
Huijsen no rehúye la decepción de su primera temporada y transmite hambre de redención. Físicamente ha subido una marcha en las vacaciones.
Borrón y Huijsen nuevo. Propósito de enmienda. Porque sabe que su primera temporada no estuvo a la altura de la expectativa. De un listón prominente por el coste −defensa más caro en la historia del club− y por la atmósfera de káiser para La Roja. Dean fue de más a menos. Es consciente. Vivió pitos en el Bernabéu y una suplencia el día D: la salida a Múnich. Batalla de batallas. Han sido meses delicados, masticando la decepción de quedarse sin Mundial y haciendo autocrítica. Asimilando lo que venía. Lo que ya está aquí: esta temporada es la de su redención. Tambores de reválida. Ha empezado con muy buen pie. Frente a la Real Sociedad fue el tercero que más remató −se le está buscando con ahínco en los balones parados−, el tercero en recuperaciones (4) y el que más pases completó (69). Tres estadísticas que ejercen de resumen. Tiene presencia en área rival, está reencontrándose en defensa y sobre todo, Mou le ha elegido como la pieza clave para liderar la salida de balón. La noche del pasado miércoles fue el jugador que más veces intervino del equipo (92), por delante de Bernardo Silva (88) y a mucho del siguiente, Valverde (69). Mucha responsabilidad en su mejoría está en lo mental. En un trabajo exhaustivo por sanar la confianza y levantarse con mordiente. En nadar, pese a que el contexto sea dificultoso, en vez de dejarse llevar por la corriente. Pero es un asunto ante el que también ha sido determinante el trabajo físico y ahí, ha tenido mucha relevancia el verano. Porque los no mundialistas han vivido una pausa muy larga: siete semanas de vacaciones. Periodo que Dean ha empleado para trazar un plan personalizado y adelantar trabajo. En concreto, se ha estado ejercitando en las instalaciones del Marbella Football Center. Largas sesiones, a veces doble. Potenciando el cardio y mejorando la musculatura. Sudor enfocado a compensar el mal sabor de boca de la temporada pasada. Huijsen fue el 8º del equipo en minutos (3.038′), pero el dato tiene su letra pequeña. Empezó siendo titularísimo, pero terminó perdiendo el puesto en detrimento de Rüdiger y Militao. De hecho, sólo disputó el 51% de los minutos desde el parón de marzo. Un periodo en el que se incluye la salida a Múnich, velada determinante en la que no disputó ni un minuto. Dean no convenció. Y desde ese punto de partida trabaja ahora, enfocado en dar la vuelta a la tortilla. Desde Valdebebas se elogia su mejoría física y actitud diaria en los entrenamientos. “Se le ve más muro”, se transmite, señalando ese escalón que ha subido a nivel individual. De salida y tras superar una leve lesión en la pretemporada, es titular para Mourinho. El central que sella la muralla junto a Konaté y por delante de Rüdiger. Un puesto que se encarecerá cuando se incorpore Militao. Algo para lo que no queda mucho, pero tampoco se antoja inminente. El club estima su regreso para finales de octubre. Y asume que sólo sucederá cuando el riesgo de recaída sea cero. Un innegociable. Hasta entonces, muchos minutos. Muchas oportunidades. Mucho Huijsen. Quien presenta su propósito de enmienda tras una primera temporada que no estuvo a la altura de los 58M€ que se pagaron por él. Defensa más caro en toda la historia del club. Es joven, muy joven. Tiene margen de madurez y está caminando por ese sendero. Dean es consciente de que esta temporada no es, ni mucho menos, una más. Es el momento de redimirse. De acallar el murmullo, ese runrún que le rodea. Acepta la reválida.
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