Regreso a Valdebebas en su 27 cumpleaños. Con Bernardo y Diomande crece la competencia. Mourinho cuenta con él como una pieza importante.

Llegar, aceptar, luchar y remontar. Así, cada verano. Es el temporada a temporada de Brahim. Ese que le perfila una situación donde la competencia crece, siempre. Pero que no le resta fuelle, sino que le hace afrontar cada nuevo comienzo con calma, con mucho día a día. Para siempre ganarse o recuperar un rol que le convierte en pieza importante. Una tarea que comenzó, una vez más, ayer. Con su regreso a Valdebebas, 25 días después de aquel 2-0 con el que Francia le dejó sin semifinales mundialistas. Fue el día de Vinicius, entre el runrún. El de Bernardo Silva, de estreno. Y el suyo. Por partida doble, pues también celebró su 27 cumpleaños. Primero reconocimiento médico, en el Blua Sanitas a minutos de la ciudad deportiva. Para después poner rumbo al césped. A su día de la marmota particular. Sin confiarse, pero con confianza. Por la que tiene en sí mismo y por la que le transmiten. Por parte del club, con el que se acordó el curso pasado, en los albores de la era Xabi Alonso, una renovación que le ata a la entidad, como mínimo, hasta 2030. Solo falta el anuncio para que lo oficioso sea oficial. Y ese sentir no ha cambiado. Por eso todo interés por conocer la situación del malagueño, una constante, queda en nada. Ya sea la Juventus, como trascendió, u otros clubes. Nunca se ha ido más allá, porque ninguna de las partes ha querido ni quiere que así sea. No lo ha hecho tampoco con la llegada de Mourinho, al contrario. El portugués ve en él una pieza muy valiosa. Un jugador que encaja perfectamente en su idea futbolística, por su polivalencia y una capacidad de sacrificio que para el técnico es muy importante. La competencia es feroz, porque lo es. Porque en la ecuación entra Bernardo Silva y no tardará en entrar Diomande, pero Mourinho cuenta con Brahim, también por una polivalencia que le permite aportar en posiciones más centradas, como lanzador, en banda... De hecho traza similitudes entre él y el propio Bernardo, en lo posicional y en cuanto a la evolución que pueden tener en plantilla. Sin olvidar la capacidad para rendir incluso como segundo delantero, como tan buen resultado dio el curso pasado. Fue con Arbeloa, después de pasar por ese sofá gris tras el cual recuperó un rol preponderante. No rebló cuando las oportunidades le daban la espalda. Cuando había sido titular solamente cuatro veces en 194 días. Entre marzo y abril lo fue seis consecutivas, en 29 días. Un tramo donde, aun sin contar con Mbappé, el Madrid vivió su momento más fluido de una temporada que se torcería poco después. El último ejemplo de ese remar continuo de un futbolista acostumbrado a hacerlo. A rebelarse ante el contexto y la competencia (así se ganó, también, a Ancelotti). Y ahora tiene un nuevo reto, al que llega tras brillar con Marruecos en un Mundial que terminó con segundo máximo asistente (cuatro). Tras confirmarse como figura y León del Atlas. Los fichajes llegan, Brahim no cambia.