
Un nuevo reto para el conjunto blanco tras dos años sin visitar las vitrinas del Bernabéu: una plantilla renovada y la figura de Mourinho al frente.
No se admite un tercer año sin grandes títulos, donde no se admite ninguno. Y con esa máxima, la de la exigencia exacerbada, se perfila una temporada de revolución y regresos. Mourinho ha vuelto al banquillo del Bernabéu aupado por el sentimiento de que, incluso por encima de lo futbolístico, el equipo necesita un empujón emocional. Su retorno, 13 años después, viene a ejercer de una inyección de adrenalina con la intención de volver a levantar al coloso. Plantilla, tiene. Porque hasta seis nuevos futbolistas han aterrizado en Valdebebas para agitar la bandera de los nuevos tiempos. Dumfries, Konaté, Cucurella, Bernardo Silva, Espí y sobre todo, Diomande, quien ya se ha convertido en el traspaso más caro en la historia del club. Un plan para volver a reinar; para volver a latir. Carrusel de movimientos ambiciosos con un notable riesgo, en caso de salir mal, pero realizados con la determinación de quien quiere resultados inmediatos. Ya. Porque un tercer año sin grandes títulos sería, ya lo ven, como ya lo saben, absolutamente inadmisible en Chamartín. Hacía tiempo que el Real Madrid no protagonizaba un mercado de fichajes tan intenso. Y tan madrugador. En junio, cuando aún ni se había abierto el periodo oficial, ya se habían cerrado las operaciones de Dumfries, Konaté, Cucurella y Bernardo Silva. Tres defensas internacionales para reforzar la zaga y un comodín para la sala de máquinas. A Mourinho le gusta mucho, de hecho, el perfil de ‘jugador veterano’ que aporta Bernardo Silva. La sangre fría que puede dar en determinados escenarios al rojo vivo. Con más calma se gestionó la delantera. Para agosto se dejó el fichaje de Espí, aunque terminó siendo relámpago (todo se cerró en una tarde) y pocos días después, la firma de Diomande, quien se convierte en el fichaje más caro en los 124 años del club. El mercado queda pendiente de la incorporación de un mediocentro y un quinto central, aunque ambas operaciones dependen de potenciales salidas. Ahí, las miradas apuntan a Asencio y Camavinga. Pero ninguno quiere marcharse. A girar a una máquina que aspira a generar terror. El tiempo lo dirá. ALTAS BAJAS
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