

Getafe y Celta empataron en el Coliseum en un duelo que no deja contento a nadie. Los de Bordalás comenzaron ganando pero acabaron jugando media hora con un
El Coliseum abrió sus puertas en la tarde del lunes para cerrar la jornada 4 de LaLiga con un duelo paradójico. Getafe y Celta, dos equipos llamados a pasear su fútbol por Europa esta temporada, medían sus fuerzas con la soga al cuello tras un arranque liguero que los ha anclado en la zona baja de la tabla. El resultado fue un empate a uno (1-1) que no cura las heridas de ninguno: los vigueses siguen sin conocer la victoria y los madrileños vuelven a dejarse puntos por el camino víctimas de sus propios errores. El partido, consciente de las urgencias de ambos bandos, arrancó sin contemplaciones ni minutos de tanteo. Apenas corría el minuto 5 cuando Hugo González dio el primer aviso serio para los celestes, obligando a David Soria a intervenir con brillantez para evitar el primero. La réplica azulona no se hizo esperar, y en el 9’, Terrats culminaba una buena acción con un disparo que se marchó lamiendo la madera de la portería defendida por Radu. El intercambio de golpes inicial terminó beneficiando a los locales. En el minuto 20, un saque de esquina botado por Johan Mojica generó un barullo en el corazón del área viguesa. El balón quedó huérfano y ahí apareció Satriano, tirando de repertorio de delantero puro, para cazar el esférico y mandarlo al fondo de la red. El 1-0 cambió por completo el guion del encuentro. El Celta de Claudio Giráldez monopolizó el esférico, llegando a registrar un aplastante 73% de posesión al término de los primeros cuarenta y cinco minutos. Sin embargo, fue un dominio completamente estéril. El Getafe de José Bordalás se sintió en su hábitat natural: cómodo en el repliegue, cerrando pasillos interiores y sin sufrir el más mínimo sobresalto. De hecho, la única ocasión de peligro antes del descanso fue para los locales, con un contragolpe en el 41’ que Mario Martín finalizó con un disparo manso a las manos de Radu. El balón parado y la polémica cambian el partido El paso por los vestuarios no trajo cambios en las alineaciones, pero sí mantuvo la inercia de un Getafe que a punto estuvo de dar la puntilla nada más reanudarse el juego. Otra vez Satriano tuvo el gol en sus botas, pero su remate se marchó rozando el poste. Perdonó el Getafe y, como dicta la ley no escrita del fútbol, lo acabó pagando. Y lo hizo en la suerte que menos se esperaba viendo el dominio territorial gallego: a balón parado. En el minuto 57, un medido centro de Hugo González desde el córner encontró la cabeza de Starfelt en el primer palo, que remató al fondo de las mallas para poner las tablas (1-1). El gol dio alas al Celta, pero el verdadero punto de inflexión llegó en el minuto 67. Zaid Romero, inusualmente errático, cometía una clara falta en la frontal del área que le costaba la segunda tarjeta amarilla. El Coliseum estalló de indignación, recordando que la primera amonestación del central llegó minutos antes en una acción con Iago Aspas donde pareció tocar claramente el balón y no la pierna del de Moaña. Sea como fuere, el Getafe se quedaba con diez, sufriendo un castigo por errores individuales por cuarta jornada consecutiva (los de Bordalás ya suman dos penaltis en contra y dos rojas en este arranque de liga). Tensión, choques y poco fútbol Con superioridad numérica, Giráldez movió el banquillo dando entrada a Borja Iglesias con la clara intención de volcar el campo hacia el Fondo Sur que defendía David Soria. El Celta apretó y gozó de acercamientos en las botas del propio ‘Panda’ y de Miguel Román, pero su fútbol carecía de la fluidez necesaria para embotellar definitivamente a un Getafe que tiró de oficio. Bordalás buscó oxígeno dando entrada a Iván Azón para intentar estirar a un equipo mermado, pero al delantero le costó un mundo generar peligro en absoluta soledad. Los minutos finales se consumieron en un clima de altísima tensión: faltas constantes, choques a destiempo, protestas continuas y una grada encendida que empujó a los suyos hasta el pitido final. Faltó, eso sí, fútbol peligroso en las áreas. El pitido final certificó un reparto de puntos que sabe a poco. El Celta regresa a Vigo prolongando su sequía de triunfos, mientras que el Getafe se queda con 4 puntos de 12 posibles, lamentando cómo, una tarde más, un error propio le arrebató la posibilidad de sonreír en este inicio de campeonato.
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