El jugador turco dio una master class en los 23 minutos que estuvo sobre el campo. Para mí, titular.

Nueva goleada. El Madrid de Mourinho se ha hecho fuerte en su hogar. El Bernabéu sigue asistiendo a triunfos continuos de este equipo fabricado para ganar y meter goles. Muchos goles. Y eso que sigue fallando algunas ocasiones clarísimas. Pero con el portugués este Madrid tiene más colmillo y producto de esa hambre arriba llegan los errores del rival y el destrozo sin piedad. Lejeune se desquició con un penalti infantil sobre Alvarito Carreras (buen partido del gallego) y con una pérdida ante Vini que concluyó con una pared majestuosa entre el lateral izquierdo y Mbappé, uno de los triunfadores de la veraniega velada. Al descanso el Rayo estaba fulminado ante un Madrid explosivo, feliz y certero ante la guarida de ese portero indonesio, Emil Audero, que podrá contar en el futuro a sus nietos que jugó en el mejor estadio del mundo. Su homónimo, Tibu Courtois, nos seguía regalando paradones sólo a su alcance en las pocas llegadas de los chicos de La Franja. Pero después se durmieron... Viejos vicios. Ya lo vimos la temporada pasada. Un Madrid fuerte y poderoso en el primer tiempo regresaba al pasto acarajotado, frío, sin chispa, como si el partido ya se hubiese acabado. El Rayo captó esa fragilidad del enemigo, aumentó su intensidad y fruto de ello obtuvo el gol de Sergio Camello, un pichichi descomunal que tocó el cielo en París hace dos años dándonos el oro olímpico ante la Francia de un tal Olise... Se hizo la luz. En el minuto 70 salió Arda Güler por el debutante, como titular, Yan Diomande. El marfileño dejó detalles, pero sigue sin mostrar algo que nos permita aplaudir su atómico precio. Sin embargo, Güler dio una master class en los 23 minutos que estuvo sobre el campo. Dio un recital. Dirigió, asistió, abrió espacios, forzó faltas, tiró los córners como los ángeles, le hicieron un penalti claro (no señalado) y puso a la afición en pie con sus maravillosas ocurrencias. Es el genio de la lámpara. Un jugador diferencial. Para mí, titular indiscutible. Ahora, Mou debe resolver el jeroglífico de quién debe quedarse fuera para que podamos ver a este crack desde el inicio... Historias con el Rayo. Un rival entrañable. El equipo de barrio por excelencia (yo me crié en Carabanchel y sé el sentimiento de pertenencia que te da eso). El popular Rayito, con el que me estrené periodísticamente en 1985 con un partido matinal entre La Franja y el Hércules, en Segunda División. La gente en la grada con la bota de vino y el bocata de salchichón, siempre de buen humor. Ganaron los vallecanos (2-1) y desde entonces he sentido cierta simpatía por ellos. No pensará lo mismo mi amigo Jorge Valdano, que fue destituido como entrenador del Real Madrid el 20 de enero de 1996 tras caer en el Bernabéu con ellos, con un doblete de Guilherme. Tampoco olvido un increíble 10-2 con el Madrid de Rafa Benítez (4 goles de Bale, 3 de Benzema, 2 de Cristiano... ¡y uno de Danilo!), pese a lo cuál la afición blanca le mostró su desacuerdo con el juego del equipo. Ahora tenemos allí en la dirección deportiva a dos canteranos blancos, Cobeño y Portillo, este último máximo goleador histórico de la cantera de la extinta Ciudad Deportiva. En fin, que el Rayo mola, aunque ya sabemos que cuando nos toca medirnos a ellos en Vallecas se nos atragantan a menudo, sobre todo en estos últimos años. Espero que para la próxima visita, 31 de enero de 2027, ya se pueda jugar al menos en su guarida del barrio y no en el frío ‘destierro’ de Butarque... Todos a la Fórmula 1. Una vez cumplidos los deberes, buena parte del equipo se dejará ver hoy por el Madring, una cita histórica que apasiona a nuestros jugones. Ojalá el Madrid de Mou sea este año un Ferrari...