

Pese empatar en la guarida de Las Palmas tiene la primera plaza al menos hasta mañana. Zico se topó con el larguero. Ni rastro de los insulares.
Continúa el inicio de curso a trompicones de Las Palmas y Leganés, desde luego a día de hoy en las antípodas de lo que se le intuye a dos de los candidatos al ascenso que, en teoría, más avales tienen para ello. Si alguno salió favorecido de este soso partido fue el equipo pepinero, con Morata a los mandos en ataque, que al menos duerme líder en esta noche de viernes. Sus baches, claro, son muchos menos. Por parte, Las Palmas vuelve a emitir señales tan preocupantes como las de hace unos días en Girona, donde se llevó cinco goles en contra en su petado equipaje de vuelta. No hubo noticias suyas en el primer tiempo, las pocas que hubo en el segundo no trajeron nada bueno y, además, los pitos hacia el juego grancanario hicieron acto de presencia. El balón no fluye y en defensa, a la mínima, suena la mala melodía previa al desastre. Tras empezar ganando los dos primeros partidos, líder incluso un ratito, apenas apila uno de los últimos seis puntos en juego antes de visitar al Cádiz dentro de ocho días. Cosas de una temporada que apenas amanece, desde luego con los equipos a medio hacer, el primer tiempo de este Las Palmas-Leganés fue un canto al sopor sin importar a donde se mirase. Algo interesante pasó, claro, un poquito apenas, pero era de esos duelos de arenas movedizas, ni siquiera de trincheras, en el que se jugaba a lo que quería el equipo de Albés: a que pasara lo menos posible. Comenzaba la cita con Morata, que estrenaba titularidad en su primer partido, correteando por el todo el frente de ataque pepinero, como si tuviera la orden clara de descolocar a la defensa de Las Palmas, misión cumplida por momentos. De hecho, en apenas siete minutos había caído dos veces en fuero de juego, preludio del zapatazo de Zico al larguero. Las Palmas no sabía qué hacer con el balón ante la propuesta defensiva del Leganés, que se limitó a cercenar las conexiones hacia Kirian, Iñaki o Fuster para hacerse fácilmente con una posesión que llegó a ser del 70%. De pronto, un latizago de Naim, solo delante de Caro, se marchó fuera por poco apenas un minuto antes de que Miyashiro, en la única ocasión local del primer acto, fallara un claro remate a bocajarro. Parecía que Las Palmas salió con energía el alba del segundo acto, única vía posible para llegar hasta la victoria, imposible con la sosería de unos minutos antes. De hecho, en la primera jugada tras el descanso, una hercúlea intervención de Lalo privó a Jefté de hacer el 1-0 a puerta vacía tras una estupenda internada de Miyhasiro, apenas un verso suelto en el ataque de un equipo que no rimaba ni conseguía hilar con sentido el tránsito de la pelota entre los hombres de amarillo, tensos igualmente por la música de viento que provenía de las gradas. Ambos entrenadores implementaron un triple cambio del que, desde luego, salió favorecido un corajudo Leganés. Especialmente cuando empezó a darle carrete a Soko, quien mareara a todo el entramado defensivo grancanario, tanto da que fuera por la izquierda que por la derecha y, alguna vez, por el centro. Hasta pudo marcar de no ser por Caro, quien le birlara el gol un par de veces antes de que, lentamente, fuera muriendo un partido que estuvo casi todo el rato a con la corriente a favor de un Leganés que no venció por su mala puntería y, de momento, ausencia de instinto depredador.
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