El conjunto parisino empata un partido que perdía 2-0 en el minutio 90. Marquinhos, de cabeza, puso el empate en el último segundo.

El PSG es inmortal. No hay equipo, situación o antídoto contra este compendio de guerreros, contra una plantilla que no da nada por perdido y que se sobrepone a situaciones inverosímiles incluso cuando tiene todo en contra. El conjunto parisino perdía 2-0 en el minuto 90 en Lille. En el minuto 94, en el último segundo, cuando el árbitro ya estaba señalando el pitido final, Marquinhos empató el encuentro, asestándole un jarro de agua fría, de agua helada, a un Davide Ancelotti que había realizado un planteamiento perfecto hasta que el mejor equipo de Europa decidió ponerse a jugar. Es lo que tienen los cracks mundiales, que pueden decidir hasta jugar a la carta. El campeón de Europa ha comenzado la temporada jugando con fuego. Los rivales le han perdido el respeto y le juegan por momentos de tú a tú y con arrojo. Por tercer partido consecutivo, los parisinos se fueron perdiendo al descanso. El planteamiento de Davide en la primera parte descolocó por completo a Luis Enrique, que le dio a Ferran Torres la titularidad en ataque tras su doblete en su estreno liguero. Precisamente el español gozó de dos oportunidades para adelantar al campeón de Europa. La primera se le marchó desviado tras un remate de la muerte. La segunda, algo más forzada, salió por encima del larguero después de un cabezazo forzado en el que Marquinhos podía haber rematado sin oposición si le hubiera avisado. El Lille se creyó que podía meterle mano al mejor equipo de Europa. Como el Lens y el Rennes la semana pasada, a los norteños no les tembló el pulso. Davide Ancelotti hizo correr continuamente al PSG y encontró su premio gracias a una genialidad del sempiterno Giroud, que, tras un gran control, dejó en bandeja el 1-0 a Haraldsson. El islandés no perdonó. El Lille, lejos de esconderse, como suelen hacer los equipos que se adelantan contra el PSG, buscó el segundo. Haraldsson estuvo a un paso de conseguirlo, pero su remate salió lamiendo el poste. Y Bentaleb, al que los años no le pesan, se quedó a escasos centímetros del 2-0 al filo del descanso con un disparo ajustado de media distancia. Luis Enrique no esperó. Entró Kvaratskhelia tras el descanso y después Mika Godts. El PSG comenzó a adueñarse del encuentro y el georgiano pudo empatar con un disparo con rosca, marca de la casa, que de milagro no fue el empate. El físico menguó al Lille, que, a pesar de todo, se quedó a un remate flagrante de Giroud, una de esas ocasiones en las que solo hay que acomodar la cabeza, de aumentar su renta en el marcador. Lucho recurrió incluso a Dro. El Lille se hizo fuerte. Resistió como si no hubiera un mañana. Giroud corrió como si cada balón fuera el último de su vida. Y el debutante Bakwa, con un remate cruzado, hizo el segundo en su debut como jugador de los Dogos. Luis Enrique no daba crédito. No hay milagro que se le resista al PSG. El conjunto parisino tenía perdido el encuentro. Era el minuto 90. Vitinha se inventó una genialidad con la pierna izquierda en la frontal del área. Al Lille le entró el miedo en el cuerpo. El colegiado añadió tres minutos, pero prolongó un minuto más. Y, en la última jugada del partido, Marquinhos silenció el Pierre-Mauroy con un cabezazo inapelable. Un empate más que milagroso que sabe a victoria para Luis Enrique.