
Cada vez más deportistas profesionales se suman a esta estrategia, cuyo funcionamiento tiene muchas capas.
Alcanzar los objetivos. Ya sean simbólicos o históricos, accesibles o exigentes, inmediatos o progresivos. Pero alcanzarlos. Una máxima que rige la razón de ser del deporte a todos los niveles y que, por tanto, lleva asociada una búsqueda constante de nuevas técnicas y métodos en diversos campos con el fin de que funcionen y, así, poder acercarse a la meta soñada. De esta forma, los deportistas profesionales prueban distintas fórmulas que, poco a poco, van adquiriendo más repercusión, como ha sucedido con el ayuno intermitente. LeBron James, Djokovic, Pedri, Ferran Torres, Grimaldo… Son varios los deportistas del más alto nivel que han incluido esta estrategia en su día a día, afirmando que les ayuda a sentirse mejor y con más energía. Algo que puede llamar la atención, ya que su funcionamiento más habitual consiste en 16 horas de ayuno y ocho en las que se puede comer. Es por ello que, detrás de esta decisión nutricional, hay muchos matices y aspectos relevantes que pueden pasar desapercibidos. El primero es que no es una dieta, sino “una estrategia de distribución de la ingesta”, explica Bárbara Sánchez, presidenta de ADNEFE (Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Equipos de Fútbol Español) con experiencia en clubes como el Alcorcón, Atlético de Madrid femenino o la Selección de Rugby 7. De hecho, aclara que mucha gente reduce el término ayuno a “saltarse el desayuno antes de entrenar”, cuando, en realidad, es posible realizarlo en otros momentos del día, teniendo en cuenta aspectos que pueden variar, como los horarios de los entrenamientos. En definitiva, se puede preferir no desayunar antes del entreno, pero “no es lo mismo que hacer ayuno”, recalca. Estas características del ayuno intermitente convierten en esencial la dieta y los alimentos que los deportistas consuman durante las horas de ingesta. Por ese motivo, estos estarán adaptados siempre a los requerimientos del atleta, y a obtener las calorías diarias necesarias de acuerdo al objetivo que se busque y al ejercicio que se vaya a realizar. Una personalización que, por tanto, supone que la utilidad y forma de realizar el ayuno intermitente también dependa del deporte profesional que se practique. “Por ejemplo, en deportes de resistencia como carreras, triatlón o ciclismo, el entreno en ayunas puede mejorar la flexibilidad metabólica (mejorar la oxidación de grasas para obtener energía), pero para eso se hacen unos entrenos estratégicos en los que no se aportan hidratos de carbono previos al entreno”, detalla Sánchez. Sin embargo, “en otros deportes de menor duración, como los deportes de equipo, esos beneficios no son tan evidentes, aunque sí pueden ser beneficiosos los efectos sobre el sistema digestivo”, concluye. Otro aspecto distinto es su efecto en el rendimiento final. Porque, aunque se asegure la ingesta de calorías necesarias a lo largo del día y se adapte al deportista de élite y a su práctica deportiva, el ayuno intermitente no necesariamente va ligado a una mejora del desempeño. “En fútbol, baloncesto o balonmano podría ser interesante si, por ejemplo, se entrena por la mañana y se hace una cena con una buena carga de hidratos de carbono”, explica Mario Martínez, nutricionista del Alhama que también trabaja con ciclistas o triatletas. “Pero creo que el ayuno intermitente no es la mejor opción para el rendimiento”, asegura. Este análisis vuelve a incidir en una de las claves: la importancia de saber que se trata de una estrategia en la que hay que tener en cuenta el contexto y las circunstancias que se atraviesan. Es decir, no se puede aplicar de forma general. En el caso del fútbol, “no es un deporte continuo, es intermitente y de alta intensidad; depende del glucógeno muscular y, si no se tiene disponible, el rendimiento disminuye”, explica Kevin Ardón, nutricionista del Leganés que también trabaja con jugadores de las principales ligas, y que subraya que el ayuno intermitente en este deporte puede tener algunos beneficios, como si se busca la