
La carrera para ascender de La Masia al primer equipo del Barcelona es un camino que sólo unos privilegiados acaban alcanzando.
Durante la última ventana de traspasos ha saltado a la palestra la importancia de las canteras en el desarrollo deportivo de los clubes de élite y ha surgido un debate: ¿es mejor apostar por los canteranos o hacer caja por ellos? El Real Madrid, en el presente mercado de fichajes, ha ingresado más de 200 millones en ventas de canteranos, mientras que el FC Barcelona a lo largo de los últimos años ha sacado grandes figuras como Cubarsí, Lamine Yamal, Fermín, Gerard Martín, Bernal o Gavi al primer equipo. Pero al mismo tiempo este verano el Barça ha dado salida a prometedores jugadores como Jofre Torrents, Tommy Marqué o más recientemente a Álvaro Cortés mientras que Casadó y Héctor Fort están en la rampa de salida. Pertenecer a La Masia crea unas expectativas que no siempre son alcanzadas. El cartel que tiene la cantera culé como una de las mejores del mundo genera que, cada pocos años, se señale a las figuras que más destaquen como ‘futuras estrellas’. A excepción de elegidos como Lamine Yamal o Cubarsí , la gran mayoría de canteranos que llegaron al primer equipo se toparon de bruces con la realidad: se quedaron tratando de cumplir unas expectativas demasiado altas para acabar saliendo en busca de un brillante futuro que nunca llegó. Otros, sin embargo, sin todavía haber demostrado su valía para Can Barça, optaron por salir del club en busca de supercontratos. Marc Guiu es uno de esta gran lista: tras irrumpir en el Barça de la mano de Xavi, el club le buscó un hueco que no llegó a ocupar en el primer equipo tras aceptar la oferta del Chelsea. Tres años después, el ariete sigue con contrato en Londres, pero sin dorsal ni hueco en el primer equipo blue. El de Marc Guiu ha el es el último ejemplo de una interminable lista con grandes nombres como Ansu Fati, Riqui Puig o Gerard Deulofeu. La mayor (des)ilusión de los últimos años la firmó Ansu Fati. Su destino estuvo más marcado por la mala fortuna y las lesiones que por el deseo de salir. El atacante, tras lesionarse de la rodilla buscó, mediante una cesión en Brighton, recuperar el talento que le hizo presentarse al mundo como el heredero de Messi. Pero aquel jugador quedó en el recuerdo. Tras Inglaterra volvió a Barcelona y Flick le quiso dar una oportunidad antes de que el club pusiera punto final a su periplo como culé traspasándolo al Mónaco. Junto a Ansu Fati irrumpió Ilaix Moriba. El centrocampista llegó a un primer equipo con muchas bajas de la mano y de Koeman. El guineano explotó de forma repentina y, en vez de quedarse en el cuadro azulgrana, decidió mudarse al RB Leipzig en busca de una vía rápida hacia la élite. El atajo acabó siendo un laberinto y en cuatro años ha militado en: Lepizig, Valencia, Getafe y Celta. Apenas duró seis meses en el cuadro alemán y en el primer mercado invernal se marchó cedido al Valencia. A partir de ahí, Moriba, fue encadenando cesiones hasta llegar a un Celta que le acabó comprando el curso pasado. Carles Aleñá fue otro de estos “perdidos”. El mediapunta era de los talentos que más expectativas generaba en la generación de 1998, con grandes nombres como Cucurella o Carles Pérez. El catalán acabó saliendo del club para, después de una cesión, fichar por un Getafe que poco tenía que ver con el FC Barcelona. Aleñá, actualmente, milita en el Alavés. Hace alrededor de una década, Gerard Deulofeu fue bautizado como uno de los elegidos para el Barça del futuro. El extremo destacó en las categorías inferiores de un club que anhelaba su llegada a un primer equipo en el que nunca se consolidó. Fue entonces cuando comenzó su espiral de cesiones, primero, y sus múltiples traspasos después: Everton, Sevilla, AC Milan, Watford, Udinese y, actualmente, sin equipo. Otra gran promesa que actualmente tampoco tiene equipo es Alen Halilovic, quien llegó al Barça B procedente del Dinamo de Zagreb a cambio de 5 millones y muchísimas expectativas. Estas nunca se cumplieron y el croata, tras varias cesiones, acabó saliendo del club para comenzar una carrera en la que ha pasado, a sus 30 años, por más de diez clubes europeos. Riqui Puig fue otro de los grandes talentos perdidos de La Masia. El centrocampista, que llevaba a sus espaldas grandes expectativas, tras llegar y permanecer en el primer equipo dos temporadas, decidió irse a la MLS para seguir su carrera en LA Galaxy, donde comenzará su cuarto curso. Al margen de los mencionados, muchos otros vieron como sus carreras tomaba una dirección inesperada tras salir del club y no soportar el peso que cargaban a sus espaldas: Adama Traoré; Isaac Cuenca; Cristian Tello; Hector Bellerín; Sergi Sàmper; Martín Montoya o Munir son algunos ejemplos de jugadores que, pese a hacer carreras por Europa, no lograron alcanzar el cartel de cracks que prometían en sus inicios. Tras ellos, habrá muchos más.
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