
Aubameyang delantó al Deportivo con un golazo en el 21’. El Elche empató en el 76’ con un tanto de Aguado y pudo llevarse más de no ser por Leo Román.
Después de 3.011 días de larga ausencia, el balón de Primera por fin rodó sobre el césped de Riazor. El reencuentro se puede calificar de agridulce porque los coruñeses se vieron mucho tiempo ganadores tras el golazo de Pierre-Emerick Aubameyang a los 21 minutos se tuvieron que conformar con el empate. De igual modo puede opinar un Elche que amasó el balón durante muchos tramos, creó muchas más ocasiones de gol y posiblemente suelen con la figura de un Leo Román que estuvo enorme. Incluso el ambiente se puede calificar de agridulce, porque a la ilusión y orgullo de estar de nuevo en Primera ocho años después se contrapuso el enfado de parte de la afición con el club que provocó en muchos momentos un extraño silencio de un Riazor que siempre ruge. Por buscar algo para contentar, los coruñeses se quedarán con que empiezan sin perder. Los ilicitanos, por su parte, olvidar un poco el gafe de la pasada temporada como visitantes. De inicio Hidalgo sorprendió con la titularidad de Altimira y Asp Jensen, dos jugadores que salían de lesión. Menos sorpresa, y mala noticia, fue comprobar como Yeremay, un día más, ni siquiera se sentaba en el banquillo. Por su parte, lo más llamativo en el primer once de Anselmi fue la presencia de Redondo y del canterano Ali Houary de inicio. El primero en poner una pica en el partido fue el Elche, amasando el balón y haciendo trabajar Ali Houary a Leo Román tras un córner, uno de los déficits de los coruñeses durante el verano. La reacción local llegó pronto, con un mal saque de Dituro que Nsongo tardó un segundo en buscar palos y que el meta argentino desvió a córner para enmendar su primer error. Con los papeles repartidos e igualados, hacía falta algo diferente para abrir el partido. Y ese algo se llama calidad. Primero, con un pase milimétrico de 40 metros de Amatucci. Luego, un control exquisito de Pierre-Emerick Aubameyang con la derecha para casi sin continuidad rematar cruzado con la izquierda y batir a Dituro. Gol de clase. Gol de oficio ganando la espalda a la defensa del gabonés, que a sus 37 años aún tuvo fuerza para celebrarlo con una voltereta para despertar al ‘callado’ Riazor. El Elche intentó reaccionar al golpe recibido, pero con las ideas casi limitadas a la insistencia de Varela para volver a probar a Leo Román. No lo lograron, con las jugadas a balón parado como única fórmula para dar sensación de peligro. De hecho, el Depor estuvo más cómodo, en buena parte apoyado en el incansable Nsongo, para irse al descanso con ventaja en el marcador. El Elche intentó reaccionar al golpe, pero con ideas limitadas a la insistencia de Varela para volver a probar a Leo Román. No lo logró, con las jugadas a balón parado como única fórmula para dar sensación de peligro. De hecho, el Depor estuvo más cómodo, en buena parte apoyado en el incansable Nsongo para irse al descanso con ventaja en el marcador. El marcador y la sensación de dominio invitaban a esperar a un Elche más incisivo en el segundo tiempo, y eso es lo que ocurrió. Después de buscar mil formas de romper el orden de los locales, Víctor Chust encontró la línea para filtrar el balón y dejar solo a Fer Niño ante Leo Román. Los ilicitanos casi celebraban el empate, pero el meta balear realizó una enorme parada. Bueno, realmente fueron dos porque el rechace acabó en Gonzalo Villar que obligó a Leo a responder de nuevo con otra mano salvadora para multiplicar su Las noticias no eran buenas para el Deportivo, que no encontraba la forma de contactar con Mario Soriano para disfrutar del balón ni tampoco jugadas limpias para salir a la contra. La insistencia tuvo premio con un centro con veneno de Villar que peinó perfectamente Marc Aguado para batir a un Leo Román que esta vez no pudo obrar otro milagro. Tablas y quince minutos para calibrar riesgos y premios. Las ganas de ambos de llevarse los tres puntos no faltaron, pero las piernas y las ideas ya no estaban para más sobresaltos. Punto repartido que no gusta a ninguno, pero que tampoco enfada en exceso.
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