Erling Haaland firmó un doblete que sacó a Brasil del Mundial y llevó a Noruega a los cuartos de final en uno de los resultados más impactantes de la competición. Con dos tantos de altísima factura, el delantero noruego demostró por qué es el más temido del planeta cuando el escenario es grande y las exigencias, máximas.

Brasil llegó al partido como uno de los grandes candidatos al título, con Vinicius Junior como su referente en ataque. El extremo brasileño fue el jugador más activo con el balón, completando seis regates —más que cualquier otro futbolista en el terreno de juego— y generando peligro constante por su banda. Sin embargo, la creatividad individual no fue suficiente para neutralizar la solidez colectiva noruega.
El plan de Noruega se sustentó en la sociedad entre Haaland y Andreas Schjelderup, artífice de las dos asistencias que materializaron los goles. Cada vez que Schjelderup encontró a Haaland en posición de remate, el resultado fue el mismo: gol. Brasil no encontró respuesta defensiva a esa combinación en ningún momento del encuentro.
La Canarinha descontó para poner el marcador 2-1 y el partido se tornó tenso en los instantes finales, con un momento de máxima tensión en el minuto 90 que mantuvo a todos en vilo. Noruega resistió con orden y valentía, cerrando una actuación que mereció el apelativo de brillante.
Brasil dice adiós al torneo con la sensación de no haber rendido a su nivel pese al talento en su plantilla. Noruega, en cambio, avanza con la certeza de que este equipo puede competir contra cualquiera, con Haaland como su estandarte y referencia indiscutible.
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