
El Madrid entra en combustión y despacha al Málaga con un ejercicio poderoso en ataque. Con Bellingham y Mbappé así, todo es más fácil.
Apenas tres partidos, sin enfrentar aún citas de gran exigencia, han servido para comprobar que otro Madrid es posible. Hay otra actitud, otra disciplina, otros resultados. Tampoco se trata de tirar cohetes, que todavía hay mucha tela que cortar, pero Mourinho ha logrado que su equipo tenga equilibrio, solidaridad y ambición. La pregunta de fondo es si lo mantendrá en el tiempo. Cualquier inicio de proyecto reclama hacer partícipes a cuantos más jugadores, mejor. Además de por la pertinente gestión de minutos cuando el calendario no ha abandonado agosto, las titularidades de Rüdiger, Camavinga y Brahim se asemejaron a un guiño de Mourinho a tres jugadores que deben ser importantes en momentos puntuales de la temporada. Tenerlos a tu favor es un signo de inteligencia del portugués. Lo urgente ahora, en todo caso, es ganar partidos. Y el Madrid no se baja de esa ola. No tuvo demasiada piedad ante un Málaga de mejores maneras que hechuras competitivas. Funes no quiso atornillar al bloque en su área, tampoco perder su esencia con la pelota. El Málaga protagonizó una buena puesta en escena, en algún punto temeraria, que se diluyó a partir del primer gol recibido. Recio y Galilea pagaron las facturas atrás, pero el equipo se partió por el eje. Demasiado atrevimiento y espacios entre líneas para poder salir sin rasguños del Bernabéu. El Madrid parece haber recuperado la máxima de golpear antes de preguntar. Su comienzo resultó discreto, pese a que Huijsen ofició con criterio en la salida y Trent ganó mucha altura al interiorizarse Brahim. La cuestión estriba en que, tal y como están Bellingham y Mbappé ahora, no necesita jugar de maravilla para abrir brecha. Tanto el inglés como el francés simplifican la trama en un Madrid activo, intenso y relativamente ordenado. Como ante la Real Sociedad, Bellingham y Mbappé invirtieron en el equipo y en su marca personal. Se mueven aunque no vayan a ser los receptores del balón. No siempre fue así. La autoridad sobresaliente que demostraron, además de una eficacia casi incomparable, deshizo a un Málaga incapaz de contener, ni a nivel físico ni a nivel posicional, a los que ahora son los dos estandartes blancos. Vinicius lo intentó, pero su relanzamiento parece más complejo. Con Bellingham y Mbappé así, el debate del centro del campo queda disimulado hasta otras pantallas de mayor trascendencia. Valverde y Camavinga ocuparon la medular frente al Málaga, sin que el Madrid requiriera de ellos en la construcción del juego. Ninguno es un futbolista para acelerar la posesión por dentro y sí para gobernar desde su presencia física. No estaban ni Bernardo Silva ni Güler, pero tampoco hacen falta centrocampistas si Bellingham y Mbappé resuelven como lo hicieron. Brahim se posiciona en zonas interiores y deja el campo libre por la derecha a Trent. Esa posición del internacional marroquí favoreció el impacto ofensivo del lateral.
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