

El turco, sacrificado de nuevo por Mourinho antes que Vinicius o Bellingham. Fue el madridista que más ocasiones creó y el segundo que recuperó más balones.
Vaya por delante una realidad imposible de evitar: cuando eres entrenador del Real Madrid, pocas decisiones son fáciles. Por no decir que ninguna lo es. José Mourinho no es nuevo en esto, lo sabe de sobra, y por eso él mismo reconoció que una de las que tomó durante el duelo que terminó con la primera derrota del equipo blanco en el curso, en casa del Betis, perfectamente pudo ser injusta. Y esa es la de sustituir a Arda Güler mediada la segunda parte para dar entrada a Diomande en el extremo derecho. No porque el marfileño no estuviese en posición de ayudar al equipo. El fichaje más caro de la historia del Madrid, 125 millones fijos más objetivos, está para momentos como ese. Pero el turco venía siendo sobre el campo el mejor madridista, sobre todo en faceta ofensiva, y su sustitución sonó rara. No en vano, Güler fue el madridista que más ocasiones creó para los blancos (siete) y el segundo jugador de campo que más balones recuperó (cinco). Trabajo atrás e inspiración arriba que los finalizadores del Madrid, especialmente Mbappé, no supieron aprovechar. Por todo ello, el propio Mou evidenció que fue un cambio poco explicable, aunque al mismo tiempo aportó un motivo: la posibilidad de que viese la segunda amarilla. No era descabellado tampoco, al inicio del segundo tiempo pudo verla y el portugués comentó que en ese momento los jugadores del Betis iban a intentar “cazarle”: “Difícil cambiar a Arda, sí, muy difícil. Estaba jugando muy bien. Los jugadores del Betis son más listos, los del Madrid son más puros, más naíf. Se levantan inmediatamente tras las faltas. No sé cómo ha terminado el primer tiempo con amarilla, cuando ha jugado tanto, tanto, tanto y ha hecho solo una faltita. Despiés iban a cazarle y tenía el feeling de que podían sacarle la segunda amarilla”. En Sevilla esa coartada servía. Pero en Barcelona ante el Espanyol ya le retiró tras una hora de partido con el Madrid buscando el triunfo y después de que hubise entregado una asistencia a Bellingham. Ya entonces estaba siendo el mejor del Madrid, como había sucedido durante toda la pretemporada. Pero cambiar a Güler fue entonces, y también lo fue en Sevilla, el cambio más fácil. Y es que Mourinho necesita lidiar con unas cuantas cuestiones como entrenador del Madrid. Algunas responden puramente a lo que sucede en el campo, otras tienen raíces más profundas. Se vio también en el caso de Espí, que aporta en cada oportunidad, pero aun así aparece tarde porque quitar minutos a Mbappé sin estar la victoria atada es inimaginable. Bellingham no estuvo nada bien en Sevilla, pero está siendo el mejor argumento ofensivo del Madrid en este inicio de curso y eso ya le cargaba de razones a Mou para no elegirle. Y luego está Vinicius, el asunto más espinoso. Xabi Alonso ya hizo por rotar al brasileño el curso pasado, por quitarle minutos en momentos poco inspirados, y la cosa acabó como acabó. Vini quiere estar en el campo siempre y convencerle de lo contrario no va a ser una tarea sencilla. Tampoco él fue el elegido, lo fue Güler. Y en justicia, a Mou no le salió mal del todo la jugada: Vini sirvió a Espí el balón del 1-1 luego anulado por fuera de juego y luego provocó el penalti fallado por Mbappé. El brasileño hace mucho con muy poco. De momento Güler se mantiene como titular en el once en ese puesto de falso extremo derecho, pero la sombra de Diomande es alargada, como la etiqueta del enorme precio pagado por él. Ese es el próximo conflicto que le viene a Mou. El turco, mientras, aprovecha cada ocasión que tiene, incluso cuando el resto de los compañeros no le siguen el ritmo. Está convencido de que este año con Mourinho le puede hacer crecer y dar un salto competitivo importante y se hará fuerte a la primera oportunidad. Mientras Mou le mantenga en el campo.
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