
Sin equipo, a la eterna espera de volver al Betis, su trayectoria no ha sido la que se esperaba. Pudo dejar antes el Madrid y no quiso.
A falta de menos de dos semanas para el cierre de mercado, Dani Ceballos (Utrera, 30 años) sigue sin equipo. No se vayan a inquietar tampoco porque lo encontrará, pero la situación actual escenifica una constante que ha presidido su carrera en los últimos años. Decisiones dudosas, la incertidumbre siempre rodeándole y la eterna espera para el regreso al Betis le han acompañado y condicionado negativamente. En esas está ahora también, paciente a que la economía verdiblanca materialice la operación. Si nada se tuerce, y todo es posible atendiendo a los precedentes, Ceballos volverá al Betis nueve años después, si es que aguanta la demora. Lo hará tras dejar el Real Madrid hace mes y medio, previa conversación con Mourinho en la que le quedó claro que el entrenador portugués no contaba con él. Lanzó un órdago, pidió la carta de libertad y la entidad blanca aceptó. Desde el Bernabéu le pusieron todas las facilidades para finiquitar el contrato, que expiraba al final de este curso entrante. El jugador renunció a su ficha millonaria, cercana a los cinco netos, y el club le dejó ir sin importe de traspaso alguno. Pero ha pasado tiempo y Ceballos apura la ventana de verano sin hacer la pertinente pretemporada y lejos de los focos, pese a su enigmática actividad en redes sociales. En este período, rechazó las atenciones y una oferta del Ajax de Míchel y firmó por la conocida agencia de representación LIAN Sports, de Fali Ramadani, para reposicionarse, por si acaso, en el mercado, siempre con el Betis de fondo, con algún encuentro cara a cara con Ramón Alarcón (CEO) y Manu Fajardo (director deportivo). En ocasiones parece utilizar otras propuestas para presionar al club verdiblanco. Ceballos fichó por el Madrid en 2017 a cambio de 16 millones de euros y pudo (debió) salir muchas veces. En aquel momento, su fichaje respondió al extraordinario Europeo Sub-21 que jugó aquel año. En la RFEF siempre se le consideró y De la Fuente, con el que mantuvo una relación estrecha pese a alguna etapa de enfriamiento, fue uno de sus principales padrinos. Con el seleccionador del segundo periodo glorioso de España disputó 26 partidos entre la Sub-19, Sub-21 y Olímpica, siendo referencia de esos equipos y conquistando dos Europeos y una plata olímpica. De la Fuente confió en Ceballos en su primera lista, pero el descalabro de España en Escocia en marzo de 2023, que empezó a transformarlo todo, y el escaso protagonismo en el Madrid fueron enterrando sus opciones de ser convocado. No se trata ahora de revisar el pasado, pero parece poco discutible que, con continuidad en su club, la historia de Ceballos en la Selección hubiese sido distinta. Entraba y salía de las alineaciones, a veces ni eso, con pocos minutos (un 23 % del total), afectado por las lesiones (14) y peleado con algunos entrenadores (Zidane y Arbeloa). Un contexto perjudicial agravado por la insistencia del propio jugador en no anticipar un cambio de aires por el que sí ha apostado ahora. Sin irnos demasiado tiempo atrás, en 2025 dejó tirado al Olympique de Marsella cuando el acuerdo estaba cerrado por todas las partes. Mientras hablaba con el club francés, llamó al Betis para que igualara la oferta. Aquella postura le restó credibilidad y no sentó nada bien en el Madrid. De alguna manera, sin quererlo, Ceballos ha sido su propio enemigo. Quizá su fútbol no alcanzaba para la exigencia mayúscula del Madrid, pero tenía para mucho más, como ha demostrado a cuentagotas. Cuando en 2025 asumió un papel preponderante durante unos meses en el Madrid de Ancelotti, se habló de Ceballos como futurible de la Selección y acreditó que, en plenitud, es alguien a tener en cuenta. Sin embargo, se ha hecho un flaco favor a sí mismo. Se acerca el final de agosto y aguarda el movimiento del Betis, con otras ofertas sobre la mesa, pero ya nada será lo que prometía hace casi diez años.
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