
Enfado y hartazgo en el club rojiblanco tras las últimas declaraciones de Joan Laporta, presidente del Barcelona («seguimos interesados»)
El Atlético dice basta. Esta cansado. Harto. Terriblemente enfadado por el bucle del Caso Julián en el que lleva encerrado todo el verano. Y da igual que su postura no haya cambiado ni un ápice. Inamovible de un no que ha enunciado con ironía a través de redes sociales y rotundo en la boca de su consejero delegado, Miguel Ángel Gil, a lo largo de todo el verano y en varias ocasiones. Un no que, sin embargo, parecen no escuchar en Barcelona. Esta misma mañana su presidente Joan Laporta admitía que “el interés en el jugador continúa” deslizando además que les “había llegado” que el Atlético “está negociando con otros clubes por el jugador”. Unas declaraciones que son gasolina en un Metropolitano que explota frente a este caso, en un mañana en el que el argentino no acudía a los entrenamientos del equipo por sentirse “indispuesto” apenas unos días después de que la grada le dedicara una sonora pitada como reproche a su actuación. Pero la víctima en todo esto no es el futbolista, que hace dos años, cuando no era titular en el City firmó un contrato que le ataba al Atleti cinco años (hasta 2030). Según la versión del club, la víctima de todo esto es el propio Atlético. Así se siente de manera muy profunda en el Metropolitano, ante tanto ruido generado en Barcelona y por el entorno del futbolista, liderado sobre todo por su agente, Fernando Hidalgo. Un daño reputacional y económico. El Atleti siempre ha ido de frente con su no. El Barcelona, por detrás, aseguran desde el club. Mareando al futbolista. Porque si a comienzos de julio el propio Laporta amenazaba con que su oferta por Julián “tenía fecha de caducidad” lo único cierto es que lo que ya había caducado era el plazo que el club rojiblanco le había hecho a su jugador para una posible salida: una oferta de 150 millones antes del 20 de junio. Esta nunca se produjo. De hecho, las palabras de Julián que iniciaron el fuego desde el Mundial (“lo mejor para todos es una transferencia, quiero cumplir mi sueño”) llegaron tan solo dos días después. En el Atlético, el Caso ya una cuestión de orgullo. De defender ante todo y sobre todo los intereses de un club, como ha hecho Miguel Ángel Gil en cada de sus intervenciones, que no se va a postrar a lo que desea el Barça, ni el agente del futbolista. De ahí la denuncia que nada más producirse esas declaraciones de su jugador presentó ante la FIFA y la RFEF y que ahora ampliará porque a ese expediente va a añadirle todas las presiones, consideradas así desde el Metropolitano, y acciones que están llevando a cabo los representantes de Julián Alvarez y el club catalán. Un Julián Alvarez que el domingo, en los treinta y cuatro minutos que jugó en el Atlético-Villarreal, se mostró apático. Apenas tocó 12 balones, el que menos de todos los futbolistas de Simeone, y que esta mañana llamaba a los servicios médicos rojiblancos para comunicarles que no se sentía con ánimo y fuerzas para ir a entrenar, algo que, en el club rojiblanco, se entiende como consecuencia de toda la presión a la que su jugador está sometido, algo en lo que ayudarán y apoyarán poniendo a su disposición todos los recursos del club. Simeone y el propio Gil Marín en todas sus declaraciones, de hecho, le han eximido de culpa apuntando directamente al “mal asesoramiento” que Julián ha tenido durante todo el verano. Las posibilidades de que pueda irse al Barça siguen en el mismo lugar. Cero por ciento. Eso seguirá sin cambiar, mantienen desde el Atleti. Por mucho que presionen desde el otro extremo del puente aéreo.
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