaneció con muy pocas ideas, así que el Alavés nadó poco y guardó la ropa mucho, se mantuvo muy cómodo atrás. Mantuvo a raya a Sancet, encerrado entre los mediocentros. Había una espesura insoportable, sin el ritmo de costumbre de los leones, que robaban muchos balones, pero les faltaba clarividencia. Jauregizar y Ruiz de Galarreta, ese en una pela sin cuartel ante Aleñá, recuperaban balones que apenas tenían incidencia cerca de Sivera. El Glorioso se empeñaba en jugarla desde atrás, en conectar con Blanco e Ibáñez en la pantalla siguiente a la defensa, en lugar de romper la presión de los locales con balones largos a Guridi y Mariano. El descanso
Coudet empezo su tarde de gloria. Quiso intervenir con una revolución asombrosa en el descanso. Tres cambios ofensivos que modificaron por completo el guion del derbi. Denis Suárez se compinchó con Blanco y Aleñá para tener el fútbol bajo control por dentro y Boyé y Toni Martínez arriba. La partitura no tenía nada que ver, ya que estos tienen un perfil muy diferente a Mariano, dos tanques que aguantan, peinan, apoyan y sostienen la pelota cuando la ocasión lo demanda.
Los leones se obcecaban con entrar por dentro, en medio de un tráfico atorrante, en lugar de buscar los extremos y cargar el área. Apenas se acordaban de alimentar a Guruzeta, que peleaba como un jabato ante Tenaglia y Garcés. De todos modos, coleccionaron una serie de interesantes ocasiones, en botas de Sancet y con la cabeza de Iñaki Williams, que en el 61’ remato en plancha un balón muy claro que incomprensiblemente se marchó fuera.
El Chacho dio otro giro de tuerca. Menudo golpe de timón. Hubo control, personalidad y dominio de la situación. Se atrevieron más. Cambió de nuevo el dibujo, con tres centrales, tras meter a Pacheco, que se estrenó como albiazul. Anotó Denis con cierta fortuna, pues el balón rozó en Berenguer. Echaba chispas el pinganillo de Orbaiz, uno de los ayudantes de Valverde. Hacían falta medidas drásticas. Primero saltó al verde Sannadi, deseoso de demostrar al Alavés que se equivocó no dándole las oportunidades que demandaba. Luego le acompañaron Navarro, Serrano y un Izeta que debutó en Primera. El Glorioso echaba en su regazo la pelota para dormirla y esta pegó unos ronquidos que se escucharon en Menziorroza. No dejaron correr a uno de los equipos con más rock and de la Liga. Vinagre antes de arrancar la Champions.
Deportivo Alavés
Denis Suárez
Mariano Díaz
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