Según Sport, la infancia de Oyarzabal estuvo casi instintivamente ligada al fútbol.

Sus amigos recuerdan que, de niño, a menudo lanzaba un balón directamente desde la ventana de su casa al parque e inmediatamente se ponía a jugar. Esas sesiones de fútbol improvisadas, junto con el judo y las competiciones interescolares, fueron las primeras veces que la gente notó su extraordinario talento.

Sus allegados creen que ya de niño destacaba entre sus compañeros: serio, directo y extremadamente competitivo, incluso se metía en una alcantarilla para recuperar el balón. Dicen que este impulso no ha cambiado hasta el día de hoy.

Sus años universitarios en San Sebastián fueron un periodo crucial. Oyarzabal asistía a clases mientras entrenaba, viajaba y participaba en campamentos, y sus profesores universitarios tuvieron que ajustar horarios y métodos de evaluación. Una profesora de la universidad recuerda que al principio le pidió que completara las tareas individualmente para demostrar su compromiso. Él cumplió seriamente, sin quejas.

Su red de apoyo fue igualmente importante: compartía un apartamento con tres amigos de Eibar, que también eran sus compañeros de universidad. Sus amigos le recordaban que debía entregar las tareas y le ayudaban a organizar su horario, como un pequeño equipo que apoyaba su ritmo académico. Hay muchas historias así, pero una es particularmente memorable: una madrugada, regresó a casa después de un partido, pero no pudo entrar porque el pestillo estaba echado y todos los demás estaban profundamente dormidos. Después de llamar varias veces sin éxito, tuvo que llamar a otro compañero de equipo y buscar un lugar para dormir a las 4 de la madrugada. Hoy en día, todos sonríen al recordar este incidente, diciendo que es una ilustración perfecta del esfuerzo silencioso detrás de su carrera profesional.

Su debut oficial con la selección española fue todavía durante sus días de estudiante. Su tutor de primer año recuerda haber recibido un mensaje de Las Rozas diciendo que no podía asistir a clase... pero luego verlo jugar en la televisión.

Desde que irrumpió en la Real Sociedad, su progreso ha sido constante. Después de que regresó al equipo en su juventud, sus compañeros notaron que había alcanzado un nivel superior: más fuerte, más rápido y más maduro.

Sus amigos, que crecieron con él, ya no se sorprenden, porque cada paso que da les parece natural, dada la dedicación constante que hay detrás.

Después de convertirse en el máximo goleador de la selección española y en un jugador clave en la Copa del Mundo, sus amigos lo ven como un orgullo compartido: "Gana campeonatos, todos lo alaban, nadie habla mal de él... Es increíble".

Se perdió la última Copa del Mundo debido a una lesión de rodilla, lo que hace que esta oportunidad sea aún más significativa emocionalmente. Para muchos, si puede levantar el trofeo, sería la culminación perfecta de un viaje desde la humildad y el trabajo duro hasta donde está hoy.

Todos los que lo conocen desde la infancia están de acuerdo en una cosa: Oyarzabal sigue siendo el mismo amigo, hijo y estudiante que siempre fue. Eibar, sus amigos, su familia y la universidad no solo lo han acompañado en este viaje, sino que también están presentes en cada decisión, cada acción y cada partido.

Este sentido de arraigo, combinado con su carácter tranquilo y profesionalismo, también lo convierte en un líder natural tanto dentro como fuera del campo.

Traducido por IA.

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