Ceferin ya ha sido claro y rotundo. No se presenta, pero pide que el actual presidente abandone el cargo de manera inmediata.

Se busca candidato. Esa es la realidad y la finalidad de las muchas charlas, debates, reuniones e intrigas que se están sucediendo en el planeta fútbol alrededor de la figura de Gianni Infantino y de todo lo sucedido en el reciente mundial y que llevó a la FIFA, con su presidente a la cabeza, a reconocer como errores algunos gestos y decisiones de los últimos meses. Ceferin ya ha sido claro y rotundo. No se presenta, pero pide que el actual presidente abandone el cargo de manera inmediata. “Gianni ha cambiado”, decía días atrás un peso pesado del mundo del fútbol a este periódico, algo que también reconocen en la propia FIFA. Desde que terminó el Mundial se han sucedido los comunicados de Confederaciones (muchos de ellos papel mojado) hablando del rechazo o apoyo a Infantino, que sabe que en el próximo mes de marzo debe pasar obligatoriamente por el examen definitivo de unas elecciones, que está muy lejos de ser un paseo triunfal, como se pensaba hasta el inicio de la Copa del Mundo. La duda es saber si las Confederaciones más beligerantes con la situación (UEFA a la cabeza desde la llamada de Trump a Infantino de pleno Mundial) se van a atrever a pedir abiertamente un congreso extraordinario. Según los estatutos de la FIFA, el Consejo puede convocar un congreso extraordinario, siempre y cuando lo pidan una quinta parte de las 211 asociaciones que dan forma al máximo organismo del fútbol mundial. Eso sí, en el momento de la solicitud se debe explicar claramente el motivo de la petición de un congreso extraordinario. Por cierto, en la historia de la FIFA jamás ha habido una moción de censura en contra de un presidente. Muchas federaciones piensan que cada día que pase sin convocarlo, sirve para que Infantino siga sumando adeptos con diferentes promesas, algunas, tal y como adelantó este periódico, como el Mundial de 64 selecciones en el horizonte cercano de 2030 o el Mundial de clubes de 48 equipos. Este fin de semana lo ha aprovechado en la República Dominicana y en París. Está en campaña. Otras tienen miedo de dar el paso y fracasar, poniendo en bandeja el éxito al actual presidente, cuando en marzo sí o sí, la obligación de pasar por las urnas. El miedo radica en aquello de que ahora se dicen muchas palabras, se firman cartas, pero luego el voto en este tipo de situaciones es secreto y esos comunicados públicos de las Confederaciones en contra de Infantino no valen de nada. El presidente de la FIFA lo eligen las 211 federaciones. No hay un plebiscito público, todo lo que se dice en la prensa y lo que rodea al fútbol desde el Mundial, de poco vale si las federaciones siguen apoyando el presidente de turno. Ha pasado, pasa y pasará. Lo que termina pesando en una elección así son las ayudas, los gestos y las promesas, más que cualquier campaña mediática. Los líderes que piden el cambio de la revolución buscan un candidato. Infantino llegó a la presidencia de la FIFA siendo un técnico, tras su exitoso paso por la UEFA y muchas voces apunta hacia precisamente eso, alguien que conozca el fútbol por dentro. El mundo de la política, ese en el que Infantino se mueve como pez en el agua, llegó después. Infantino intentó en pleno mes de agosto, reunirse con su círculo cercano en busca del apoyo de los suyos y para sabe quién le estaba haciendo la cámara desde dentro. Ceferin ha dicho no. Otros apuntan a Nasser Al Khelaifi, pero también lo ha descartado. Infantino sigue teniendo muchos adeptos. Más de los que los periodistas creen.