
Un autocrítico Mourinho le extiende la mano: “Tiempo después, te sientes un idiota”. Pellegrini la acepta: “Le veo mucho más maduro”. Final a un incendio.
Y qué más da, si son cosas de la edad. De serenarse con el paso el tiempo. Lo importante es que ha sucedido, sin importar el motivo. Que como cualquier perdón en la vida, más vale tarde que nunca. Y este se ha demorado mucho; probablemente demasiado. Pero ha llegado. Mourinho ha extendido la mano a Pellegrini, tras más de una década belicosa. Ha sucedido esta mañana, en la sala de prensa de Valdebebas. Y en la víspera de su 18º cara a cara oficial. Que no enfrentamiento, porque esa palabra queda enterrada. Han sido años rodeados de cañonazos (desde aquel “yo no iría al Málaga”, al “cada uno tiene una manera de ser”) y roces (Pellegrini le negó la mano en Stamford Bridge). Y hoy, bandera blanca. Realmente, Pellegrini llevaba tiempo remando a favor de la normalidad. En la víspera del Roma-Betis de la fase de grupos de la Conference (2022), ya tuvo buenas palabras hacia Mou: “Se llevó unos golpes que le hicieron crecer, sin entrar en declive”. Pero el asunto había quedado aparcado desde entonces. Porque nunca se habían vuelto a cruzar sus caminos. Así es el guionista de este deporte, tan pronto dibuja un diluvio de cruces, como un erial. Han pasado más de cuatro años de aquello. Hasta esta mañana, cuando Mourinho se ha sentado ante los medios en la víspera de volver a verse con Pellegrini. “¿Qué palabras tiene ahora usted hacia él?”, se le ha preguntado. Y entonces, ha sucedido. “Mira, yo... no reprocho nunca nada, porque no podemos volver atrás en el tiempo. Esta es mi filosofía. Pero... obviamente que en el pasado... y en uno que es tan largo en el fútbol... hay momentos, palabras, cosas que uno dice o hace y después... al final... te sientes un idiota. Sientes que te has equivocado. Yo, por eso, no reprocho. Pero obviamente que con él, yo (hace énfasis en la palabra), no él, yo he tenido alguna palabra, algún comentario muy estúpido. Del que no me siento orgulloso”, ha esbozado. Reluciendo una vez más su actitud sosegada, reposada. Muy tranquila. Otro Mourinho. Desde luego, antónimo de aquel que hizo las maletas hace 13 años siendo un huracán. Lo comparte Pellegrini, cuya respuesta pocas horas después ha sido mucho más breve, pero manteniendo la concordia: “Sus declaraciones no tienen trascendencia. No tengo enfrentamiento y sí una buena opinión de él como entrenador. Le veo mucho más maduro que años atrás, ahora hay más raciocinio en lo que dice”. ‘Raciocinio’, ha sido la palabra. Como ‘maduro’. Las aguas parecieron calmarse tanto esta mañana, que Mourinho incluso aprovechó para bromear: “Si nos escucha se va a reír, pero después le he pagado bien, porque la Premier que ganó con el Manchester City se la regalé yo. Y es que, a dos partidos del final, si el Liverpool empataba con el Chelsea, el Liverpool era campeón. Nosotros ganamos y él fue campeón. ¡He pagado bien! ¡He pagado bien! (Sonríe)”. Y dejó una anécdota sobre un amistoso el verano de 2021: “Ha tenido una cosa conmigo de gran señor, que ha sido un Betis-Roma, amistoso, en el que la Roma, como consecuencia de un árbitro que amaba profundamente al Betis, nos quedamos con siete en el campo. Y él dijo a los suyos: no vamos a machacarlos, vamos a terminar el partido como está. Que era... no sé... 3-1 o una cosa así (realmente fue 5-2). Fue un señor. Para mí, es un ejemplo como entrenador y persona. Mañana, abrazo antes, abrazo después. Y ahí vamos”. Ahí van. Efecticamente. Tras más de una década de incendio. Porque aunque ambos hagan ahora por restar importancia a lo sucedido, el asunto sucedió a vista de todos. Llegó a ser muy tenso. Con capítulos desagradables. Mourinho fue el sucesor de Pellegrini en el Real Madrid, aquel verano de 