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Brian Cipenga se comió al Cádiz durante 45 minutos. Tres asistencias, una detrás de otra, para ponerle música a una primera parte en la que el Almería hizo casi todo bien y dejó el derbi andaluz encarrilado. Javi Muñoz, Miguel de la Fuente y Baptistao aprovecharon los regalos del congoleño para construir un 3-1 que parecía definitivo. No lo fue tanto. El equipo de García Pimienta se echó demasiado en la segunda mitad, sesteó y permitió crecer a un Cádiz que acabó haciendo el 3-2 en la última jugada, con un gol en propia puerta de Chirino entre varios rechaces. Llegó tardísimo. Por suerte para el Almería. Los rojiblancos habían hecho mucha pupa corriendo. Hay piernas y futbolistas para ello, además de mecanismos ya adquiridos para salir disparados después de cada robo. Cipenga ponía la velocidad y alrededor aparecían Javi Muñoz, Miguel de la Fuente y un Baptistao fino y rápido. Demasiado para un Cádiz que sufrió una barbaridad cada vez que tuvo que correr hacia atrás. El 1-0 enseñó pronto por dónde iba la noche. Cipenga arrancó y Javi Muñoz entendió el espacio. El debutante apareció por dentro, recibió y fusiló a Ezkieta. Estreno brillante y primera banderilla para un Cádiz que encontró el empate en su primera llegada. Cordero puso un córner desde la izquierda y Javi Castro ganó por arriba para cabecear a la red. Poco había hecho el equipo amarillo para encontrarse con el 1-1. Tampoco le duró demasiado. El Almería continuó encontrando autopistas y Cipenga volvió a explotarlas. Robó en el centro del campo, puso la moto y lanzó a Miguel de la Fuente, que atacó la espalda de la defensa, superó a Cristian y definió con mucha clase ante Ezkieta. El 2-1 devolvía el partido a su sitio. El tercero tuvo ingredientes parecidos. Otra transición rápida, Cipenga de nuevo por medio y Baptistao para terminar el trabajo. Pim, pam, pum. Tres asistencias del congoleño y un Cádiz descompuesto cuando el Almería conseguía poner el partido a correr. Los de Celades llegaron al descanso bastante tocados y con un 3-1 que incluso podía considerarse barato por la diferencia entre ambos. Pero el partido cambió. También porque el Almería dejó que cambiara. Celades movió el banquillo con Borja Vázquez, Vladys y Javi Ontiveros, recibido con una sonora pitada en los Juegos del Mediterráneo, y encontró algo más de energía. Los locales dieron varios pasos atrás, dejaron de correr y empezaron a jugar demasiado pendientes del marcador. De aquel equipo eléctrico de la primera mitad quedó bastante menos. El Cádiz, sin hacer ninguna barbaridad, empezó a sentirse cómodo. Tuvo más pelota, adelantó metros y obligó al Almería a pasar mucho más tiempo cerca de su área. Borja Vázquez puso un buen centro lateral que Vladys estuvo cerca de convertir en el 3-2 e Izeta mandó fuera otra oportunidad. Los amarillos empezaban al menos a discutir un partido que durante la primera mitad ni siquiera habían conseguido agarrar. García Pimienta también refrescó el equipo. Se marcharon Cipenga y Baptistao, además de un Rodrigo Ely que había completado un partido muy serio. El Almería quería dormir aquello, pero terminó durmiéndose por momentos. Faltó balón, algo más de ambición para sacar al equipo de atrás y alguna posesión larga que cortara el crecimiento de un Cádiz que ya jugaba sin demasiado que perder. La reacción amarilla, eso sí, necesitó demasiado tiempo para encontrar premio. Y cuando llegó ya prácticamente no quedaba reloj. Un córner en la última acción acabó convertido en un pequeño pinball dentro del área, con varios rechaces y Chirino introduciendo finalmente la pelota en su propia portería. 3-2 y final. No hubo tiempo ni para buscar el empate. El Cádiz adecentó bastante su imagen después del descanso, aunque volvió a dejar dudas. Venía de tres empates y tenía en Almería una primera prueba seria para medir dónde estaba realmente. La primera parte resultó muy pobre; la segunda, bastante más reconocible. Tiene buenos futbolistas, pero todavía le cuesta producir y durante demasiados minutos transmite una cierta apatía que los de Celades deberán sacudirse. El Almería se quedó con los tres puntos y con dos caras muy distintas. Una primera parte eléctrica, vertical y con pegada; una segunda mucho más encogida, quizá demasiado, que terminó afeando una noche que parecía resuelta mucho antes. Le alcanzó con el destrozo de los primeros 45 minutos. Y con un Cipenga que no marcó ninguno, pero hizo los tres.
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