
Rodrygo cumple cinco meses de recuperación, el ecuador, mientras que Militao ya corre y comienza a tocar balón. Se le espera tras el parón de selecciones...
Las largas mañanas en Valdebebas son, cada vez, un poco más llevaderas para Rodrygo y Militao. Las horas invertidas en su recuperación pesan menos. Para el central, porque ya vislumbra la recta final para el retorno y lo hace de la manera que más incentiva a un futbolista, pudiendo tocar (con cuidado) un balón. Para el delantero, porque podría haber superado ya el ecuador de su recuperación: esta semana cumplió cinco meses de un proceso que el club estima en un mínimo de diez. Y por ahora va a muy buena velocidad. “Ahora que vuelve la acción tras las vacaciones se les ve más animados”, dicen desde Valdebebas. Está el equipo al completo, se huele la competición y ya no están tan ‘solos’ en la Ciudad Real Madrid. El Mundial fue un momento crítico en lo psicológico para ambos, de los que pueden amenazar bajón. Eran dos fijos para Ancelotti. Se quitaron el gusanillo yendo a Estados Unidos durante el torneo. Estuvieron viendo el Brasil-Escocia junto a leyendas como Roberto Carlos y Marcelo, airearse sin perder de vista el objetivo. Mili, por ejemplo, se fue a una clínica brasileña con los fisioterapeutas Ricardo Sasaki y Renato Valença para sostener los avances en el tendón del bíceps femoral operado en marzo pasado en Finlandia. En Valdebebas tienen a sus propios readaptadores pertenecientes al staff de fisios del Real Madrid. El italiano Davide Violati es la sombra de Rodrygo mientras que Rubén Cipriano (un profesional muy valorado en la casa, donde lleva ya casi una década) hace lo propio con Militao. Ellos supervisan los pasos que van dando ambos jugadores brasileños. Los de Rodrygo son aún orientados a ejercitar la rodilla maltrecha (se rompió el ligamento cruzado anterior y el menisco externo de la rodilla derecha el 3 de marzo y fue operado por el doctor Manuel Leyes), pero de manera que no haya impacto. Esos primeros días en los que tenía que matar el tiempo como fuera (tocando el ukelele, una de sus aficiones) poco tienen que ver con su rutina ahora. Hidroterapia y carrera en máquinas antigravitatorias pero también entrenamiento pliométrico y pesas. Horas y más horas. La mirada puesta en 2027, pero temprano, en enero, cuando se espera su regreso. Para Militao, el caramelo de poder pisar el césped le motiva. Está pudiendo realizar ya sesiones de carrera suave en los campos de Valdebebas (incluso con botas) y ejercicios básicos de contacto con la pelota. Buen avance. Una evolución, la del zaguero, que anima a Mourinho y su cuerpo técnico, que se han visto obligados por la lesión de Asencio a hacer un cásting entre La Fábrica este verano del que han salido con buena nota los castillistas Mario Rivas y Joan Martínez. Militao elevará el nivel de una posición en la que Konaté aún está en proceso de adaptación. Mili será el primero y Rodry vendrá después. Pero el Madrid al completo les espera con los brazos abiertos.
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