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El Submarino pescó un punto en las aguas revueltas del Metropolitano. El partido del juicio a Julián terminó siendo el primer revés en la temporada de un Atleti que comenzó ganando pero pasó de los pitos a las penas máximas. Todo había empezado minutos antes de que el balón rodara. Cuando los equipos estaban en los vestuarios aún y en la megafonía se recitaban los nombres de los jugadores por jugar. En el banquillo del Atlético estaba ese que con este afición no se quería encontrar por soñar con el Barça, pero ahí estaba. El aire se llenó de esquirlas punzantes en la tarde despejada en una de las pitadas más grandes que este año con nueve años de historia recuerda, y eso que aún quedaba mucha gente por llegar a sus asientos, cuando su nombre se verbalizó: Julián Alvarez. Así es como recibe el Metropolitano a quien le ha traicionado. Y Julián lleva todo el maldito verano rompiéndole el corazón. En el Atleti sehabían acabado los onces de circunstancias. Enfrente tenía a un rival de Champions y el Cholo lo enfrentaba sin chavales. Pubill se estrenaba en la temporada mostrando que una estrella después la vida sigue igual: la primera vez que el Villarreal se presentó ante Oblak evitó con el muslo el gol seguro de Pepe. Ocupaba el campeón del mundo su sitio natural en el campo, lateral derecho, en una línea de cuatro con otro campeón del mundo en la izquierda, Grimaldo, y dos titularidades con ganas de verdad: la de Hjulmand en el medio con Koke para descanso de Barrios y el primer once de Kang-in. El Atlético salió con gol e intención pero un problema: le falta un 9. Ademola repetía demarcación pero este es un traje que le queda extraño. Tan grande que se pierde. Apostar por Lookman como delantero es jugar con uno menos. Los desmarques al espacio, ciencia ficción, una utopía. Y eso que el coreano a cada balón que tocaba motraba que tiene un catálogo infinito de recursos en la bota. Presiona, se revuelve, hace la cobertura. Y luego, cuando mira a la portería contraria, entre líneas, tiene el pase de Griezmann. El Villarreal, que salía sin que Iñigo tocase el once del primer día en Santander, agazapado pero preparado. En ataque el plan siempre era el mismo: Pepe insistía por la derecha buscando el centro para que Moleiro y Ayoze sorprendieran desde segunda línea. Pero solo una vez les salió. Aquella en la que Pubill les cerró la puerta en la línea. El Cholo en verano ha encontrado un nuevo reloj, un danés con precisión suiza, ese Hjulmand capaz de multiplicarse, sólido en defensa y agresivo para recuperar el balón, uno de esos hombres que, tras robar, mira siempre hacia delantera, encaminando al equipo hacia la portería de Luiz Junior. Uno tipo de esos que farmea aura sos solo con ponerse de pie. Como Grimaldo, en dos partidos con el aura de Filipe Luis en el ataque. Pero el Atleti seguía teniendo un problema. A Lookman se le seguía haciendo de noche el área, como si la pisara con una venda en los ojos. Y así se pasó la primera parte. Todo buenas intenciones sin que ninguna subiera al marcador. Al descanso, por cierto, cuando los suplentes salieron a calentar, Julián fue el último, también con los pitos rodeándole como si estos fueran su nueva camiseta. El descanso se hizo definitivo para Mendoza, con Baena regresando de la caseta en su lugar. El que lo hizo como si acabase de tomarse un café fue el Villarreal, con Romero convertido en una amenaza para lucimiento de otro de siempre, Oblak de todos los santos. Un momento en el que los de Iñigo Pérez estaban mejor en este partido que se había convertido de ida y vuelta pero los ojos se marchaban a un lugar sin fútbol. La banda cercana al banderín del fondo sur. Julián acababa de salir a calentar. Los pitos volvían a envolverle como si fuera su nueva camiseta. Unos pitos que subían, el Cholo había hecho un gesto para llamar a tres hombres de allí. Julián, Llorente y Barrios. Entonces, Pubill se soplaba la bota para regalarle al Metropolitano su tercer golazo desde fuera del área en la temporada, el primero del partido. Simeone deshizo el cambio que pensaba dejandolo doble, dejándolo en dos. Pero Buchanan cayó en el área en una disputa con Hjulmand y el árbitro pitó penalti. Gerard Moreno que, acababa de entrar en el campo, lo marcó. Simeone volvía a llamar a Julián. Ahora sí que llovieron pitos. Un larguísimo minuto y medio. La vida sigue, su destino es este, si no lo quería que no lo hubiera firmado hace dos años. Como seguía el partido, abierto. Y Mikautadze escapado hacia el área de Oblak. Se preparaba a armar el disparo cuando Le Normand le empujó. El árbitro dejó seguir hasta la llamada del VAR al pinganillo y la pantalla. Penalti. Roja al central. Mikautadze marcó. El Atleti obligado a remar en un partido que había pasado de los pitos al silbato del árbitro, y ese que sí que condenó a los rojiblancos. Julián, trotón, apenas tocó dos balones. El que los corría todos era ese que nació soñando Atleti, un Giuliano que le puso el lazo, con una definición soberbia, a una jugada que comenzo Barrios y Baena condujo al área para servirle la pelota con un pase que intuyó su desmarque. De lo poco que hizo Julián fue un remate desde la frontal que taponó el Villarreal, seguían escuchándose silbidos altos cada vez que tocaba el balón, en un ruido que acabó por envolverlo todo. Con un solo perdedor. El propio Atleti. Ya con dos puntos menos.
マンチェスター・ユナイテッド
レアル・マドリー
バルセロナ
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