

José Ángel de la Casa fue pionero en España con una figura por la que después pasaron Di Stéfano, Robinson, Valdano, Míchel o Casillas y a la que ahora se s
Raúl ha pasado media vida dentro de las áreas. Ahora tendrá que aprender a dejárselas al narrador. La frase tiene historia. José Ángel de la Casa la utilizaba con los futbolistas y entrenadores que se sentaban junto a él en las retransmisiones: “Tú di lo que quieras, pero las áreas son mías”. Mientras el balón estuviera lejos de la portería, el comentarista podía explicar el partido. Cuando se acercaba el peligro, mandaba el narrador. Décadas más tarde, Raúl González se suma a una lista enorme de antiguos futbolistas que encontraron un sitio al otro lado del campo. Su llegada a Movistar Plus+ sirve para volver al principio de una figura que hoy parece inseparable del fútbol televisado. Porque hubo un tiempo en el que el narrador estaba completamente solo. Paco Grande conoce esa historia como pocos. El histórico periodista de TVE ha pasado buena parte de su vida contando deporte y compartió retransmisiones con muchos de los protagonistas de esta transformación. Cuando echa la vista atrás, señala directamente a José Ángel de la Casa. “Antes de José Ángel, los anteriores, como Matías Prats, Juan Antonio Fernández Abajo o José Félix Pons, estaban ellos solos”, recuerda. El primer gran paso llegó en la final de la Copa de Europa de 1981 entre Real Madrid y Liverpool, cuando José Ángel incorporó a Miguel Muñoz, histórico capitán y entrenador madridista y exseleccionador nacional, como comentarista. José Ángel siguió probando aquella fórmula en partidos de Copa de Europa, aunque todavía no era algo habitual. De hecho, en los Mundiales de 1982 y 1986 TVE volvió a utilizar parejas de periodistas. El cambio definitivo llegaría en Italia 90. La idea no salió de la nada. Cuando José Ángel viajaba por Europa para cubrir partidos encontraba una imagen que aquí todavía resultaba extraña, en otras televisiones era habitual que un antiguo futbolista acompañara al periodista. “Era muy amigo de comentaristas de otras televisiones europeas y de antiguos futbolistas que ya estaban comentando”, explica Paco. España tenía entonces una particularidad enorme: durante buena parte de los ochenta, hablar de televisión era prácticamente hablar de TVE. Y José Ángel decidió adaptar aquel modelo. Al principio recurrió mucho a entrenadores. Javier Clemente, después de ganar dos Ligas con el Athletic, fue uno de ellos. También Xabier Azkargorta. La elección no era casual. El objetivo era sencillo, colocar junto al narrador a alguien que hubiese estado dentro de un vestuario y pudiera explicar al espectador cosas que un periodista quizá no podía ver de la misma manera. Paco reivindica aquella decisión como uno de los grandes legados de José Ángel: “No elegía comentaristas por afinidades o amiguetes. Elegía a gente que él veía que sabía contar el fútbol”. Y acertó unas cuantas veces. El Mundial de Italia de 1990 fue uno de los grandes laboratorios. TVE reunió a varias figuras del fútbol para acompañar sus retransmisiones. Entre ellas estaba Alfredo Di Stéfano. Fuera de antena podía ser tremendamente divertido. Delante del micrófono, la historia cambiaba. Paco se ríe al recordarlo y hasta imita su manera de responder. José Ángel podía preguntarle por una jugada esperando una explicación y encontrarse una respuesta de apenas unas palabras. Si Di Stéfano se enfadaba con el partido, conseguir que hablara podía convertirse directamente en una misión imposible. Por eso apareció Juanito. José Ángel sabía que ambos tenían una relación especial. Paco recuerda cómo Di Stéfano llamaba cariñosamente “cabezón” al malagueño y cómo la presencia de Juanito ayudaba a soltarle. Si uno se apagaba, quedaba el otro. Detrás de la elección también había estrategia. Agustín Martín, redactor de AS y uno de los periodistas que mejor conocen la historia del Real Madrid, recuerda además una escena que resume perfectamente el carácter de Di Stéfano. Cuando terminó aquel Mundial le preguntaron qué le había parecido el torneo. Su respuesta no necesitó análisis: “Una basura. Aquí no ha habido nada”. Pero Italia 90 dejó otro nombre que terminaría cambiando para siempre la relación entre fútbol y televisión en España: Michael Robinson. Y su historia había empezado dos años antes. 4 de septiembre de 1988. Real Madrid-Osasuna en el Santiago Bernabéu. Robinson todavía era futbolista y Paco Grande acudió al estadio para trabajar para Estudio Estadio. Después del partido le entrevistó. Le bastaron unos minutos. Robinson hablaba un español peculiar, tenía sentido del humor y una naturalidad difícil de fabricar. Paco regresó a la redacción convencido de que allí había algo. “Llegué y le dije a José Ángel: ‘Oye, estaba entrevistando a Robinson y me ha parecido muy gracioso. ¿Por qué no le fichas?’”