
El argentino vive las últimas horas de mercado en las que enunció su sueño, jugar en el Barça, resignado a quedarse en el Atlético.
Las últimas horas del mercado de fichajes llegan y Julián Alvarez ahí sigue, sin moverse del Atlético. Y, aunque nadie es capaz de asegurar que todo seguirá igual a partir de las 23:59 horas de mañana martes, cuando esta venta de traspasos se cierre, porque el Arsenal está ahí, agazapado y haciéndole sitio (traspasos de Martinelli y Gabriel Jesús) por si acaso en el último momento, lo cierto es que en la cabeza del futbolista comienza acodarse la realidad: que su destino es quedarse en el club rojiblanco. El sueño que enunció el pasado 22 de junio en pleno Mundial se ha convertido en calabaza. El futbolista comienza a resignarse. En realidad nunca un culebrón tan vacío de contenido duró tanto. Porque desde entonces ahora han pasado más de sesenta días y lo cierto es que lo que de momento ocurre es lo mismo que entonces decía el Atleti que pasaría: su jugador no saldría del club. Tiene contrato (hasta 2030) y es el futbolista más importante de un proyecto ya sin Griezmann (en el Orlando City de la MLS desde este verano). Aún así el culebrón ha seguido cebándose día a día. Un Julián que ayer regresó a los entrenamientos con el equipo del Cholo con normalidad y el resto del grupo tras ausentarse de miércoles a viernes de la semana pasada, agobiado por la situación creada por sus propias palabras en junio: “Creo que lo mejor para todos es una transferencia, quiero cumplir mi sueño”. El sueño de jugar en un Barcelona que, de momento, no cumplirá. En lo que ahora trabaja el club rojiblanco es en reconducir la situación. Hacer que su jugador, al que siempre ha eximido de todo el ruido generado a su alrededor este verano señalando al entorno, se integre en la plantilla, con los compañeros y lo que sea posible con la afición. El fichaje de Cuti Romero, uno de sus mejores amigos en la albiceleste, ayuda a sacarle alguna sonrisa, aunque aún sea triste, en un rostro macilento que parece haber perdido el color. Simeone se afanaba en felicitarle cuando realizaba bien los ejercicios, al igual que sus compañeros. En cuanto el mercado se cierre, si Julián no acepta irse al Arsenal por los problemas con los visados de sus familiares primero y después porque eso sí que cercenaría por completo su sueño de jugar en el Barcelona, como le ocurrió a Agüero cuando se fue al City, debe sumar aquí, en el Atleti. Con la afición lo que se ha roto es para siempre. Se comprobó el domingo de la 2ª jornada de Liga, Atlético-Villarreal, que suponía el primer encuentro entre jugador e hinchada tras sus palabras: pitos en su presentación, pitos cuando entró al campo, pitos cuando se fue. Pitos de una afición que le adoraba y se ha arrancado su camiseta de la piel. Lo cierto es que Julián Alvarez es un buen chico. Un chaval prudente, amable, amistoso, sin nada de altanerías o ego desmedido. Un chaval al que todo lo vivido este verano le ha afectado también en lo personal y anímico. Pero, después del mercado y el sueño de todas las noches de verano, la realidad parece que es que quedarse. Y si lo hace, si el Arsenal no hace un movimiento de última hora, lo mejor para todos en el Atlético es que juegue, sume, marque... Y su valor de mercado, 120 millones para Transfermarkt, el tercer delantero con más del mundo tras Haaland y Mbappé, no descenderá mientras aplaza su sueño actual.
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