

Szoboszlai y Mac Allister remontaron para el Liverpool el gol inicial de Llorente. Sobresaliente Oblak, destacó también Julián. Barcola, lesionado.
This is Anfield, volvía a leer el Atlético sobre su cabeza, en el túnel, justo como el año pasado antes de estrenarse en la Champions. Aunque los de entonces ya no fueran los mismos. Pocos quedaban de los últimos, solo cuatro (Oblak, Llorente, Giuliano y Barrios) acompañados de dos nuevos (Kang-in y un Cuti por primera vez titular), dos campeones del mundo (Pubill y Baena), una línea de cinco con Llorente y Giuliano ocupando los carriles y ese Julián que era la sorpresa del Cholo en la alineación. La melancolía del verano se quedó atrás. Este Julián que ya camina y corre al ritmo de los demás. Desde la mediapunta afanado en recuperar balones y crear juego. No existe en el fútbol mejor manera que esa para pedir perdón. Con sudor. Enfrente, este Liverpool de Iraola, que sin Gakpo, baja de última hora, le quitaba el papel de envolver a Barcola. Si el fichaje más caro de la historia del club ocupaba la banda derecha, la izquierda era para un chaval (Ngumoha), mientras que los guantes de Alisson se escondían tras una cordillera de centrales altísimos. Araújo para sentar cátedra en la derecha y Kerkez en la izquierda con una única misión: pegarse a Llorente para que no volviera a robarles las llaves del estadio. Ja. Los dos equipos se lanzaron sobre la pelota con hambre de Champions. Diez segundos solo habían pasado cuando Isak acariciaba el gol tras una pérdida de Koke y una conducción de Szoboszlai. Enseguida estaba Mac Allister de nuevo ahí. Ante Oblak. Con un remate demasiado alto al que contestó otro argentino. Su nombre, Julián. Juego de piernas, marca atrás y disparo desde la frontal que blocó Allison. No se le escapará una sonrisa, pero la purpurina no se le ha ido de las botas. La puesta en escena de los del Cholo fue fantástica. Con mucha movilidad y personalidad para apagar el vigor del Liverpool. Discutiendo el balón para quedárselo. No quemaba. Lo quería. Y cada vez plantaba sus botas más profundas en la hierba. Con la kryptonita. Un Llorente que robó las llaves del campo un 11 de marzo de 2020 y no las ha devuelto. Las de un Anfield que cambió su carrera y es su jardín. Lo respira y saca el tarro de las esencias, como diría Manolete. Llorente, el quinto Beatle. Llorente, el señor de Anfield. Y su particular pesadilla. Ese Llorente al que Julián le lanzó el llavero para que fusilara a Allison en un mano a mano en su particular día de la marmota. Porque hay que detenerse en el pase del argentino. A la carrera y al espacio, en uno de esos pases brillantes que solo pueden hacer futbolistas como el argentino. Los que valen mucho dinero de verdad. La manopla de Allison impedía justo después que un derechazo de la Araña se le colara. Oblak ahora alzaba sus manos como un frontón para repeler un disparo de Wirtz que olía a empate. Los rojiblancos habían dado su habitual paso atrás dejándole al Liverpool el mando. Szoboszlai y Mac Allister tomaron las riendas. Y, tras varias embestidas, Arújo coló su tacón como aprendió en La Masía que se hace: con un pase de espuela asistió a Szoboszlai que, con un disparo sutil, le puso a The Kop el goooal en la boca. Y peor sería. Porque el Liverpool seguía en el mismo lugar cuando el partido regresó del reposo: el área de Oblak. Barcola la llenó de pólvora tras una contra como una cuchillada que no terminó en sangre porque, en el mano a mano con Jan, el disparo se le fue un palmo fuera. Un minuto después el Atleti ya no se salvó: Mac Allister pateó con la zurda un rebote desde la frontal para tumbar a Oblak y mostrarle a la grada que merece otro contrato. 2-1. Un verano y muchos millones después la defensa rojiblanca sigue siendo de cristal. Y desde el 1 de septiembre sin Comandante ni una gota de sangre charrúa. Hasta Pubill estaba horrible. Solo un nuevo pasaba el corte: ese Cuti seguro atrás y con la salida de balón limpia. Pero el Liverpool seguía mordiendo y Araújo dejaba a Julián tendido en la hierba con un pisotón en la tibia que dejó al argentino sin jugar un minuto y al uruguayo sin amarilla. Hay normas del fútbol que no pueden entender ni a quienes se les ocurren. Simeone empezaba con los cambios para arrancarle el cloroformo de la boca a su equipo, partido en dos y sin ideas. Uno era el más nuevo, Jonathan David, para hacer colección de delanteros que no de ocasiones. El Liverpool seguía con el dominio, el balón y el baile. Hjulmand lo hacia tan frío que, con una pérdida, lanzó al Liverpool en otra contra que obligó a Le Normand, que había salido con el danés, últimos cambios, a salvar ante Isak. La electricidad de Víctor Muñoz ya la cataban los guantes de Oblak. Había entrado el español por un lesionado Barcola y parecía bañado en aceite. Escurridizo e imparable solo le arruinaba que Frimpong hubiera salido del banquillo para meterse en el fuera de juego. Al Atleti se le agotaba el tiempo. Tras San Mamés, Anfield. Más de 1.100 kilómetros de distancia y la misma sensación. Ni Llorente fue suficiente. This is Anfield le gritó Liverpool en su estreno. Para volver a ponerle, nada más comenzar, en cuesta la Champions.
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