

El equipo verdiblanco remonta ante el Lille para firmar un triunfo brillante en la Champions. Bartra se luce con un doblete y Mbappé se autoexpulsa.
El Betis regresó a la Champions de la manera que había soñado. Conquistó Lille con una victoria de enorme importancia y trasladó a Europa su intención de no ser ningún invitado en este torneo. Fue un triunfo con alma y con fútbol. Necesitó las dos cosas para dar la vuelta al marcador en dos ocasiones tras evidenciar que su fiabilidad defensiva aún no está corregida. Pero Bartra eligió esta noche para marcar un doblete y un excelso Fornals hizo el resto para que el Betis firmara su vuelta perfecta cuando Parrott dio la vuelta al caos y el hermano pequeño de Mbappé se autoexpulsara. Una noche de Champions perfecta 21 años después. La salida del Betis fue quizás la que Pellegrini quería ver. Agarró el balón. Lo acarició Fornals, lo condujo Riquelme, lo pedía Antony. Todo con Isco en constante movimiento para que el plan funcionara desde el comienzo. La primera llegada de Riquelme careció de lo que demanda la Champions: eficacia. Pero el Betis parecía querer y el Lille prefirió esperar. Aunque esa historia duró algo más de diez minutos. Mbappé, el hermano pequeño de Kylian, rompió el frágil carril de Junior para detenerse, levantar la cabeza y servir un centro medido a Ueda. El japonés aceptó el regalo para adelantar a los suyos y dar un golpe a la ilusión verdiblanca. “Hemos vuelto”, rezaba el mensaje de la afición verdiblanca desplazada a Lille. Necesitaba hacerlo el Betis, tocado por ese golpe letal del equipo de Ancelotti. Había más ansias que fútbol en ese compás de espera en el que Isco no podía sobrevivir en soledad a la presión del equipo local. Las salidas quedaron minimizadas hasta que apareció Fornals. Desde el saque de esquina, entregó a Antony antes de recibir de nuevo el balón tras la pérdida del brasileño. Decidió que la rosca era suya y la ejecutó al área con una precisión para que Bartra rematara con firmeza ante Özer. Las tablas duraron poco. Lo que tardó el Lille en lograr un córner, ese elemento convertido en pesadilla este año para el Betis. Perrin lo lanzó y Alexsandro se elevó para rematar de cabeza y devolver al Betis a sus dudas. Una fragilidad imperdonable en la Champions. Isco siguió levantando la mano, aunque sus apariciones no terminaron de ser todo lo finas que solían. Antony estaba presente sin brillo. Parrott lo estaba sin socios. Pellegrini necesitaba potenciar su plan. Los verdiblancos iniciaron el segundo con la misma vitalidad que el primero, pero algo cambió. Surgió ese valor añadido que marca las diferencias en esta competición: una pegada siempre necesaria. La tuvo cuando Isco tomó las riendas de un balón parado y volvió a invitar a Bartra a que besara el cielo. Su remate volvió a despertar al equipo. Y lo hizo cuando más lo necesitaba. No quería Pellegrini que la cita volviera al ida y vuelta. Fornals mandó desde la pausa. Bernal lo hacía desde el equilibrio. Y fue Riquelme el que avanzó entre espacios y fabricó uno Parrott, el nuevo que Pellegrini esperó durante tanto tiempo. El irlandés avanzó y disparó cruzado. Pareció hasta sencillo. No tomó el Betis ventaja solo en el marcador, sino también en lo numérico tras intervenir el VAR para expulsar a Mbappé tras caer en la trampa de Natan. Pellegrini, entonces, comprendió que debía pausarlo todo. Fidalgo y Roca dieron aire a la sala de máquinas mientras Ancelotti decidía qué hacer con su Lille. Tiró de Giroud en el último suspiro y el Betis dio alas a Fran García para tratar de apurar sus opciones de dañar esos espacios inevitables. El duelo entró en ebullición y el Betis abrazó la calma. La de sentirse feliz con el balón. La de cerrar la cita sin miedos. Lo hizo bajo suspiros de talento y de certezas. Las quiere prolongar el Betis en esta Champions a la que regresó con la mejor de sus premisas. La de la victoria.
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