
Daniel ‘Toro’ Aquino fue el goleador del Betis que subió a Primera a principios de los 90 y que llegó a ser tercero en Liga.
Su apodo siempre lo definió a la perfección. Daniel Toro Aquino (Chajarí, Argentina, 1965) pertenecía a esa estirpe de delanteros que hizo del gol su oficio dejándose el alma. Fuerte, peleón y con instinto en el área, aterrizó en Murcia en 1989 y se fue haciendo un hueco en la élite. Fue máximo goleador de Segunda con el Mérida, lo fichó el Betis por 30.000 euros en 1993, repitió como principal artillero en la división de plata con 26 goles y ascendió a Primera, donde el equipo verdiblanco firmó una temporada brillante, acabando en tercera posición y poniendo la guinda con un 0-2 en el Bernabéu con doblete del Toro. Le tenemos perdida la pista…. Me he alejado un poco del fútbol. Vivo en Murcia y estuve entrenando a algunos equipos por aquí y en Grecia, pero ahora no tengo una vinculación directa con el deporte. ¿Y a qué se dedica? Trabajo como vigilante de seguridad en un resort de lujo donde vienen muchos extranjeros a jugar al golf y a disfrutar del sol y de la comida. Hace casi cinco años que me dedico a eso. ¿Con los ahorros del fútbol no le llegaba? Para vivir toda la vida no me daba. Es cierto que estuve varios años a un buen nivel y me fue bien, pero antes no se ganaba lo que ahora. Además, para mí no supone ninguna ofensa en el orgullo trabajar como vigilante. De joven, en Argentina, ya fui panadero, mecánico y muchas otras cosas. Hice de todo. Mis padres me inculcaron el valor del esfuerzo. ¿Es un trabajo arriesgado? Muy poco. Nos encargamos de la seguridad del recinto, pero no es algo peligroso ni estresante. Puedo decir que es tranquilo y estoy muy contento. Vivo bien, tengo energía, salud y una familia maravillosa. Poco más puedo pedir. He sabido buscarme la vida, normalizar cada situación y no puedo quejarme de nada porque sería un desagradecido si lo hiciera. Esto también es un ejemplo para sus hijos… Saben que su padre llegó incluso a ser internacional con la selección argentina y que le fue muy bien en el fútbol, pero la vida da muchas vueltas y hay que adaptarse a todo. Siempre les dije que uno nunca puede pensar en vivir del balón porque es algo muy difícil y lo consiguen muy pocos. Por eso hay que prepararse y estar listo para hacer otras cosas. A usted le fichó el Betis por 30.000 euros... Así fue. Yo había sido máximo goleador con el Mérida en Segunda, el Betis se fijó en mí y me ficharon para jugar también en la categoría de plata. Era una época oscura para el beticismo, pero salimos adelante. Es que pasaron del infierno al cielo muy, muy rápido… Sí. El primer año marqué 26 goles y subimos a Primera y lo hicimos tan bien que acabamos terceros. Fue increíble. En aquel grupo, que era fantástico, estaban Gordillo, Cuéllar, Merino, Roberto Ríos,…Todavía conservo la relación con muchos. Aquella temporada 1994-95 acabó con el asalto del Santiago Bernabéu… Es cierto. El Madrid ya era campeón de Liga, habían estado de celebración toda la semana y creo que llegaban un poco relajados, pero ni aun así es fácil ganar en el Bernabéu. Nosotros les hicimos el pasillo de homenaje y luego logramos un 0-2 tras un gran partido para rematar un año fantástico. Doblete suyo. Tuve una buena tarde. Uno fue un chut desde fuera del área con mi zurda y otra una falta directa que creo que pilló a Buyo un poco despistado. Pero aquel Madrid era un equipazo, con Hierro, Sanchís, Raúl, Amavisca, Laudrup, Zamorano y Redondo. Con los dos últimos tenía una gran relación. Les arruinaron la fiesta… Se puede decir así, esperaban terminar una gran temporada con una victoria, pero les fastidiamos el plan. ¿Antes se protegía menos a los delanteros? Lo que pasaba antes es que nos quejábamos menos. Si un defensa te daba había que responder para no amilanarte, pero no nos tirábamos al suelo y dábamos cien vueltas para llamar la atención. Ahora muchos gritan por nada y se castiga cualquier faltita. Se dramatiza todo demasiado. Antes nos pisaban mil veces, todos los delanteros teníamos las uñas rotas y lo veíamos como algo normal. Ahora se ha perdido esa esencia. Cualquier mínimo contacto sirve para que los jugadores simulen que ha sido algo grave, se sanciona y eso no es fútbol. Ahora algunos se creen intocables. No entiendo el fútbol de ahora. Antes un choque era normal y ahora parece que les han pegado una paliza. Ha cambiado todo. Eso no va conmigo. ¿Qué cambiaría? Muchas cosas, pero sobre todo el exceso de polémica. Es una barbaridad. Ahora se habla casi más de los árbitros que de los jugadores. Eso en mi época nunca ocurría. Son cosas que no le hacen bien al fútbol. Tiene buena genética: tres hijos, los tres futbolistas. Matías, Dani y Álvaro, que aún está en el juvenil de división de honor del Murcia. Dani fue campeón de Europa Sub-17 con España y subcampeón del mundo con la Sub-19. Todavía juega en el UCAM Murcia. ¿Estuvo cerca del Madrid? Pudo ocurrir. Había bastante interés y hubo negociaciones, pero no se dio. Nunca supe el motivo real. Habría sido un sueño para toda la familia. Estaba a un gran nivel entonces y había muchos clubes interesados. ¿Qué jugador actual se parece a usted? Salvando las distancias, tal vez Lautaro Martínez, del Inter. Su estilo es parecido al mío. ¿Sigue siendo bético? Eso siempre. Quien pasa por allí queda marcado para toda la vida. Le tengo mucho cariño, sigo sus partidos y les deseo lo mejor. Cuando voy por Sevilla siempre me tratan con mucho afecto y eso no se puede olvidar. El Betis recibe al Madrid tras caer 5-2 ante el Levante… Fue una gran sorpresa, pero el Betis tiene calidad y orgullo para levantarse y en su estadio es muy difícil quitarles puntos. La afición aprieta mucho, eso contagia y el rival nota el ambiente. Aunque el Madrid ha empezado bien no va a ser fácil que ganen allí. ¿Le gusta Mourinho? Parece que ha puesto orden con su llegada y el comienzo ha sido bueno, pero esto es muy largo y no es conveniente hacer juicios a estas alturas. Lo que es cierto es que si Mbappé sigue al nivel en el que está tendrán más opciones. Me gusta mucho ese jugador.
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