
Perfil discreto y normalidad en el regreso de Vinicius a los entrenamientos. Llegó sobre las 8:30, pasó el reconocimiento médico y se saludó con Mourinho.
Vinicius llegó como si fuese un lunes más. Sin gestos, sin declaraciones; sin movimientos sorprendentes. La noticia en una mesa de póker es la mueca, no lo impávido; pero la noticia es que hoy, no la hubo. Ni una. Valdebebas vistió de absoluta normalidad su regreso a los entrenamientos. Como si el runrún de su posible salida este mismo verano −se contempla si no renueva− no fuese cada vez más fragoroso. Como si el tema no llevase meses siendo tema de conversación. Se miraba con lupa a este día. Y terminó siendo rutinario; aunque asoma lo extraordinario. Acaba de arrancar una semana determinante en el futuro de Vinicius. Habrá reuniones con el club. Nada de filtraciones o mensajes en redes: mesa redonda y charlas cara a cara. Ha llegado ese momento. Aunque por hoy, calma bajo la tormenta. Fue muy madrugador. Vinicius llegó a Valdebebas algo antes de las 8:30. Su caso ha sido extraordinario: cuatro semanas de vacaciones. Es el mundialista que más, con Bernardo Silva. El resto de internacionales ha promediado entre tres... y tres y media. Una decisión amparada en el enorme desgaste físico que supuso la pasada temporada para Vini: fue el que más minutos disputó de todo el Real Madrid (4.249 de los 5.040′; el 84% del total). Jugó en 53 de los 56 partidos, siendo titular en 48. Y después, el Mundial. En Valdebebas se aprobó que descansase lo necesario para recargar las pilas al completo. Mano izquierda. Y luego, a entrenar. Hoy ha sido el día elegido. Con 19 días por delante para trabajar, antes del estreno en Liga (22 de agosto, visita al Espanyol). Primero, rumbó al Hospital Blua Sanitas Valdebebas, ubicado a poco más de un kilómetro de la Ciudad Deportiva, para someterse al correspondiente reconocimiento médico. Ahí coincidió con sus primeros compañeros: Brahim y Bernardo Silva, quienes también se incorporan este lunes. Todos posaron para los medios gráficos del club y tras recibir la luz verde del chequeo, pasaron al siguiente escalón. El más esperado: volver a pisar el césped. Fue ahí donde sucedió el suceso: Vinicius, saludando a Mourinho. Un cara a cara con una espina clavada desde el 17 de febrero, cuando tuvieron lugar los deplorables insultos racistas en Lisboa. Unos que fueron más allá del ‘caso Prestianni’. Los hubo en la grada. Aquella noche, Mou señaló la celebración de Vinicius como una provocación de los mismos. Como un detonante. Sucedió tras el partido: “Vinicius marca un gol que sólo él o Mbappé pueden marcar y después, tiene que irse a los hombros de sus compañeros y no meterse con 60.000 personas en este estadio. Es la única cosa que digo. A Arbeloa fui a decirle que no sé por qué se fue a hacer el tonto al córner”. Fue entonces cuando desde la prensa se le preguntó, directamente, si estaba señalando que Vinicius había provocado. “¿En cuántos estadios ha pasado esto? ¿En cuántos estadios? ¿En cuántos? ¿En cuántos? Es un jugador de otro mundo, me encanta. Pero marcas un gol como este... pues sal en los hombros de tus compañeros. Ahí se acabó el partido...”, respondió. Han pasado 167 días de aquello, algo más de cinco meses. Y aunque la forma más rutinaria de solucionar los problemas está en lo privado, hay expectativa por conocer sus posturas públicas. Fue algo que generó un terremoto, en su día. Hoy, el ambiente ha sido cordial. Vinicius y Mourinho se estrecharon las manos y cruzaron algunas palabras antes de la sesión. Han sido 14 los del primer equipo con los que se ha trabajado. Que podrían haber sido 19, de sumarse los cinco lesionados (Militao, Huijsen, Asencio, Mendy y Rodrygo). Faltan seis por incorporarse: Courtois (regreso inminente) y los cinco semifinalistas del Mundial, que son Konaté, Cucurella, Tchouameni, Bellingham y Mbappé. Poco a poco, va volviendo el grueso y mengua la presencia de canteranos. Es el proceso natural. Esta tarde, otra sesión a las 17:00. Para Vinicius ha sido un medido primer entrenamiento. Trabajo de musculación, carga física muy controlada y progresiva, balón para ir adquiriendo sensaciones. Desde Valdebebas se transmite que ha vuelto en un estado de forma “sobresaliente” y que, en lo anímico, se le ve “como cualquier día”. Transmitiendo tranquilidad, pese a saber que acaba de pasar la página del libro y con ello, se inaugura un nuevo capítulo en su culebrón. Renovará o no renovará, esa es la cuestión. La pregunta del millón. El asunto sólo tiene dos certezas. Por un lado, que ambos transmiten que quieren que haya acuerdo. Intención, hay. Otra cosa es que se alcance el mismo, porque es aquí donde irrumpe la segunda certeza: las diferencias siguen siendo considerables. No es una cuestión de flecos, de detalles. Del punto actual a la firma, hay un trecho. Se requiere que alguien −o ambos− cedan en sus posturas. Y mientras, el Arsenal aprieta: Arteta ha transmitido a Vinicius que el interés va muy en serio y que el proyecto giraría a su alrededor. Vinicius termina contrato en 2027. Hoy ha empezado la pretemporada de la que, a efectos oficiales, es su último curso. Eso es un hecho, salvo que una rubrica dictamine lo contrario. Desde Chamartín se asegura que si no renueva, no se descarta su salida este verano. Que no es lo ideal, lo deseado; pero es un escenario. Han sido meses de culebrón. Esto viene de lejos. Desde el Mundial de Clubes, en concreto. Y hoy, 3 de agosto, se abre un nuevo capítulo. Arranca una semana de reuniones. De conversaciones cara a cara. La tormenta continúa. Pero esta mañana, Vinicius ha vuelto transmitiendo calma. Ya está en Madrid, en el Real Madrid. Ya ha regresado.
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