
Es lo que se escucha en Valdebebas referido a un José Mourinho que llegó entre muchas voces críticas por su fichaje.
“El mejor fichaje está en el banquillo” es la frase que se repite día tras día en Valdebebas. Lo dicen con pleno convencimiento de una decisión tomada pese a las muchas voces críticas que se escucharon cuando en los últimos días de abril se confirmó que Jose Mourinho era el elegido para entrenar al Real Madrid. El portugués ha puesto a todos de acuerdo en menos de dos meses. El fútbol y lo que pase sobre el verde dictará sentencia, pero la creencia de que la decisión tomada fue la correcta no deja de crecer dentro del club, pero, sobre todo, en el vestuario y en el día a día de un equipo que está demostrando estar convencido de pelear y luchar del primer al último minuto de cada partido y en cada entrenamiento. La realidad de lo que sucede en Valdebebas en el día a día nada tiene que ver con la sensación que se tenía un año atrás. Xabi Alonso no conectó, no entró en el engranaje que siempre debe existir entre club y entrenador y eso terminó por deteriorar todo un poco. Los futbolistas son los primeros en saber el estado de esa relación y si ven que la cuerda se rompe, se desconectan y dejan de trabajar en grupo, algo que sucedió incluso en el Mundial de clubes y que llevó a que se instalara la duda permanente en la entidad madridista, en los que mandan y en los que también mandan a su manera, es decir, a los futbolistas. Arbeloa lo intentó, pero el vestuario encontró parecidas circunstancias y la historia se repitió. Mourinho llegó y, tal y como informó este periódico, cambió hábitos, normas y costumbres. Buscaba reactivar el respeto del grupo al escudo y el propio respeto interno como medida para reactivar a un equipo dormido y ausente y que en las dos últimas temporadas jugaba cómo y dónde quería. Además, ha hablado y explicado a cada jugador lo que quiere de ellos y a los que veía fuera les ha dado la oportunidad de rectificar. La consecuencia llega en forma de seguridad en que el movimiento hecho en el banquillo y la vuelta al pasado ha sido la mejor decisión tomada desde la vuelta de Carlo Ancelotti casi por accidente. Y es que tanto el italiano como el portugués llegaron tras sendos ofrecimientos propios, bueno en el caso de Mourinho de Jorge Mendes, el culpable de que el técnico haya vuelto al Bernabéu. A diferencia de otros entrenadores que han pasado por el banquillo, Florentino Pérez y Mourinho mantuvieron contacto (esporádico) durante estos trece años de distancia. Los mensajes en momentos puntuales siempre llegaban a tiempo. Típico amigo que, aunque no sabes de él, no tienes duda alguna que está siempre ahí. Todo ha ayudado y ha valido para ayudar a un regreso que, como sucedió con Ancelotti, también tuvo sus dosis de fortuna. En este caso, que Zidane ya estuviera comprometido con la selección francesa y en el del italiano que ningún candidato ‘nuevo’, convenciera. El técnico está feliz. Ha encontrado total apoyo del club, pero desde el entendimiento. Mou no ha llegado imponiendo y sí convenciendo, dialogando. Su primera petición, al margen de la eliminación de las multas por los ‘castigos’ o de que todos los lesionados recuperen en Valdebebas, fue Bernardo Silva como mediocentro y por lo visto no era mala idea.
မန်ယူ
ရီးယဲလ် မက်ဒရစ်
ဘာစီလိုနာ
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