. Paco vuelve a reírse al recordar la reacción de su jefe. Ninguna. “José Ángel, en su línea, no me dijo nada. Yo esperaba que me dijera: ‘Ah, qué bien’. Pues no. No me dijo nada”. Pero se quedó con el nombre. Robinson terminó llegando a TVE y en Italia 90 comentó encuentros relacionados con el fútbol británico. Después vendría Canal+, Carlos Martínez, El día después, Informe Robinson y una segunda vida que acabaría siendo tan reconocible para varias generaciones como la primera. Paco todavía lo considera “uno de los grandes descubrimientos” de aquella época. Lo más curioso es que Robinson no necesitaba convertir cada jugada en una clase magistral. Precisamente ahí estaba parte del secreto. “No se trata de soltar un rollo como si fuera un clínic”, defiende Paco. Robinson podía explicar una situación con una frase sencilla, una comparación o una broma y conseguir que cualquiera la entendiera. Y tenía algo que le hacía diferente desde que abría la boca. “Decía ‘hola, buenas tardes, ¿qué tal?’ con su acento inglés y ya parecía gracioso”, recuerda Paco entre risas, imitando la particular forma de hablar de Robinson. Ese era su don. Sabía fútbol. Pero, sobre todo, sabía llegar. Antes incluso de aquel Mundial ya había aparecido otro nombre destinado a quedarse durante décadas: Jorge Valdano. Paco sitúa su estreno como comentarista junto a José Ángel en el Real Madrid-Nápoles de 1987. Valdano había tenido que dejar el fútbol y José Ángel vio inmediatamente sus posibilidades delante de un micrófono. Aquel partido dejó una frase que sobrevivió al propio encuentro. Una acción junto al córner terminó con Chendo tratando de hacerle un caño a Maradona. Valdano reaccionó sobre la marcha: “Este es el día en que los pajaritos disparan a las escopetas”. Casi cuatro décadas después continúa ligado al análisis futbolístico. Para Agustín Martín es una referencia: “Ha sido jugador, entrenador, directivo, ha escrito durante muchos años... Ha visto el fútbol desde más puntos de vista que casi cualquier otra persona”. Aunque también deja una advertencia que sirve para todos: saber mucho no significa que haya que contarlo todo. “No consiste en abrumar al espectador. Es más bien guiarle”. Después llegó otra generación. Míchel, Julio Salinas, José Mari Bakero o Andoni Zubizarreta fueron ocupando un espacio cada vez mayor en las retransmisiones. Pero el caso de Míchel fue especial. Su relación con José Ángel terminó convirtiéndose en una de las parejas más reconocibles del fútbol de TVE. Míchel cuidaba muchísimo sus palabras. Tanto, que durante una época las críticas sobre su manera de expresarse llegaron a obsesionarle. Paco recuerda que José Ángel terminó dándole el mejor consejo posible: que se olvidara de todo aquello y fuera él mismo. “Yo he comentado muchísimos partidos con él y te puedo decir que no conozco a nadie que vea mejor el fútbol que Míchel”, asegura. Paco lo recuerda viajando con ellos y compartiendo el día a día de las retransmisiones. Hasta el detalle más pequeño sirve para explicarlo: si sobraba un bocadillo o algún compañero necesitaba el suyo, allí estaba Míchel ofreciéndolo. “Llegó un momento en el que era uno más de nosotros”. No solo le ocurrió a él. Paco incluye también a Bakero, Zubizarreta y Julio Salinas. Dejaron de ser “los futbolistas que vienen a comentar” para formar parte del equipo de televisión. Esa convivencia también dejó algún susto. Paco recuerda junto a Julio Salinas la que considera “la anécdota más potente” que vivió acompañado de un futbolista comentarista. El 31 de octubre de 2001, después de un partido del Real Madrid ante el Lokomotiv, una bandada de aves entró en uno de los motores del avión que despegaba de Moscú. “Oímos un ruido y recuerdo a Pipi Estrada gritando: ‘¡Fuego, fuego en el motor!’”. El piloto dio la vuelta y aterrizó de nuevo con los bomberos esperando en la pista. Superado el susto, tocaba pasar otra noche en Moscú. “Bueno, bueno, otra noche en Moscú...”, recuerda Paco que decía Julio Salinas. Su respuesta fue inmediata: “Otra noche en Moscú sí, Julio, pero a este precio no”. ¿Cómo se enseñaba a un futbolista a comentar un partido? La respuesta de Paco sorprende por su sencillez: no se le enseñaba demasiado. “No, no. Pero ni a nosotros tampoco”, responde cuando se le pregunta si José Ángel preparaba de alguna forma especial a los exjugadores. No había un manual. Tampoco una clase sobre cuándo intervenir. El futbolista aportaba lo que sabía del juego y tenía que aprender a encontrar su sitio dentro de la retransmisión. José Ángel únicamente marcaba una frontera: “Las áreas son mías”. El