

El Athletic-Elche se resuelve con dos goles desde la nada: con un penalti para los franjiverdes y con un balón casi extraviado de los rojiblancos.
La nada se abrió paso en La Catedral. Mucha cháchara y al final los goles surgieron desde el vacío, podía advertirse eco ante tanta ausencia de miga. Una vulgaridad. De un penalti que cometió con torpeza Berenguer y de un balón casi extraviado de Berenguer. Si el fútbol virtuosista no te da para hacer justicia, pues el otro, el reverso de la moneda, te puede sonreír. El Athletic sumó méritos en la primera parte ante un Elche que muchos entendían que iba al matadero de San Mamés. Pero el supuesto verdugo tenía la guillotina oxidada y se estaba desesperando. Anotó Buonanotte desde los once metros y la tensión crecía. Hasta que Berenguer entró a por uvas en el área franjiverde y lanzó una pelota aparentemente inofensiva. Esta se paseó entre tres jugadores en línea de fondo. Chust, uno de ellos, andaba más preocupado por bloquear a Iñaki en un posible remate y rozó algo la bola hasta ver cómo se colaba en la puerta de Dituro. Un barullo gigantesco. Del mal, el menos, pudo pensar un Athletic que frena tras dos victorias seguidas. Se pincha un poco el globo de la euforia. El primer rival que le ha jugado a no jugar, valga la repetición, se le ha hecho bola. Qué manera de atratagantarse ese perfil. A Anselmi le sabe a gloria el punto, para despegarse del Valencia y dejar a éste solo en las catacumbas de la tabla. El Athletic empezó espumoso, con el ímpetu que se traía desde su doble recital ante el Celta y Atlético, con una parte deliciosa en cada jornada. Sólo esperó seis minutos para montar la primera emboscada a un Elche encerrado atrás, como si San Mamés fuera su prisión. Sancet ofreció un pase que era medio gol a Iñaki, y este no alcanzó la pelota por muy poco. Tuvo más oportunidades el cuadro local, pero falló en el estoque. Nico intervenía muchísimo, estaba con ganas y el equipo iba trufando el choque con acciones que levantaban suspiros de asombro, como un caño de Iñaki a redondo que fue delicatesen, aunque luego el centro le salió muy alto. Navarro también recogía el brillo que va mostrando este curso y tuvo la mejor ocasión antes del descanso, un remate que desvió levemente Dituro, peor lo suficiente para sacar la pelota de su arco. Al Athletic sólo se le podía echar en cara algo más de osadía, que apretara a un rival tan dubitativo, especialmente a Dituroi, aunque eso conllevaba asumir más riesgos. Y tras el descanso se puso en ese plan, pero justo cuando enfilaba hacia el asedio, cometió un error en la presión y vio cómo los franjiverdes al fin pisaban el campo contrario con convicción. Se manejaron por el área de Simón, un terreno inexplorado hasta entonces, y Areso competió una faltita sobre Gernán Valera. El árbitro pitó penalti y lo convirtió Buonanotte a media altura, inalcanzable para un aspirante a mejor portero del planeta como es Unai Simón. El choque amenazaba con perder minuto a minuto mucho más ritmo. Laporte sufrió una dolorosa entrada de Niño en el tendón de Aquiles. Y la maquinaria del fútbol aún se gripó más. El propio punta mallorquín estuvo a punto de convertir el 0-2 tras una internada de Revivo, pero estropeó sus intenciones Simón. Se metió en un laberinto, abusaba de la circulación por dentro, y le resultaba imposible llevar el balón de una orilla a otra y que lograra superar líneas. El Elche jugó su partido particular, dejando pasar el tiempo o atrapándolo con pérdidas. Terzic cambión de piezas, pero se echaba de menos una chispa que provocara una explosión. Parecía que esa señal llegaba gracias al gol rarísimo que impulsó Berenguer. Pero no fue así, aunque hasta el final lo intentó Nico, solo sirvió para dejar las cosas en tablas. atascazo. Esto recordó mucho a fases del tortuoso curso pasado.
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