

El FC Barcelona fue un martillo en su debut en la Champions League. Goleó al Feyenoord por 5-1 dando una sensación de superioridad que asusta a los rivales.
Sigue el Barcelona a un nivel inalcanzable para sus rivales, ya sea en Europa o en el campeonato doméstico. Debutó en la Champions League ante el Feyenoord en una tarde desapacible, lluviosa y gris que fue iluminó futbolísticamente el conjunto catalán, que no pudo esconder el hambre de un equipo que deseaba empezar el curso europeo como un niño espera estrenar plumier el primer día de colegio. El equipo blaugrana sigue también con su promedio de martillo goleador. Aplastó por 5-1 al Feyenoord en un duelo en el que Raphinha se reivindicó con dos goles ante el enésimo desprecio del alto tribunal del Balón de Oro, al que se sumó Pedri, de nuevo excepcional. Lamine Yamal marca hasta de falta directa por si hiciera falta dejar de suplicar y seguir imponiendo su clase. Adeyemi aprovechó para anotar un golazo y, por si fuera poco, de postre, Gabriel Jesús salió para redondear el resultado con un gol de nueve de toda la vida que completaba una manita que lanzaba un mensaje a Europa: el Barça, como dijo Lamine Yamal ayer, no está para suplicar, está para exigir. Las vacaciones han acabado y ya no hay nadie en Europa que ahora mismo quiera tener al equipo de Flick delante. Una máquina trituradora de rivales que no da opción a responder a un alud de golpes que descosen al enemigo en corto, en largo, a la contra o centrando al área. La temporada es muy larga, pero ahora no hay equipo que juegue como el Barça. Quizás le mueven las ganas de ganar y de saldar cuentas antes de empezar a jugar, cosa que puede ser contraproducente, pero benditas sean para un equipo que te asegura ver cinco chicharros por partido. El Barça se presentaba en tarde lluviosa para debutar en la Champions con la ilusión de empezar un camino cuyo peligro es el de querer recorrer etapas saltándose tramos necesarios. Hace tanta ilusión, por no decir que obsesiona asaltar de una vez la máxima competición europea después de once años, que el peligro es el de querer ganar la carrera en la etapa prólogo sin tener en cuenta que esto es una carrera de fondo que se decide en primavera. Pero Pogacar no es de los que negocia etapas. Le retiran las caídas. Este Barça pinta igual. En una tarde extraña de otoño lluvioso, torrencial a ratos, y legañoso en otros momentos, el Barça decidió salir a jugar su partido ante el Feyenoord como el niño que empieza las clases y quiere impresionar al maestro. En esos momentos, caían chuzos de punta sobre el césped y sobre una grada a la que le falta un año para guarecerse, pero eso no frena a los más motivados del curso. Y más si se sienten ofendidos por la lista del Balón de Oro, que vendría a ser el informe PISA de los jugadores en la actualidad. Un repaso en el que se cometen injusticias y ante hay que rebelarse. Fue el caso de Raphinha. Suspendido por los sabios del fútbol sin entrar entre los mejores 30 futbolistas del pasado año pero al que le bastaron tres minutos para reivindicarse. Y de qué manera. Recibió el brasileño tras conducción de Lamine Yamal en la posición de nueve en la que se ha acomodado y se transmutó en uno de los mejores de la historia de esa posición. Controló Raphinha en el área y en ese instante fue poseído por el espíritu de Ronaldo Nazário y tras recibir el balón recortó en el área provocando el acuapláning de los dos centrales holandeses que gracias a la hierba mojada hubieran llegado hasta el Passeig de Gràcia si la mole de cemento de la grada no lo hubiese impedido, pero que habilitó al brasileño para que batiera al portero holandés. Con el 1-0 el público que desafió a la lluvia se preparó para un festín que no acababa de llegar. El dominio era de los de Flick, pero el equipo de Van Bronckhorst estaba bien armado y no se descompuso en ningún momento. No eran un virtuosos, pero sí un equipo reconocible con jugadores notables como Valente, Moussa o Targhaline, que cuando se asociaban daban cierta sensación de ser un equipo decente. Pero los recursos del Barcelona eran incontrolables para el conjunto neerlandés. Adeyemi marcó el 2-0 en un golazo descomunal, Raphinha el 3-0 volviendo a dar un clínic de falso nueve y Lamine Yamal hizo el 4-0 de falta directa. El Barça bailaba bajo la lluvia y permitió al Feyenoord su minuto de gloria al marcar el 4-1 ante de que los cambios de Flick. Más pensando en laLiga que en la Champions, decidieran el partido con el gol icónico de Gabriel Jesús que completaba la manita con la que el Barça deja claro que es el terror de Europa y que la ambición del equipo no tiene límites. Comandado por Lamine, no suplica, impone su ley. hay que ver cuanto aguanta, pero lo vivido hasta ahora es bellísimo.
မန်ယူ
ရီးယဲလ် မက်ဒရစ်
ဘာစီလိုနာ
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