2010. En noviembre, Jesualdo Ferreira fue destituido en el Málaga y él, que se encontraba descansando en Chile, aceptó el cargo. El equipo estaba en descenso, por lo que fue muy sonado cómo el Ingeniero había pasado del banquillo del Bernabéu, a uno que estaba tan magullado como el de La Rosaleda. No se sabía por entonces, claro, que haría historia: aquella temporada lo salvaría y en la siguiente, lo metería en Champions. Pero por el camino, Mourinho disparó su pólvora: “A mí no me va a pasar lo mismo que a Pellegrini; si me echan no voy a entrenar al Málaga, sino a un equipo grande de la Premier o Italia”. Declaración hecha en marzo de 2011. Y respondida con elegancia. “Estoy muy orgulloso de entrenar al Málaga, especialmente en la situación que vine. No me arrepiento para nada. Cada uno tiene una manera de ser, pensar y actuar”, fueron las palabras del Ingeniero. Pero hubo más. Mucho más. Porque Pellegrini sacó pecho de que, pese a no ganar la Liga en su última temporada, hizo historia superando los 100 goles (102, en concreto). Mou volvió a clavar el colmillo: “El segundo es el primero de los últimos. Marcar 500 goles da igual si no somos campeones”. Durante los tres años de su primera etapa en el Real Madrid, se enfrentó siete veces al Málaga de Pellegrini: cinco victorias, un empate y una derrota. Fueron cinco partidos en Liga y un cruce de octavos de Copa (pasó el Real Madrid). Luego, se vieron las caras en Inglaterra. Seis veces como entrenadores de Chelsea y Manchester City. De hecho, durante este periodo (2013-14, 2014-15 y primera parte de la 2015-16, pues Mou fue destituido en Navidad de aquel curso), tuvo lugar otro de sus emblemáticos desencuentros: Pellegrini se negó a darle la mano en Stamford Bridge. El Chelsea ganó con un gol en el último minuto y Mou lo celebró con efusividad, algo que no sentó nada bien enfrente. “No le di la mano porque no quise”, aseguró Pellegrini, sin medias tintas. De hecho, también hubo cañonazos en dirección a Mou: “Jugaron como un equipo pequeño; me habría decepcionado jugar de esa manera”. Era una crítica bastante extendida en Inglaterra que su Chelsea tenía un planteamiento demasiado defensivo. Con tendencia a firmar el 1-0 en los partidos. Estos años, con actitudes frías y cruces de declaraciones casi de manera rutinaria, llevaron la escalada belicosa a su cumbre. Y desde entonces, la temperatura ha ido bajando y bajando. Con Pellegrini a los mandos del West Ham, se vieron las caras en dos ocasiones (Mou estaba en Manchester United y luego, Tottenham). Y de ahí, a los mencionados Roma-Betis. Cuando ya las aguas estaban más calmadas. Las declaraciones eran más sosegadas, reluciendo la tendencia de que se caminaba hacia donde se está ahora. Con Pellegrini abierto a la normalidad y sobre todo, Mourinho más sosegado, controlado, tranquilo. Extendiendo esa nueva versión que está reluciendo. El tiempo dirá si vuelve a aparecer lo que él mismo califica como su “lado oscuro”. Pero por ahora, mesura. Y paz con Pellegrini. Al que tanto tiempo después, extiende la mano para enterrar el hacha de guerra. Y no sólo aparcando los episodios del pasado, sino disculpándose. Asumiendo que lo sucedido le hizo sentirse “un idiota”, que se equivocó, que fueron comentarios “estúpidos” y que no se siente orgulloso. Ahí es nada. Ha tardado mucho la disculpa, pero ha llegado. Y en realidad, eso es lo más importante. Mañana, abrazo de cordialidad en La Cartuja. Una imagen que supondrá sellar la armonía definitiva. Han sido años de cañonazos. De episodios belicosos. Pero Mourinho, este Mou, entona el mea culpa. Tal vez porque es cierto que los años le han calmado. Por esas cosas de la edad. Pero sea por lo que sea, lo importante es que ha sido. Mourinho-Pellegrini, paz firmada.
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