
“Todos sabemos quién ha hecho historia este verano” explicó José Mourinho en un brillante arrebato.
Mourinho lleva razón. En general es la prensa quién lanza la campaña del Balón de Oro pero, este año, el que ha dado el pistolazo de salida se llama José Mourinho. Y se ha mojado para defender con fuerza e inteligencia la candidatura de Kylian Mbappé. “Todos sabemos quién ha hecho historia este verano” explicó el técnico portugués en un brillante arrebato para que el prestigioso galardón sea para los que quedan en la retina de los aficionados al fútbol y no gracias a un cálculo matemático de acumulación de títulos. Más allá de la admiración sincera que tiene el special one para su delantero y de su técnica para ponérselo en su bolsillo y hacerle más competitivo por el bien del Madrid (nada es nunca casualidad con Mou), la verdad es que plantea un debate muy interesante sobre lo que debe ser la filosofía del Balón de Oro. “¿Y los criterios históricos inscritos en “el pliego de condiciones?” me van ustedes a preguntar. Este galardón ha cambiado. Claro que existe oficialmente una serie de criterios bien definidos que recibe cada año cada votante y que debe ayudarle a escoger entre los treinta candidatos seleccionados por France Football. Son tres. El primero: rendimiento individual y carácter decisivo e impactante. El segundo: aspecto colectivo y trofeos conseguidos. El tercero: clase y fairplay. Son una especie de guía que ha evolucionado a lo largo de los años y de los múltiples cambios de identidad (periodos con y sin la presencia de la FIFA como socio) y de número de votantes (ahora son cien). Además, siempre ha predominado la interpretación que cada uno hace de dichos criterios. En sus palabras a favor de Mbappé, Mourinho escoge simplemente cuál criterio, según su visión propia, debe predominar. En este caso el “carácter decisivo e impactante” del jugador. Es algo totalmente legítimo y muy de acorde con el fútbol de hoy. Goles de hoy, premio de mañana. En un mundo de muchas imágenes y de muchas informaciones que vienen a estimularnos constantemente resulta complicado acordarnos de todo. Así que lo más reciente es lo que queda. Los partidos de las grandes ligas europeas se ven por todo el planeta y es ahora cuando hay que ser de nuevo “impactante” para que lo “impactante” realizado durante el Mundial vuelva a la memoria de los votantes. Mbappé no sólo debe marcar goles para regalar alegría y hacer ganar al Madrid sino también para seducir y convencer a los que van a emitir su sufragio. En un año en el que no hay ningún favorito evidente todo se puede decidir por pocos puntos y cualquier detalle va a pesar. Por haber trabajado en la organización del Balón de Oro durante muchos años (era corresponsal en Madrid de L’Équipe y de France Football) sé muy bien cómo funciona y cómo ha habido “remontadas” según pasaba el tiempo y llegaban los votos. España, su país adoptivo. Hay tres cosas importantes que Francia ha regalado a España: Los Borbones (Felipe VI es desciende directo de Luis XIV, el rey francés más importante de la historia), el código civil (fuertemente inspirado en el código Napoleón) y el Balón de Oro. Tres aportes de mi país que los españoles han sabido magnificar. Por lo que nos importa hoy en estas líneas, es evidente que nadie en el mundo quiere más al Balón de Oro que los clubes, la afición y la prensa españoles. Hasta tal punto que en Francia debatimos frecuentemente sobre lo que se cuenta del otro lado de los Pirineos. España se ha apropiado de este invento y le da una relevancia que hay que agradecer. Incluso las peleas televisivas y radiofónicas sobre los candidatos, que pueden parecer a veces excesivas, son un elemento esencial para que este galardón siga siendo el más deseado y prestigioso del mundo del fútbol desde hace setenta años.
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