El ‘10’ del Barça encara la cuarta Champions con los malos recuerdos de las eliminatorias contra PS, Inter y Atlético, pero con la esperanza de conquistarla

Entre el “no pararé hasta traerla de vuelta a Barcelona” y “el objetivo de la temporada es la Champions”, frases pronunciadas por el mismo protagonista, apenas ha pasado un año y medio. Pero en Can Barça eso, después de no levantar la vieja Copa de Europa en los últimos once años, es mucho. Y eso lo sabe Lamine, que a sus 19 años ya ha ganado Liga, Copa y Supercopa de España a nivel de clubes…; y Eurocopa y Mundial con la Selección. Es fácil adivinar, pues, cuál es su próximo sueño y, tal vez, su obsesión. Mucho más ahora cuando ya es uno de los capitanes de la primera plantilla. Lo de Lamine con la Champions (33 partidos, once goles) está también entre el ‘trauma’ y el desafío. Porque, crudamente, las tres eliminaciones que ha sufrido en las ediciones en las que ha participado, han sido durísimas. Cada una, con sus motivos. La primera, en 2024, contra el PSG. El Barça, que había ganado 2-3 en el Parque de los Príncipes en la ida de los cuartos de final, también se había adelantado en la vuelta con una maniobra mágica ante Nuno Mendes de Lamine, que aún lucía el dorsal 27. El Barça volaba con el 1-0 de Raphinja pero llegó entonces la expulsión de Araújo y la gran decisión. Xavi llamó a Iñigo Martínez y tenía dos opciones: Lewandowski o Lamine. Su elección fue la del chico de, sorpréndanse, 16 años. Parece quedar lejos, pero en aquel 16 de abril de 2024, a Lamine todavía le faltaban tres meses para cumplir 17 años. Lo hizo antes de la final de la Eurocopa. Aquel cambió dolió a Lamine, que había sido un dolor de muelas para el portugués, con el que mantiene un cara a cara muy particular. En ocasiones superior el portugués (final de la Nations 2025), Lamine forzó su lesión en el último Mundial. Un año después, en Milán, el palo fue todavía más duro. Después de jugar unas eliminatorias fabulosas contra Dortmund y Benfica, y dar una exhibición en la ida de las semifinales contra el Inter, el Barça se veía en la final después de que Raphinha marcase el 2-3 en el Giuseppe Meazza. Entonces, Lamine, en lugar de especular en los compases finales, se fue directo a la yugular de los neroazzurri y soltó un disparo seco, increíble, que se marchó al palo izquierdo de Sommer. Aquello era más que un gol. Era el billete definitivo a la final de Múnich y, probablemente, el Balón de Oro. La pelota impactó en la madera y, rechazada por Acerbi acabó en un saque de banda favorable al Barça…, que de manera increíble acabó en la acción del 3-3...., de Acerbi. Lamine, que había estrellado otros dos balones en los palos en el partido de ida en Montjuïc, uno de ellos después de otra acción memorable, dejó escrito aquella noche: “No pararé hasta traerla de vuelta a Barcelona”. Pero el año pasado tampoco pudo ser. Jugó una fase liga más irregular, con algún chispazo en Brujas y poco más. Pero fue llegar las eliminatorias…, y le marcó en los dos partidos de octavos al Newcastle. A los cuartos contra el Atlético llegó como un avión, pero la expulsión de Cubarsí en la ida penalizó mucho a los de Flick. Aun así, se echó al equipo a la espalda y jugó una segunda memorable. Casi él contra todos. Pese al 0-2, se plantó en el Metropolitano dispuesto a todo. Marcó el 0-1 y, después del 0-2 de Ferran, se inventó un pase de exterior memorable a Fermín que cabeceó contra Musso. Otra vez, y después del gol de Lookman y otra expulsión, esta vez la de Eric, se quedó por el camino. Casi sigue siendo un adolescente, pero no lleva el dorsal 27. Ahora es el 10 y el líder del Barça. Y no se esconde. El nuevo gran objetivo de su carrera es la Champions y el desafío empieza este miércoles.