
Mourinho ha recibido una plantilla que mejora considerablemente a la del pasado año. Le sobran variantes y decidió colocar a Arda como falso extremo derecho
Por trayectoria, José Mourinho ha funcionado mejor como perseguido que como perseguidor. A sus equipos más recordados les ha gustado ir de punta a punta en el campeonato. Con las excepciones de rigor, la condición de perseguidor tiende a alterarlo, de ahí que le rinda excelentes beneficios la victoria del Real Madrid en Cornellà. En una Liga que se presume como un duelo sin cuartel entre el Barça y el Madrid es probable que el título se decida por encima de los 90 puntos. El Barça se impuso en la temporada anterior con 94 puntos. Sólo cedió 20. Cada punto será oro puro para los dos favoritos y el Madrid estuvo a punto de dejarse dos contra el Espanyol. Victoria significativa, por tanto, más aún por el rasgo que adquirió el encuentro. El Espanyol se repuso de la competente puesta en escena del Madrid, que se adelantó con un contundente cabezazo de Bellingham, imparable en el juego aéreo. La progresión del Espanyol comenzó a adivinarse pronto. Pierna dura, fragor y excelentes aportaciones de Javi Hernández por la izquierda y Calatrava tirando diagonales desde la derecha. Cocinaron el empate en una jugada que dejó en mal lugar a la defensa del Madrid, paralizada sin motivo. Mourinho ha recibido una plantilla que mejora considerablemente a la del pasado año. Le sobran variantes. Decidió colocar a Arda como falso extremo derecho, su posición anterior a la contratación de Xabi Alonso, que pretendió convertirlo en un centrocampista integral, de largo aliento. Quizá algún día Güler revierta en el tipo de futbolista que fue Modric, pero Mourinho reservó al veterano Bernardo Silva esa función que ahora llaman de centrocampista. Güler envió el centro que Bellingham remató con gran autoridad. Después filtró un par de elegantes pases que no aprovecharon los delanteros, pero al descanso se llegó con empate y el Madrid no está para tonterías. Dos años sin ganar un título no permitirán un respiro a Mourinho y al equipo. Más pronto que tarde aparecería el escuadrón de delanteros del Madrid. Atrás ha quedado la superpoblación de mediapuntas como supuestos extremos por la derecha. A Mastantuono se le ha empaquetado con destino a Florencia y ha aterrizado Diomande, que costaba poco cuando jugaba en el Leganés y una fortuna después de su pasó por el RB Leipzig. Ingresó en el segundo tiempo, por la derecha. Marcará diferencias con respecto a la colección de habitantes anteriores en esa posición. Diomande pesó de verdad en el segundo tiempo. En el otro costado, Vinicius se enredó más de la cuenta en sus cuitas con Calatrava, que no salió expulsado porque el árbitro no quiso, y El Hilali, lateral rascador. Tampoco le benefició a Vinicius su afán por piscinear, pero Mourinho le mantuvo hasta el final en una alineación con una masiva presencia de delanteros: Mbappé, Vinicius, Diomande, Bellingham -castigó el área sin cesar- y el joven Espí, recién llegado del Levante, donde dejó claro que el mejor delantero no era Etta Eyong, como se decía. A Espí le debe el Levante un buen porcentaje de su permanencia en Primera. Al Madrid le dio la victoria en su debut en el campeonato. Delantero inusual en el fútbol español, destinado de cuna a ocupar la posición de ariete, su gol fue trascendente por lo que significó y por la manera de concretarlo: con calma, buenas decisiones y seguridad en medio de la confusión que reinaba en el área.
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