
Mourinho y Pellegrini escenifican el fin de 16 años de tensión. “A veces dices cosas y te sientes un idiota”, entona Mou en un ejercicio de autocrítica.
Han sido 16 años de tensión. De una guerra que por momentos ha sido más fría, que a cañonazos. De tirantez intermitente, pero interminable. Porque el cruce de declaraciones tuvo sus episodios concretos −y fueron intensos−, pero el sentimiento generalizado era de asistir a un mapa, simplemente, hecho añicos. De utópica reparación, llegados a este punto. Y en esa desagradable balanza, casi todo el peso lo puso Mourinho. Lo sabe. Esa es la cuestión. Pero fue el de la versión de hace años. Un huracán que de impetuoso, llegó a arrasar incluso sus propias estancias. Y a protagonizar un enfrentamiento que hoy, vive su bandera blanca. Mourinho y Pellegrini entierran el hacha de guerra. A la vista de todos, se abrazarán y pasarán página. Es el día. Promovido por el extraordinario −en el sentido literal de la palabra− ejercicio de autocrítica que se vivió ayer en Valdebebas. “Pellegrini lleva tiempo trasladando buenas palabras hacia usted. ¿Qué tiene que decir usted sobre él?”, se planteó a Mourinho. Sin medias tintas. Habían pasado cuatro años de su último enfrentamiento, por lo que no se había vuelto a hablar sobre un tema que persistía en la memoria de todos. Que es imborrable. Y entonces, sucedió. “Mira, yo... no reprocho nunca nada, porque no podemos volver atrás en el tiempo. Esta es mi filosofía. Pero... obviamente que en el pasado... y en uno que es tan largo en el fútbol... hay momentos, palabras, cosas que uno dice o hace y después... al final... te sientes un idiota. Sientes que te has equivocado. Yo, por eso, no reprocho. Pero obviamente que con él, yo (hace énfasis en la palabra), no él, yo he tenido alguna palabra, algún comentario muy estúpido. Del que no me siento orgulloso”, esbozó Mourinho. Reluciendo una vez más su actitud sosegada, reposada. Muy tranquila. Es otro. Fue tal el sentimiento de relajación de las aguas, que se atrevió incluso a bromear con que le “regaló” la Premier a Pellegrini gracias a un empate de su Chelsea frente al Liverpool. Y quiso compartir una anécdota del verano de 2021: “Ha tenido una cosa conmigo de gran señor, que ha sido un Betis-Roma, amistoso, en el que la Roma, como consecuencia de un árbitro que amaba profundamente al Betis, nos quedamos con siete en el campo. Y él dijo a los suyos: no vamos a machacarlos, vamos a terminar el partido como está. Que era... no sé... 3-1 o una cosa así (realmente fue 5-2). Fue un señor. Para mí, es un ejemplo como entrenador y persona”. “Mañana (por hoy), abrazo antes, abrazo después. Y ahí vamos”, zanjó. Unas palabras que fueron bien recogidas por Pellegrini, aunque este llevaba años remando a favor de la concordia. “Sus declaraciones no tienen trascendencia. No tengo enfrentamiento y sí una buena opinión de él como entrenador. Le veo mucho más maduro que años atrás, ahora hay más raciocinio en lo que dice”, respondió ayer, en la víspera. Aceptando la actitud de tender puentes. De dejar el pasado atrás. Y de que hoy, con ese abrazo, se escenifiquen unas disculpas públicas y sinceras. Que dejen atrás más de una década de incendio. Años en los que se ha vivido desde su cara a cara cuando fue entrenador del Málaga (“a mí no me va a pasar lo mismo; si me echan no voy a entrenar al Málaga, sino a un equipo grande de la Premier o Italia”, aseveró Mourinho), hasta dardos por el legado que el Ingeniero había dejado en el Bernabéu. Y es que se marchó defendiendo que pese a no ganar la Liga en su último año, sí había construido un equipo que superó los 100 goles (102, en concreto). “El segundo es el primero de los últimos. Marcar 500 goles da igual si no somos campeones”, apeló Mourinho. Ataque tras ataque. Pellegrini relució elegancia en la Costa del Sol. Casi no entró a ninguna disputa. Sin embargo, cuando se cruzaron en Inglaterra sí hubo réplicas. Tras una victoria del Chelsea sobre el Manchester City en el útimo minuto −y una efusiva celebración de Mourinho en el gol−, Pellegrini se negó a darle la mano. “No se la di porque no quise”, aclaró poco después, sin jugar al póker. Estaba enfadado por la situación. Por la actitud de su homólogo. Aquellos años en Inglaterra fueron la cumbre del conflicto. Desde entonces, la tensión empezó a bajar. Hasta llegar al ya popular Betis-Roma. A las declaraciones de ayer. Quien ha visto y quien ve. Así están las cosas, ahora. Y hoy en La Cartuja las miradas les apuntarán. Al menos, antes de que el silbatazo de Hernández Hernández de comienzo a un cara a cara de Champions. En el que no estarán Lo Celso, Abde y Ceballos, aún sin ritmo competitivo y sobre el que Mourinho dejó una de cal y una de arena en rueda de prensa. “Hablamos tres minutos por teléfono y le dije que no contaba con él”, comenzó despachando. Para luego suavizar: “Pero luego fue muy fácil, porque dijo ‘si no cuentas conmigo, prefiero estar libre para decidir mi futuro’. Y en un par de días, se pactó la rescisión”. El Ingeniero trabaja en un once con Fran García y Riquelme como puñales por la izquierda, Isco ejerciendo de enganche y arriba, el Cucho. Todo acompañado de la magia de Antony por el costado diestro. Enfrente, Mourinho alineará a un once titularísimo, sabedor del margen de cuatro días que le separan del estreno en Champions, frente al Inter. Y además, que Camavinga, Bernardo Silva y Güler están sancionados, mayor motivo para desfondarse si hace falta. La única duda está en la banda derecha, donde Arda sigue teniendo más papeletas que Diomande. En el banquillo estará Sergio Martínez, reciente fichaje y quien sólo ha necesitado dos entrenamientos con el primer equipo para convencer a The Special One de que el también tiene algo especial. Dadas las cirscuntancias, estará sentado en un palco de lujo para presenciar la que puede ser una de las imágenes de la temporada. Han pasado 16 años desde el comienzo de las hostilidades entre Mourinho y Pellegrini. De las declaraciones que Mou comenzó a hacer, generando una guerra fría. Un conflicto extenso y con episodios desgradables. Consciente de su responsabilidad, ayer entonó el mea culpa. Hizo un ejercicio de autocrítica pocas veces visto. Es otro Mou. Uno que extiende la mano. Y que sellará la paz. Sucederá hoy, con el tan ansiado abrazo.
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