
Mourinho se quedó prendado y su ‘perfil Joselu’ gustó al Madrid. Sin haber sido titular y con sólo cinco remates... cierra la pretemporada como pichichi.
Mourinho quería un martillo y Carlos Espí está clavando los clavos. Gelsenkirchen, tierra minera en la cuenca del Ruhr, fue el segundo de los que ha puesto esta pretemporada blanca, la de su fichaje relámpago por el Real Madrid y la que ha coronado, con apenas cuatro ratos como suplente, como pichichi. Casi nada. En realidad es su tercero del verano. Porque hace cinco semanas, al tanque valenciano le daba al Levante una de las dianas en el 2-1 al Leganés que abría el trabajo levantinista. Era el Espí que acababa de volver de relajarse en aguas cristalinas y de participar, casi como un crío más, en la primera edición del campus infantil que organizó en su Tavernes de la Valldigna natal. Era otro Espí. Ahora es el Espí del Real Madrid. “Mourinho puso empeño en que fuese él”, cuenta a AS una fuente cercana a cómo se gestó el fichaje. El Real Madrid no encontró motivos para decirle que no. El asunto del nueve rondaba en la cabeza de Mou desde que analizó pormenorizadamente su nueva plantilla. En el Benfica, por citar sólo su última parada, lo tenía en Vangelis Pavlidis. Paró de inicio la salida de Gonzalo, pero la oportunidad económica del traspaso del canterano al Fulham, el que no era exactamente el perfil que demandaba y la presión de la Premier por Espí, terminaron de atarlo todo. Espí a Valdebebas. Para el club, recuperar el estilo Joselu. Un compendio rápido de enumerar pero no tan fácil de replicar. Poder físico, trabajo y no necesitar un alto volumen de oportunidades (de jugar y de gol) para ser muy productivo. Los dividendos ya comienzan a verse. Con sólo cinco remates (cuatro a portería) en cuatro partidos (ninguno de titular, 153′ en total) el panzer de Tavernes comenzará la Liga el próximo sábado como el máximo realizador del equipo. Eran goles de entrenamiento, pero dicen más cosas. Basta con radiografiar este tanto al Schalke y su gesto de killer instintivo. Desacelerar unas centésimas, vivir así sin incurrir en el fuera de juego, y ajustar el cabezazo a donde era imposible para Karius. Remate canónico con la testa. Lo que no encontraba Mourinho cuando miraba a la plantilla. Además, Carlos comienza a ser un tipo apreciado en Valdebebas. Joan Martínez ha sido el ‘introductor’ de Espí en el vestuario blanco (el hermano del canterano blanco es muy amigo del delantero), comienza a hacer migas con otros recién llegados como Cucurella y tiene gestos de, puertas adentro, gustan. En el minuto 88 del ya de por sí finiquitado 0-3 al Schalke en el Veltins Arena, se desmarcó, se la dieron y con el doblete que todo goleador ansía en la mano le cedió la pelota al castillista Alexis Ciria. El chico falló el gol, a placer. Pero era una asistencia cantada y el que se la hubiese regalado, una señal de la personalidad de Espí. En el Madrid, donde hasta los goles en amistosos no son intrascendentes, internamente se tomó nota. Para muy bien, obviamente. Generosidad y cero ansiedad. Espí es más que consciente de que tendrá que rebañar minutos de donde sea, pero la sensación es que ha caído de pie en el Madrid. Y el Madrid ya sabe que va en serio.
Manchester United
Real Madrid
Barcellona
Tutti i commenti