

El colombiano provoca y anota el penalti de la remontada del Sporting en su estreno europeo ante un Galatasaray que se deshizo tras el descanso. Golazo del
Sin su supergoleador Victor Osimhen, ni piezas estructurales como Lemina, ausente, o Gündogan, en el banquillo, el Galatasaray quiso demostrar que el fútbol turco y su gran inversión este verano van en serio. Pero su estreno en esta Champions League evidenció que aún le faltan horas de vuelo en una competición de exigencia agotadora y en la que aguardan depredadores como Luis Suárez. El Sporting de Portugal, gran revelación de la pasada temporada y con su estrella sobre el césped, abrió su camino con tres puntos de incalculable valor ante la traca final que le espera, con Manchester United, Manchester City, Barcelona y Roma. Aunque para ello tuvo que tirar un primer tiempo con sello otomano, a merced de un Galatasaray que amasó casi un 75% de la posesión y que se adelantó pronto, con un gol poco ortodoxo: un supersaque de banda de Jacobs, convertido en córner, propició el 1-0 con el encuentro aún en el cascarón. Davinson raspó lo justo, Rui Silva respondió de forma felina de primeras pero no pudo repetirlo a la segunda ante un remate al alimón entre Lucas Torreira y Gonçalo Inácio. El novedoso imán goleador del uruguayo, que no exhibió en su corto periplo en el Atlético, volvía a aparecer. Venía de marcar y asistir en el triunfo ante el Basaksehir. Rui Silva y Quaresma sostuvieron al Sporting hasta que un gol anulado a Luis Suárez en el 19’ pareció desperezarlo. Apenas cinco minutos después llegó el empate: una transición fugaz, hilvanada entre Luis Guilherme y Araújo, con servicio lateral final del uruguayo, dejó un balón muerto que domó la pillería de Catamo para finalizar. No necesitó ser el más fuerte ni el más ágil para ganarle el cuerpeo a Torreira y encañonar a Okan Buruk. Lo más positivo que se llevó el Sporting al intermedio. Fue un partido desordenado, en el que ni Altimira ni Zalazar llevaron el peso que teóricamente se presumía por su tipo de centrocampistas y en el que el ímpetu del Galatasaray, con más balón e iniciativa, se impuso. Sané, inteligentísimo ocupando espacios estratégicos y buscando la superioridad, estuvo incluso a punto de poner el 2-1 antes del descanso con una rosca cerca de la escuadra. La segunda parte amaneció también con Jacobs, esta vez negativamente, al mandar al suelo dentro del área a Luis Suárez cuando se plantaba ante las fauces de Buruk. El VAR lo confirmó y el colombiano no falló. 28 goles se apuntó el pasado año. El quinto en una temporada que acaba de comenzar pero que ya apunta a ser la próxima gran venta millonaria de los Leones. Surtió efecto la charla de Rui Borges, porque el Sporting no soltó el cuchillo de los dientes. Apenas cinco minutos después llegó la reacción, con la firma de un albaceteño. Rodrigo Zalazar mostró por qué es hijo de José Luis Zalazar con la magistral ejecución de una falta. 3-1 y la sensación de que cada ataque era un drama para un Galatasaray borrado del mapa, pese a la entrada de un viejo conocido de la afición del José Alvalade como Rafa Leão o Gündogan. El oficio del Sporting hizo el resto y el estadio sportinguista entonó el clásico My Way de Frank Sinatra.
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