pérdida de grasa, pero también consecuencias negativas. “Puede afectar a la capacidad de sprint, a la intensidad y a la fatiga. Y en el fútbol, eso tiene un impacto directo en el rendimiento, ya que no es solo correr, es repetir esfuerzos de alta intensidad constantemente”, explica. “Mi opinión es que el ayuno intermitente no es una estrategia diseñada para mejorar el rendimiento en el fútbol. Puede tener su utilidad en momentos concretos, pero no como base del modelo nutricional de un futbolista”, afirma Ardón mientras remarca la importancia de que nunca tiene que estar por encima de las necesidades energéticas del jugador y siempre se debe ajustar a una planificación. Porque, si no se lleva a cabo correctamente, produce efectos negativos como un aumento de la fatiga, disminución de la recuperación, menos capacidad en la repetición de esfuerzos de alta intensidad o un impacto en la toma de decisiones. Otro punto clave del ayuno intermitente son las fechas de los partidos, ya que no es habitual realizarlo en estas jornadas. “El horario del encuentro permite repartir mejor las ingestas durante el día y realizar más comidas en ese tiempo”, detalla Sánchez mientras explica que además “se necesita realizar una carga de glucógeno (ingesta de carbohidratos) e hidratación adecuada”, algo que se consigue mejor si se reparte a lo largo del día. “En competición, la prioridad es que el jugador tenga las reservas llenas y el ayuno pasa a un último plano. Buscamos optimizar la disponibilidad de energía y el rendimiento”, subraya Ardón, matizando la excepción de contextos como el Ramadán, donde “se trabaja con estrategias específicas”. La repercusión pública que está teniendo el ayuno intermitente lleva asociada la pregunta sobre los motivos por los que los futbolistas deciden realizarlo. Como se ha mencionado, varios jugadores de élite han explicado públicamente que este les ayuda a encontrarse con energía de cara al entreno rutinario de cada mañana. “Lo primero es informar y educar al futbolista para ver si lo que entiende por ayuno como estrategia nutricional tiene una base científica o simplemente se está saltando el desayuno o la cena por comodidad”, explica Sánchez mientras incide en que “lo importante es evaluar el motivo (estético, por moda, mejora del rendimiento…)”. Por ejemplo, afirma que “pueden preferir no desayunar (que no es lo mismo que hacer ayuno), para sentirse menos pesados y evitar molestias digestivas”. De esta forma, se incide en la importancia de adaptarse tanto a las sensaciones y necesidades de los jugadores como a su contexto. Esto será clave para que la decisión que se lleve a cabo pueda traducirse en las mayores mejoras posibles para el futbolista. Por ejemplo, Martínez explica que si el motivo de querer realizar el ayuno intermitente es porque por la mañana, al desayunar, se sienten pesados, habría que evaluar qué alimentos ingieren. “Si al modificar esto siguen igual, se podría llevar a cabo”, teniendo siempre en cuenta la cantidad de calorías y el momento del entrenamiento. “Muchos jugadores llegan con ideas externas y es normal. Nuestra función es ver si tiene sentido, cuándo aplicarlo y cuándo no. En muchos casos se puede integrar, pero nunca en momentos clave de la semana”, analiza Ardón. Otra cuestión es si esta estrategia ha llegado para quedarse. “Han salido jugadores con bastante repercusión y lo han puesto de moda. Pero yo le digo a muchos de mis clientes que, de todos los futbolistas que hay en Primera División, el ayuno intermitente lo pueden hacer como mucho 20”, opina Martínez. Una línea en la que también se encuentra Ardón: “Creo que hay mucha desinformación. El fútbol profesional no debería guiarse por modas, sino por criterios sólidos, contexto y resultados en el campo. No trabajamos con tendencias, trabajamos con jugadores que necesitan rendir cada 72 horas”. En definitiva, un proceso complejo que requiere un análisis exhaustivo y la coordinación de todas las partes implicadas para que el deportista no se vea perjudicado y pueda disfrutar de sus beneficios.
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