
x
Querida Paola, Sevilla y Atleti jugaban en el Pizjuán este último sábado de agosto que es sábado de fiestas de La Pedraja, tu Pedraja, el pueblo que no ha dejado de recordarte a cada minuto desde el 18 de agosto. Seguro que allá arriba has cogido buen sitio, al lado de M4ría, la Princesa Futbolera Guerrera, como tú, para no perderte perderte los partidos del Atleti, tu Atleti. Este Atleti en el que Baena sí que está dispuesto. El partido fue trepidante desde la primera pelota. Los dos equipos con ambición, presión y ritmo altísimo. En el Sevilla, la marcha de Oso provocaba que ese chico que en verano se entrenaba en Los Ángeles de San Rafael con la camiseta del Atleti ahora ocupara la banda izquierda en Nervión: Julio Díaz. El Atleti estaba deseando que la pelota rodara para detrás atrás todo el ruido de ese Julián indispuesto toda la semana. Simeone devolvía a Lookman a la banda y se inventaba un 9, ahora doble, que trastocaba de tal modo a los centrales del Sevilla que acabaron perdidos en su propio estadio: Kang-in Lee y Baena. Juegan como si se leyeran el uno al otro la mente antes de moverse. En el minuto 4 lo celebraban. Con el gol. Si el Sevilla había dejado un aviso nada más comenzar, un centro de Guridi que Sierra esperaba para rematar cuando Oblak se lo quedó, el Atleti entró directamente sin llamar. Hasta el fondo y la red. El pase lo filtró el surcoreano para atravesar a tres rivales y encontrar a Baena, que se lo cruzó a Vlachodimos divino. Porque no fue solo dispado, fue la manera en al que encontró su espacio y sitio para jugar. Un año y un Mundial después el Baena que se fichó ha llegado al Atleti. Un Griezmann moreno. El Atlético se puso de recital amarrado a la bota de este chico que, quizá, solo necesitaba aquello que Luis de la Fuente le dio: un bidón de confianza. Y en esa noria se montó el Sevilla para marearse con todo ese juego rojiblanco por dentro. ¿Recuerdas aquel Betis-Atlético de Copa este invierno? Pues fue igual. Un Atleti tocando a rebato por dentro. Y 120 revoluciones por minuto. Una locura. Y estupendamente bien acompañados. Porque si Lookman y Giuliano fijaban por fuera, Grimaldo y Giuliano corrían, Barrios llevaba el mando y el reloj, mientras Hjulmand guardaba las espaldas de todos. Total, que el Atleti corría hacia hacia delante sin desprotegerse atrás. Rapidísimos y con esa contundensia perseguida por el Cholo como Santo Grial. Tres disparos a puerta, tres goles. Su sueño. Lookman se reencontraba con el gol al arrancarse la tortura de ser 9 con un derechazo raso y ajustado al palo y Baena hacía el tercero y su segundo desde la frontal. Recibió, controló, se perfiló y goleó exudando clase y confianza. Al Sevilla trataba de subírselo a la espalda Kike Salas, en todas partes, tapando agujeros mientras Castrín ponía la cara para evitar otro gol de Lookman. Acabó el equipo de Luis García redescubriendo que tenía latido, con una doble parada de Oblak a Miguel Sierra y un golpe con Ure en una tercera que le dejaría tendido en la hierba un rato por un golpe en la cara. Porque el portero no estaba de adorno. Mientras te escribo pensaba en Julián. Hasta tú desde el tercer anfiteatro estarías viendo este partido. Pero, ¿y él? ¿Lo estaría viendo por la tele o andaría enfrascado en alguna videollamada con su agente? ¿Si lo vio, qué pensaría ante el recital? El Atleti pudo irse al descanso con 0-4 si Grimaldo al final de una contra hubiera pensado tan rápido como corre. Como en los tiempos de Filipe, Simeone se volcaba en las bandas para generar el peligro, sobre todo la suya, la izquierda. El Atleti volvió de la caseta sin soltar de la mano el gol. De nuevo fue Lookman, pero como Baena estaba en fuera de juego en el inicio de la jugada, se anuló. Castrín se llevaba otro pelotazo en la cara, ahora cuando defendía en la barrera un libre directo lanzado precisamente por Baena. El Sevilla estaba mejor. Ese Sevilla con la camiseta blanca como blancos fueron los globos, 19, los años que tenías, que estaba mañana desde La Aldaba se lanzaron al cielo en tu honor, como yo te envío estas palabras. Kochorashvili entraba al campo en un doble cambio con Ejuke con un disparo raso que fue un casi. Con su presencia en el medio, el Sevilla reinició el motor. Agoumé ya había probado desde la frontal con un tiro que se fue desviado mientras el Atleti, con el estómago lleno, se metía atrás. El Sevilla recibía a Giménez y Arnau, primeros cambios del Cholo, con su propio jarro de agua fría. Levantarse con una volea de Miguel Sierra después de que la defensa rojiblanca no acertara a despejar un balón en su área. Ese sigue siendo el sino, el lunar de un Atleti que jugaba a que no pasaran cosas. Las rentas de la primera valían mientras el Sevilla se revolvía. Y la sombra de otro penalti sobrevolaba a Hjulmand en una jugada con Kike Salas en la que golpeó su tobillo antes que el balón. Arberola dijo sin embargo que agua, que sigan. Y el Atleti lo hizo resistiendo en su área para que el Sevilla no se volviera a colar hasta la cocina en su área. Porque resistir es palabra rojiblanca. Y tú la repetiste varias veces en tu discurso de las fiestas hace un año. Resistir, pelear y levantarse aunque no te toquen buenas cartas. El Atleti este año parece que las tiene. Con Baena poniéndose la máscara que no quiere Julián. No dejes de animarlo allá desde el cielo. Acá abajo no te olvidaremos. DEP.
マンチェスター・ユナイテッド
レアル・マドリー
バルセロナ
すべてのコメント