
La 96ª edición de LaLiga pega un nuevo salto. El Barcelona busca revalidar un título que logró por delante del Real Madrid de Mbappé y Vinicius.
El desenlace del Mundial revaloriza a la Liga. No se puede desligar el éxito de la Selección de la impronta de una competición que ha sido ninguneada por algunos en las últimas temporadas a causa de la pirotecnia financiera de la Premier League. Hasta 18 campeones, a la espera de lo que suceda con Rodri y Ferran, lucirán en el escaparate de la Liga, un síntoma evidente de la salud de esta y de la apuesta por el talento propio de los clubes españoles. Puede que se hayan visto obligados a ello por cierto declive económico y los estrictos límites salariales, pero nunca hay mal que por bien no venga. La sabiduría popular tampoco es ajena al fútbol. Desde una perspectiva numérica, los datos alimentan esta tesis. Entre las cinco grandes competiciones domésticas, la Liga tiene menos extranjeros que ninguna otra, con apenas un 39% de representación foránea, cifra que se dispara en la Premier, por ejemplo, hasta el 69%. Además, también multiplica el número de canteranos en sus plantillas. Otro signo de que se cuida lo de casa y una materia prima inigualable a nivel internacional. Hay otro ángulo de análisis que añadir. Clubes como Real Madrid, Barcelona, Real Sociedad, Valencia, Athletic, Villarreal, Celta o Atlético, entre otros, ocupan lugares de privilegio entre los que más canteranos tienen entre las ligas de mayor entidad. El nivel del futbolista español se valora dentro y fuera. Bajo esta realidad, la Liga asoma la cabeza con la ambición de consolidar, incluso ampliar, su prestigio. De arriba abajo, con dos gigantes incomparables como son Real Madrid y Barcelona, agitados en este mercado. La inversión blanca supera holgadamente los 200 millones y ofrece seis caras nuevas, que apuntan a ser más: Diomande (Leipzig), Cucurella (Chelsea), Espí (Levante), Dumfries (Inter), Konaté (Liverpool) y Bernardo Silva (Manchester City). En cualquier caso, el principal aliciente está en el regreso de Mourinho y en lo que pueda hacer. No le será fácil responder a la reciente hegemonía del Barcelona de Flick, el hilo conductor del despertar culé. Ha dado sustento al relato. Lamine seguirá siendo la bandera y la presumible incorporación de Rodri, que se uniría a Gordon (Newcastle) y Adeyemi (Borussia Dortmund), se concibe como una reivindicación del estilo y un golpe de efecto dirigido al Bernabéu. La cuestión está en si el hambre y el liderazgo continúan intactos en el Spotify Camp Nou. Como siempre, el Atlético aparece como tercer espada del campeonato. Ya sin Griezmann, pero con Grimaldo, Hjulmand, Kang-in Lee y otros que llegarán. Por ahora, también cuenta con Julián. El culebrón del argentino no parece resuelto pese a la voluntad inequívoca del club y de Simeone de retenerlo, quién sabe si en su última campaña. La continuidad en los proyectos es otro rasgo diferenciador de la Liga que aporta estabilidad y crecimiento. Solo ha habido seis cambios de banquillo: Mourinho (Real Madrid), Iñigo Pérez (Villarreal), Terzic (Athletic), Beñat San José (Rayo), Ramis (Osasuna) y Anselmi (Elche). Resultará interesante comprobar el rendimiento del Villarreal sin Marcelino. Nadie duda de Iñigo Pérez, un entrenador al que no se le adivina techo, pero es evidente que se enfrenta a un pasado mayúsculo. A veces, las herencias pesan demasiado. La llegada de Terzic a San Mamés también atraviesa un paisaje similar y tiene un atractivo especial por la personalidad del alemán. En la Real Sociedad y el Celta de Matarazzo y Giráldez, de Oyarzabal y Borja Iglesias, no hay cambios importantes. De por sí, eso ya es positivo. La manera de jugar de ambos conviene y convence. Tampoco hubo movimientos tectónicos en el Betis. Pellegrini no se movió y se aguarda con ilusión a que Isco deje atrás la enfermería. Estará en Europa, como el Getafe, donde Bordalás buscará el enésimo milagro después de que su futuro invitara al desconcierto. Lo hará sin Uche, casi la peor noticia de este verano debido a su grave lesión. Una baja sensible ante la extrema igualdad que habrá. Ese es otro sello distintivo de la Liga. La angustiosa, y casi inédita, batalla por el descenso del pasado curso puso de manifiesto el nivel parejo de casi todos los equipos. Al Sevilla y al Valencia, dos colosos en horas bajas, les cogió de lleno, como en ediciones anteriores. Es momento de que abandonen la zozobra y cumplan con su identidad ganadora. De todos modos, no sería extraño que el equilibrio se acentuara esta temporada viendo los tres ascensos que hubo. Es de celebrar que Racing, Málaga y Deportivo regresen al lugar que les pertenece por historia y masa social. Todavía faltan otros por volver. Seguro que Racing y Málaga sorprenden por su talante ofensivo, mientras que el Depor destaca por un trabajo firme y goza de un apoyo económico detrás que le augura buenos tiempos. A más de dos semanas del cierre del mercado, todos los clubes tienen incógnitas por despejar. Desde los despachos de LaLiga se maneja una previsión de gasto superior a los 800 millones de euros, una evolución claramente al alza respecto al último lustro. La cifra dista del dispendio anual de la Premier, pero la suma de títulos europeos entre ambas competiciones sale casi igual en la última década: once a diez a favor de los ingleses. Una ventaja pírrica contestada por los éxitos de la Selección. La Eurocopa de 2024 y el Mundial desnivelan sin discusión la balanza. Es la Liga de los campeones.
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