El Sevilla aprovecha errores clamorosos de los bilbaínos para asaltar San Mamés, que pasó de la expectación a la amargura.

Bilbao se anudaba al cuello el pañuelo azul de sus fiestas con la mirada programada en Terzic y en Marijaia, la icónica ‘jefa’ de su mundialmente conocida Aste Nagusia. La expectación era gigantesca tras cuatro años de Valverdismo, que en fútbol es una barbaridad. Qque no hubiera fichajes daba igual. Y esa ola de júbilo, empapada en sudor por un calor más sevillano que bilbaíno, quedó afeitada en San Mamés por un partido al que le ahorcaron tres desatinos, de gente tan experta como Yuri, Simón y Areso. El Sevilla se limitó a aprovechar los flanes de rojo y blanco. El suflé de La Catedral no es que se haya bajado, ni se encuentra. En este nuevo orden, Jauregizar, jugador fetiche para el Txingurri, ni sale al verde y Galarreta está casi de comparsa. Una acción cuando corría el minuto 13 determinó todo lo que estaba por venir. Yuri trató de cortar la progresión de Sierra, un trueno vertical hacia la meta. Le puso la mano delante y le empujó levemente, y el chaval, muy hábil, se dejó caer. Al ser una jugaba manifiesta de gol, el árbitro mostró la roja. El debut de La Catedral ya nació torcido para los leones desde ese instante. Y más que se enredó con los esperpentos siguientes. Por ejemplo, cuando Berenguer, de improvisado lateral izquierdo, cedió de forma imprudente a Simón, que se entretuvo más de la cuenta y le medio robó la cartera Ure. Se fue al suelo el meta campeón del mundo y esa bola extraviada la llevó Oso a la red. El Athletic quedó aturdido por esa colección de despropósitos. Y el Sevilla olió la sangre. Iglesias lo intentó de lejos y obligó a Simón a lucirse. Pero al equipo no se le puede negar que tenga orgullo, lo quiso demostrar ante los ojos del nuevo inquilino del banquillo y lo sacó a relucir. Se movió con más corazón que cabeza, gracias a un disparo de Sancet a pase de Areso y un remate de Gerenabarrena, el mejor entre los locales con su pundonor, abrazado por Terzic y ovacionado a rabiar al ser sustituido cerca del final. Iñaki Williams, aún sin sitio, también tuvo un par de disparitos, pero su frescura de piernas e ideas aún permanecen extraviadas. La segunda parte fue más de lo mismo. Con el Athletic intentándose volcar, Ejuke aprovechó un contragolpe para ejecutar una vaselina ante Simón. Y más tarde Areso cometió un error imperdonable con una pérdida de esas prohibidas que agradeció Isaac. Terzic movió el avispero en el minuto 57 con dos mundialistas como Laporte y Nico Williams y un ‘tanque’ para cazar centros como Sannadi. Pasó a cerrar con tres centrales y el equipo inició el asedio con la fe de mil ejércitos. Le dio para marcar tras un córner cabeceado por Paredes. La casta muchas veces no te saca del apuro cuando la cabeza te ha jugado malas pasadas. El txupinazo da paso a las fiestas a las 19:00, si es que no moja la pólvora semejante jarro de agua fría.