El Boavista portugués es el último equipo que recurrió a esta herramienta para salvarse. Antes que ellos, otros equipos como el Oviedo también lo lograron.

En estos tiempos en los que en el mundo del fútbol se habla de inversores multimillonarios, fondos, derechos de televisión, naming de los estadios y a veces parece que los aficionados tienen menos importancia, aparecen situaciones que se encargan de rebatirlo. Así, el Boavista portugués es el último caso que ha recurrido al crowdfunding para salvarse. Esta práctica, también llamada micromecenazgo, es un método de financiación colectiva en el que muchas personas aportan pequeñas cantidades de dinero a través de internet para apoyar un proyecto. En este caso, el club portugués necesitaba 50.000 euros para sobrevivir y, gracias al apoyo de aficionados al fútbol de todo el mundo, desde Inglaterra hasta Timor Oriental, lo ha conseguido. El pasado viernes la administradora judicial ha dado el visto bueno al dinero recaudado y permite que el club ajedrezado siga vivo. Este es el último caso, pero ha habido más. En España el más llamativo fue el del Real Oviedo. El club asturiano sufrió un descenso administrativo hasta Tercera División y la mala situación económica hizo presagiar lo peor. Sin embargo, en 2012 lanzó un crowdfunding para salvar el match ball y lo consiguió. Además de aficionados de todas las partes del mundo, llamó la atención del Grupo Carso. El conglomerado empresarial de Carlos Slim desembarcó en el equipo oviedista y consiguió no solo que volviera al fútbol profesional, sino que ascendiera a Primera 23 años después. Sin duda, este micromecenazgo terminó mucho mejor de lo esperado inicialmente. Parecido es el caso del Wrexham. Este equipo galés es el tercer club profesional de fútbol más antiguo de la historia y Racecourse Ground, su estadio, el campo en activo que ha albergado el partido internacional más antiguo. Sin embargo, hasta que en 2020 dos actores de Hollywood, Ryan Reynolds y Rob McElhenney, se hicieron con el club y lo lanzaron al estrellato, la supervivencia de este histórico equipo estaba en manos de sus aficionados, que con sus aportaciones lograron mantenerlo vivo, a pesar de tener una situación económica delicada. Ahora tienen una serie sobre su historia y miles de seguidores en las redes sociales. Otro crowdfunding futbolero es el L’Aquila 1927, en Italia. Este equipo italiano ha dado un paso más en esto del micromecenazgo: el equity crowdfunding. Esta iniciativa fue en 2024 y refuerza otra anterior que ayudó al club. En esta modalidad, los aficionados que participan en el crowdfunding tienen la posibilidad de ser inversores del mismo con presencia en la gestión. De hecho, entre los participantes del micromecenazgo se elige a una persona que entra a formar parte del Consejo y participa en la gestión del club. Además, una vez conseguida una estabilidad económica razonable, con el crowdfunding se ha buscado hacer un proyecto de crecimiento para mejorar o realizar nuevas infraestructuras que permitan al club pensar en objetivos más ambiciosos, como un ascenso de categoría. Sin duda, estos ejemplos demuestran que el fútbol es de los aficionados y que todavía los románticos del balón son capaces de embarcarse en aventuras por unos colores, aunque sean del otro lado del mundo. El crowdfunding es un salvavidas moderno que ayuda a mantener vivos algunos clubes históricos que atraviesan situaciones complicadas.