
Una noche redonda y con goleada incluida en el regreso de Mou, el Madrid recuperó el himno de las mocitas madrileñas, la guinda, con Kylian ‘on fire’...
El Mundial le ha sentado de lujo. La única manera de revertir los pitos recibidos antes del verano y las dudas que había generado entre los que pensaban que solo jugaba para sí mismo han quedado disipados con su triunfal cita mundialista que le ha hecho recuperar la autoestima y la condición de auténtica estrella del Real Madrid. El hat-trick imperial de Mbappé ante la Real de Oyarzabal es una declaración de intenciones del parisino, cansado de facturar goles sin premio en forma de títulos jerárquicos. Remiro tendrá pesadillas esta noche con las maravillosas definiciones del francés. Ya lo dejó claro Mourinho: “Este tío es muy bueno”. Amén... Trece años y 4.834 días dan para mucho. No existía la IA; aterrizó el primer Papa latinoamericano de la Historia, Francisco I; falleció Nelson Mandela, símbolo de la paz mundial y de la lucha contra el racismo; se inventaron los relojes inteligentes que llevaban las notificaciones móviles a la muñeca; y supimos que en la isla de Guam el Gobierno de Estados Unidos arrojó 2.000 ratones muertos con paracetamol en pequeños paracaídas para acabar con una plaga invasora de serpientes... Y, además de todo eso, José Mourinho dio por finalizada su relación contractual con el Real Madrid, en el que estuvo durante tres años de luces (acabó con la hemorragia abierta con el Barça de Guardiola ganando la Liga de los Récords en 2012 y una memorable final de Copa ante los culés en 2011) y sombras (en su último curso se autodestruyó con el ‘fuego amigo’ al enfrentarse a los gallos del vestuario: Casillas, Ramos, Pepe y Cristiano). Pero 13 años después fue recibido en el Bernabéu con cariño y afecto, premiando ese tono zen y chill out que ha mostrado en sus comparecencias públicas, queriendo reflejar que la madurez nos llega a todos y que él sabe mejor que nadie que 13 años después todos reforzamos nuestros aciertos y aprendemos de nuestros errores. Me gusta este Mou. Nos gusta este Mou. Y el Bernabéu se lo supo reconocer en este revival que ha contado con el beneplácito de una grada que despidió el curso pasado silbando a Mbappé, a Vinicius y a Bellingham, pero que hoy mostró entusiasmo y hambre de gloria en este ilusionante arranque de temporada. En este 26 de agosto, pero del año 1987, el Madrid conquistó el Trofeo Bernabéu (por entonces claro que se celebraba) con una imperial goleada al Everton inglés. 6-1 con la firma goleadora de Hugo Sánchez (2), Butragueño (2), Míchel y Harper, en propia puerta. Ese equipo acabaría conquistando, con La Quinta del Buitre al frente, su tercera Liga consecutiva. Luego llegaron dos más, en una tacada de cinco que difícilmente podrá repetir nadie. Pero se volvió a resistir la Copa de Europa y la Séptima por culpa de aquella maldita semifinal con el PSV Eindhoven y ese empate a cero increíble en campo holandés, con paradas imposibles de Van Breukelen y un arbitraje nefasto del suizo Bruno Galler. Perdono, pero no olvido. Mientras que otros se empeñan en emponzoñar la maravillosa conquista de la segunda estrella en Nueva York, el Real Madrid dio una vez más ejemplo de lo que es un club señor y con sentimientos. El homenaje tributado al gran Marc Cucurella y al gran Mikel Oyarzabal refleja la naturalidad del fútbol cuando las cosas se hacen con el corazón y sin pervertir el mensaje hasta intentar dañar la felicidad de un país entero. A Oyarzabal le aplaudieron como si fuera Anoeta en un ejemplo de que esa preciosa Copa del Mundo es de todos... menos de algunos que se empeñan en politizar un deporte tan maravilloso. Este Madrid me gusta. Todo marcha. Y para poner un broche perfecto a una noche de verano magnífica, el club recuperó al finalizar el partido el himno de las mocitas madrileñas, una bonita iniciativa que entronca el glorioso pasado del club y un futuro que se avecina lleno de luces...
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