

Antes de gobernar partidos y de sentir dónde quema el balón, Modric recorrió un camino. Ha llegado el momento de que Güler lo emprenda.
Antes de convertirse en leyenda eterna, el nombre de Modric comenzó a sonar en el fútbol europeo como uno de esos mediapuntas de talento desbordante. Aunque fue Redknapp, todavía en el Tottenham, el primero que retrasó su posición y le otorgó una visión panorámica del juego, Mourinho, que pidió expresamente su fichaje, profundizó esa transformación en el Real Madrid. Una apuesta del técnico portugués que generó dudas en sus primeros pasos de blanco, que envejecieron de la peor forma posible. Modric no se adueñó del tiempo desde el inicio. Antes de gobernar partidos, de sentir dónde quema el balón y asumir el peso de los galones como constructor del juego, recorrió un camino. Ha llegado el momento de que Güler lo emprenda. El balón reconoce rápidamente a su dueño. Y en el Real Madrid ese no debe ser otro que Arda. No se trata de colocar sobre sus espaldas el peso de una leyenda, de la misma manera que no habrá un sustituto para Toni Kroos. Pero si hay alguien capacitado para mejorar el juego, es Güler. Fue el mejor de la pretemporada. Está siendo el mejor en el arranque de curso. Pero también el más fácil de sustituir durante los partidos o de dejar en el banquillo cuando aparecen síntomas de cansancio. Su exhibición ante el Rayo confirma que nadie aporta su claridad ni interpreta los espacios con mayor precisión. Es quien mejor encuentra pases que otros ni imaginan. Pide siempre la pelota, levanta la cabeza, mejora a sus compañeros y aporta la finura al juego que está faltando cuando no se ataca en transición. Es una contradicción futbolística que el jugador que mejor hace jugar al equipo todavía no tenga asegurada su presencia en el once. No es intocable como otros. Sacrificado para probar de inicio a Diomande. Fuera de su sitio por jerarquías. Considerado futbolista para la última acción, el pase definitivo o el disparo, llega el momento, cumpliendo con un compromiso defensivo como parte del aprendizaje, de su evolución. Retrasar su posición para asumir galones. Decidir cuándo se debe correr y cuando conviene echar el freno. Seguir, en definitiva, el camino que marcó Luka.
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