resto se aprendía haciendo. Y existía otro método de selección bastante más contundente. “Si había algo que a José Ángel no le gustaba, con no llamarle otra vez estaba solucionado”. Si el teléfono volvía a sonar, buena señal. Paco ha visto debutar a muchos y reconoce un patrón que se repite, llegan nerviosos. Su consejo siempre es el mismo: empezar poco a poco, no complicarse y contar lo que ven. Ahí aparece el otro lado de la historia. Iker Casillas lo ganó prácticamente todo como futbolista y conoce el juego desde dentro como muy pocos. Pero eso no asegura el éxito delante de un micrófono. Paco, que le conoce desde el Mundial Sub-20 de Nigeria de 1999 y habla de él con enorme cariño, separa perfectamente ambas cosas. “Tiene una fotogenia impresionante, es súper popular... pero no es un buen comentarista”, afirma. Para Paco, Casillas puede funcionar perfectamente en una previa, respondiendo preguntas o analizando situaciones concretas. Otra cosa es acompañar una retransmisión durante todo el partido. “No es fácil”. Agustín pone otros ejemplos de lo complicado que puede resultar el salto. Futre comentó la final de Copa de 2013 entre Real Madrid y Atlético y su forma de expresarse dificultaba seguir algunas intervenciones. También recuerda el breve paso de Roberto Carlos por las retransmisiones. Acostumbrado a su etapa en Real Madrid TV, celebró con demasiada efusividad los goles blancos en sus primeras apariciones. Recibió un toque y su experiencia terminó muy pronto. Mientras los futbolistas aprendían televisión, la propia televisión también cambió. José Ángel pertenecía a una escuela en la que el silencio formaba parte del partido: el narrador conducía y el comentarista intervenía cuando tenía algo que aportar. Con las televisiones privadas llegó otro ritmo: más voces, más intervenciones y una narración más cercana a la radio. “Se convierte la transmisión en un espectáculo”, resume Paco. También cambió el perfil del comentarista. Antes, Míchel podía analizar al Madrid, al Atlético o a cualquier otro equipo; hoy es habitual recurrir a exjugadores vinculados a cada club, capaces de aportar lo que han vivido dentro de un vestuario. “¿Qué aporta como comentarista? Otro punto de vista”, explica Agustín. Y hay una última clave: “Tienes que tener química, tienes que tener sintonía con tu compañero, con el narrador”. Saber cuándo hablar y cuándo dejarle espacio también forma parte del trabajo. Paco Grande tiene muy claro qué buscaría hoy si tuviera que fichar a un futbolista para televisión. Primero, algo mucho más básico de lo que parece: que se le entienda. Recuerda una conversación con Matías Prats hijo. Le preguntó qué había que hacer para hablar tan bien como él y como su padre. La respuesta fue casi una lección de periodismo: “Paquito, que se te entienda”. Después viene el fútbol. Y después, saber explicarlo. Paco destaca actualmente a Álvaro Benito, Jorge Valdano y Mario Suárez. Del último le gusta especialmente su sencillez: “Habla como si estuviera jugando”. No necesita convertir cada acción en una lección. Ve algo y lo cuenta. Agustín coincide en una idea, el buen comentarista no está para demostrar todo lo que sabe, sino para ayudar a que el espectador entienda algo que quizá se le había escapado. Paco prefiere esperar antes de juzgarle. “Tendría que escucharle. Eso no se puede prever. ¿Quién iba a decir que Michael Robinson iba a triunfar de tal manera?”. Raúl lleva toda una vida dentro del fútbol. Ha sido jugador, capitán, entrenador y conoce como pocos lo que ocurre alrededor de un gran vestuario. Pero delante del micrófono empieza prácticamente desde cero. Agustín Martín sí cree que tiene condiciones. Ha tratado con él y le considera una persona preparada. Eso sí, después de sus primeras apariciones le pide una cosa, más frescura. Los nervios, recuerda, son normales. Paco también los ha visto muchas veces. Por eso, si Raúl le llamara antes de una retransmisión para pedirle consejo, empezaría recuperando aquella vieja norma de José Ángel de la Casa. “Raúl, las áreas antes eran tuyas. Pero ahora son mías”. Después le diría que empezara de menos a más. Que no quisiera demostrar todo lo que sabe en cinco minutos. Que hablara cuando tuviera algo que contar. Que explicara simplemente lo que está viendo. Y, sobre todo, que no se obsesionara con las redes sociales. Más de cuarenta años después, el oficio ha cambiado muchísimo. Hay más cámaras, más voces, más análisis y antiguos futbolistas prácticamente en cada retransmisión. Pero la clave que permitió triunfar a Robinson, Valdano, Míchel o tantos otros sigue siendo bastante más sencilla: Saber fútbol ayuda. Saber contarlo es otra historia.
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