
La figura del presidente de la FIFA está más cuestionada que nunca por su cercanía a Trump o la idea de vender parcialmente los derechos del Mundial.
Al mundo del fútbol no le ha gustado el giro que ha dado la FIFA o, mejor dicho, su presidente en los últimos meses. Alejarse de la realidad y entregar un protagonismo desmesurado a Donald Trump en la gran cita del fútbol es algo que no se lo han perdonado al presidente del máximo organismo del fútbol mundial. Y ese rechazo arrancó en pleno Mundial o incluso antes, en el sorteo del torneo, donde se evitó a última hora una crisis diplomática del más alto nivel ante el movimiento del presidente norteamericano, dando la espalda a sus homónimos canadiense y mexicana. Desde antes del inicio del Mundial que tuvo lugar el 11 de junio, en la ciudad de México, altos dirigentes de la FIFA tenían la certeza de que una o más tormentas se iban a desarrollar durante el torneo. Lo que no pensaban era que el propio sistema del fútbol iba a ser puesto en peligro por Donald Trump y las filtraciones interesadas que partieron desde la propia FIFA para dinamitar el actual establishment del máximo organismo del mundo del fútbol. Las constantes apariciones de Donald Trump en la escena futbolística, empezando por el Mundial de Clubes del año pasado y siguiendo por todo lo que ha supuesto la Copa del Mundo, han logrado que la opinión pública crea que tiene orden y mando en el fútbol. Algo que es incierto, pero con lo que Infantino ha parecido sentirse cómodo, cuando la imagen de Trump no es bien recibida socialmente hablando y tampoco en el mundo del fútbol. La filtración hecha pública de la llamada de Donald Trump pidiendo que se quedara en nada la expulsión de Balogun, desde dentro de la FIFA, fue el aviso de que lo anunciado en su momento iba más que en serio. Fue el primer golpe a la línea de flotación de Gianni Infantino. El gesto no fue gratuito. Muy pocas personas sabían en la FIFA que se había producido esa llamada. Sin embargo, medios ingleses recibieron, casi a la vez, la alerta de la llamada en la que les informaban del movimiento del presente norteamericano. Del estupor al comunicado de la UEFA sólo mediaron unas pocas horas. Si alguien se ha significado en contra de muchos de los movimientos de Infantino ese ha sido Aleksander Ceferin. Él inició la primera gran reacción en cadena en contra del actual presidente de la FIFA. Nadie entendió, incluso desde dentro del organismo mundial, lo que había sucedido. Y menos que el presidente del Comité de Disciplina, sin contar con el resto, decidiera dejar en nada la expulsión del delantero norteamericano. Antes del episodio tarjeta roja, Trump quiso cambiar el orden del torneo y que Irán no pisara Estados Unidos, pero Infantino logró que desistiera de la idea, que podía haber puesto en peligro el desarrollo del torneo. Dos semanas después, la aparición en The Times del acuerdo que debía ser ratificado por las federaciones respecto a la venta parcial de los derechos comerciales de la Copa del Mundo ha significado el inicio de la catarata de gestos públicos de algunos colaboradores de Infantino, que buscan un cambio del sistema y quieren que el presidente de la FIFA vuelva a lo que fue y olvide lo que es. Los comunicados globales de las confederaciones valen de muy poco. Y lo saben todos los que dan forma al mundo del fútbol. Cada federación a la hora de votar es un mundo, pero lo que sí está haciendo verdaderamente daño a Infantino son las respuestas de los que hasta ahora han sido imprescindibles en el mundo FIFA bajo su mandato. Tanto es así y tan traicionado se siente que Infantino quiere saber de primera mano lo que piensa cada uno de ellos. Cara a cara. Sabe que por delante tiene seis meses para terminar de darle forma a su mandato con una nueva reelección, algo que cada día está más complicado. Lo que parece claro es que, ahora mismo, sus próximos proyectos están en cuestión. Mundial de clubes, 64 selecciones en el Mundial 2030… no son asuntos ahora mismo que deberían preocupar a Infantino y sí que tendría que serlo en mayor medida asegurar su futuro. Como alternativa han salido muchos nombres, empezando por alguno de sus personas de confianza, pero si hay alguien que tiene la llave de lo que puede pasar en el mundo del fútbol no es otro que Aleksander Ceferin. El presidente de la UEFA siempre ha sido caro y rotundo en muchos de los proyectos iniciados por la FIFA y, cuando parecía que la relación volvía a la normalidad, ha vuelto a saltar por los aires, convirtiéndose en el ariete que ha derribado los muros que rodeaban y hacían sentirse fuerte a Infantino. Tal es el nerviosismo que el secretario general de la FIFA, Mattias Grafstrom, ha tenido que salir y pedir por carta un regreso a la normalidad y a asegurar que el fútbol no va a olvidar sus principios que han asegurado su estabilidad en los últimos años. El Mundial 2030 no corre peligro, como erróneamente se ha llegado a decir. España nunca se ha planteado renunciar ante el boicot anunciado de la UEFA hacia los proyectos de la FIFA. Lo que empieza a inquietar son los muchos gestos de cercanía a Marruecos. Ni España ni otras muchas federaciones lo ven ni medio normal.
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