
El Madrid ilusiona con fútbol, goles y una energía renovada, aunque aún conserva aspectos por pulir.
Una temporada que huele bien Claro que todo no fue perfecto. De hecho, sería preocupante que lo hubiera sido ya en el segundo partido oficial. Porque un principio de temporada tiene una misión (aparte de sumar puntos): enseñar necesidades y pedir ajustes. Empezando por un análisis contundente del gol un poco ridículo que encajó el Madrid justo antes del descanso. Pero seamos justos con el equipo y con nuestros propios criterios. Este Madrid mola ya mucho. Porque no es cualquier cosa meterle cuatro goles a la Real Sociedad y porque los chicos de Mourinho nos han regalado anoche auténticos momentos de gracia futbolística. Hay conexiones que se reafirman, otras que se están construyendo y, ante todo, un espíritu que vuela sobre el colectivo. Un deseo de alegre conquista está uniendo a los instalados, a los que buscan renacer y a los que acaban de llegar. Hacía tiempo que no se veía en el Madrid tal brote verde de felicidad. Mbappé no sólo marca Les prometo que no quería ser pesado y escribir una vez más cosas bonitas sobre mi compatriota. Pero me van a disculpar porque Kylian Mbappé me obliga a echarle flores tan bellas como odorantes. Dejo a mis amigos del diario AS el placer de describir los tres golazos del número 10 madridista porque prefiero afirmar que su partido de anoche hubiera sido un logro incluso sin su hat-trick. Todo lo que ha realizado frente al rival vasco ha tenido sentido. Mbappé sabe lo que quiere y hace lo que quiere. Y siempre por el bien común, aunque su voracidad estadística siga siendo un motor en su carrera. Su deseo continuo de combinar con los demás me parece una magnífica señal que está lanzando: “busca a tu compañero y tu compañero te buscará a ti”. No dejemos que su acumulación de goles desvíe nuestra atención de la importancia de su juego. Lo tengo cada vez más claro: Kylian es creador no sólo anotador. Mourinho en su casa La parábola de los invitados a la boda que relata el evangelio de Lucas explica claramente lo importante que es, en la vida, ponerse en el sitio adecuado. No escoger un lugar de privilegio donde otros deberían estar. Porque tienen más mérito, más legitimidad. El banquillo del Madrid no es para cualquiera y lo hemos comprobado en múltiples ocasiones a lo largo de la historia del club. Algunos no pintaban nada ahí. Todo lo contrario de José Mourinho. Cuando lo vi entrar en el Santiago Bernabéu, anoche para el primer partido oficial de la temporada en el feudo blanco, la primera reacción que tuve fue la de muchos madridistas: “bienvenido a su casa míster”. Pueden gustar o no la personalidad y el trabajo del “special one” pero hay que ser honestos, Mourinho y el Madrid son dos leyendas que van naturalmente de la mano. Digan lo que digan, el técnico portugués está en su sitio y siempre lo estará. Necesitamos más previa Ochenta mil aficionados en el Santiago Bernabéu y, sobre todo, decenas de millones de telespectadores por el mundo. Pues los que hemos visto el partido por la tele (en mi caso por “Disney +” desde París) sólo hemos podido disfrutar de apenas dos minutos de previa en el estadio. Anoche se conectó con el césped y las gradas a las 20:58 porque el Madrid no permite que la Liga ofrezca más imágenes de lo que ocurre antes de que los jugadores estén en el túnel de vestuarios. Con el verano se me había olvidado esta incongruencia. No quiero entrar en la pelea entre el club merengue y Javier Tebas (aunque los argumentos del Madrid sean legítimos), sin embargo me parece obligatorio que se busque una solución para este problema que afecta tanto al producto que vende la Liga como a la reputación del equipo blanco. Los espectadores no podemos seguir viendo largos y aburridos minutos del Bernabéu filmado desde arriba por un dron.
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