El movimiento del delantero suena extraño, pero también es una decisión valiente y ejemplarizante.
Nadie lo vio venir, y quizá por eso resulte tan asombroso. Con 33 años, Álvaro Morata está cerca de dar un giro importante a su carrera, dejar el Como y firmar por el Leganés, una vez que el acuerdo entre las tres partes está muy cerca de concretarse. El delantero ya se encuentra en la ciudad ultimando los detalles de su llegada y a mediodía será nuevo jugador pepinero, según ha podido saber el Diario AS. Además, el club está teniendo el detalle de reservarle al delantero el dorsal 21, el mismo que llevó durante su etapa en el Real Madrid. Andrés Campos, que portó el dorsal con anterioridad, está inscrito actualmente con el ’16′, mientras que se espera que Melero, registrado actualmente con el ‘21′, abandone el equipo en los próximos días. No es un movimiento cualquiera, tampoco su repercusión, como siempre ha sucedido en asuntos que le atañen. Una figura que no deja indiferente a nadie, víctima de críticas desmedidas y un odio caprichoso bajo el anonimato de las redes sociales. No se le ha tratado con justicia. La pregunta ahora es por qué Morata opta por bajar un escalón y jugar en un equipo de Segunda cuando este verano ha tenido ofertas de mayor enjundia. A primera vista, la decisión del excapitán de la Selección suena extraña, pero también tiene un poso valiente y ejemplarizante. Morata toma esta iniciativa por razones personales. Su deseo de regresar a vivir a Madrid con su familia impera sobre asuntos futbolísticos. Padre de cuatro hijos -Alessandro, Leonardo, Edoardo y Bella-, sobre su cabeza lleva tiempo revoloteando la idea de volver. Cuando se fue del Atlético después de conquistar la Eurocopa, un cambio que hasta él mismo reconoció como desacertado tiempo después, se abrió una herida que pretende cerrar. Aquella ocasión errada en Dortmund en la Champions equivocó su camino y le provocó una depresión profunda. No es tan normal que un jugador priorice el bienestar y la estabilidad familiar a otros factores económicos y deportivos. Al menos no lo es en un caso como el de Morata, que tiene caché suficiente para acceder a propuestas más sugerentes. Es por eso que su atrevimiento, cierto que después de una trayectoria detrás plagada de éxitos y dinero, puede suponer un ejemplo para otros jugadores. ¿Y por qué no se puede ir al Leganés? Morata siempre se ha manejado con códigos distintos a los habituales en el fútbol. Necesita sentirse valorado, estar cómodo con su gente de alrededor. Si no es así, a veces toma medidas extremas. Así ocurrió cuando dejó la cantera del Atlético para fichar por el Getafe, donde la figura de un formador como Dani Arias resultó clave para reencontrarse consigo mismo y fichar por el Madrid. También cuando se fue del equipo blanco en 2017, rumbo al Chelsea, desencantado con Zidane al no sentir su confianza. Mirándolo con perspectiva, quizá no fue una apuesta atinada y sí precipitada, pero Morata entendió que era lo adecuado. El bloqueo mental que sufrió en Inglaterra se lo negó después. En cualquier caso, esa actitud tan emocional encaja con el lado humano que se destaca del delantero. Compañeros y entrenadores resaltan su importancia en los vestuarios y un liderazgo que, a veces, no coincide con la imagen que transmite hacia fuera. De puertas para adentro, Morata siempre se ha significado como un futbolista escuchado, de los que hacen grupo. En la Selección quedaron encantados con su presencia en la pasada final del Mundial. El sexto jugador que más dinero ha movido en traspasos de la historia, con una cifra superior a los 229 millones de euros, y el cuarto máximo goleador de España (37 tantos) parece resuelto a ser protagonista de uno de los movimientos más sorprendentes del mercado. Se haga o no su fichaje por el Leganés, el simple hecho de que Morata haya dado el sí merece considerar aspectos que no son tan frecuentes y deberían exigir otra atención.
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