

El Madrid pasó por encima del Rayo en la primera parte, pero se ganó los pitos del público en la segunda. Diomandé fue titular, a costa de Arda Güler.
El primer Madrid con los cuatro mosqueteros se regaló otro triunfo con reparos en un partido que transitó del baño y masaje a la queja colectiva frente a un Rayo afeitadísimo por lesiones y sanciones. Necesitaba el equipo de Mourinho amigarse con el Bernabéu y la victoria para ganar tiempo, porque hasta ahora no ha aparecido el nuevo Madrid deseado sino una versión remasterizada a ratos del de los dos años anteriores. Se quedó corto en la conciliación y conforme con los puntos. Fue en el estreno como titular de Diomande, que no pesó demasiado en el choque, pero que dejó un trailer de lo que es capaz de hacer: velocidad, desborde y también buena disposición para recuperar pelotas. El problema es que le quita el sitio a Arda Güler, que en veinte minutos explicó al Bernabéu quién es el jefe del equipo. El Rayo fue un espectro en la primera mitad y el equipo que juega por encima de sus posibilidades en la segunda. Un despertar tardío que solo le dio para ascender a copichichi a Camello y para sacar, por enésima vez, los pitos del Bernabéu, fiscal de un proyecto que aún despierta sospechas. El partido tenía cierta guasa. El Madrid venía de ganarle al Inter agarrado a la tabla de Courtois y sin alcanzar siquiera el 40% de posesión, lo que interpretó el público, por encima de la victoria, como una entrega de las llaves del Bernabéu al primer visitante europeo. La paciencia en el estadio anda en números rojos y el silbido en la punta de la lengua, especialmente con los que no están al corriente de juego y arrastran deudas del pasado. Vinicius encabeza el ranking. Sin embargo, ese malestar general no alteró la escala de mando. Para darle la titularidad a Diomande en un partido a su medida, en casa y ante el Rayo, que es ahora franja errante y que se presentó con ocho bajas, Mourinho sacó del once a Arda Güler, el mejor en las cuatro primeras jornadas, que dio un paso atrás en su inestable estatus: de primer cambio a primer suplente. También refrescó la defensa con Rüdiger y Carreras y ahora, con stock de centrocampistas, apeló a Bernardo Silva en un territorio donde sobran piernas y falta cabeza. El Rayo se presentó como una UVI móvil: con el anuncio de que ante el Espanyol tampoco estará en Vallecas, sin fichajes ilusionantes y con muchos de sus jugadores principales fuera de pista (De Frutos, Isi, Batalla, Luiz Felipe, Fran Pérez…). Su única buena noticia era Camello, que en cuatro jornadas había marcado cinco goles, tres menos que en todo el curso pasado y dos más que en el anterior. Tampoco se fue de vacío del Bernabéu. Pese a su evidente merma, el Rayo quiso mostrarse desacomplejado. Más incluso de lo previsto. Su primera huella en el partido fue un disparo tenso desde casi 50 metros de Pedro Díaz, intentona por si Courtois andaba a por uvas. No fue el caso. Detuvo el tiro y otro posterior de Tsitaishvili, que fue el canto del cisne, porque el Madrid, que jugaba al paso, con un ritmo poco conciliador, se encontró con un penalti a precio de saldo de Lejeune, veterano en acción de juvenil. Mandó al suelo a Carreras escandalosamente cuando la internada del lateral iba ya a fondo perdido. García Verdura pitó la pena y lo transformó, esta vez sí, Mbappé. No era la noche de Lejeune, que volvió a patinar casi de inmediato en un pase al limbo que pilló a sus compañeros de zaga a contrapelo. Carreras se hizo cargo de la jugada, tiró una pared con Mbappé en el corazón del área y liquidó el partido. Un comienzo tan extraordinariamente favorable sacó a la superficie a Diomande, que a raíz del 2-0 compareció en su banda para sacar a la superficie sus habilidades. Las compró de inmediato el Bernabéu. Es jugador de eslaloms gigantes y dejó un par de ellos para hacerse confiable antes de que Bellingham anotase el tercero, en un remate sobre la marcha tras asistencia de Vinicius, en una de esas arrancadas del extremo indómito que quiere volver a ser. El cuarteto ofensivo del Madrid lo pasaba estupendamente, pero el secreto del partido estaba en la batuta de Bernardo Silva, inductor de todo el fútbol de ataque del equipo. En aquel clima tan confortable, Mbappé, ya muy cerca del descanso, estrelló un disparo en el poste. La cosa apunta a otra temporada con una tonelada de goles, su sólido atenuante en estos dos años de sequía. Le falta la eximente de los títulos. A esas alturas el Rayo era ya un pelele, sometidísimo, defendiendo demasiadas veces incluso en el área pequeña. Arriba, era Camello contra un ejército, un imposible pese al buen momento del delantero vallecano. Y al final de ese camino de espinas andaba Courtois, que sacó un latigazo lejanísimo de Pedro Díaz, que repitió a vuelta de vestuario. Este segundo tiro raso lo devolvió el palo. Fue el primer síntoma de la evidente relajación blanca. Mourinho pensó en el futuro y quitó a Valverde y Vinicius pensó que no había rival cuando le dio una asistencia a Camello, que esta temporada está por no dejar pasar una. Batió a Courtois con un toque de picardía entre las piernas de Konaté. Otro remate, más lejano pero potente, de Lejeune, también invalidado por el belga, sacó al equipo y a Mourinho de ese estado zen de la primera mitad. Una vez más desaparecía el Madrid de la insistencia para pasar al molestísimo de la intermitencia. La cosa fue a más. Repitió Lejeune y tuvo el gol en la punta de la bota y de la cabeza dos veces el georgiano Tsitishvili. Creció la protesta. En el contexto actual, el Bernabéu castiga con latigazos un mal pase y abre un consejo de guerra por un mal resultado. Pese al bajón, Audero evitó un tanto de Dumfries con la parada del año. Fue su única alegría en un debut difícil. Para entonces ya había llegado al partido Arda Güler, que probó lo inexplicable de su suplencia. No hay futbolista más en forma. Dio un recital de veinte minutos y alivió la tensión hasta que Mbappé culminó su doblete ante un Rayo que debe consolarse con que ya ha pasado lo peor (Madrid y Barça) y con que algún día volverá a Vallecas.
မန်ယူ
ရီးယဲလ် မက်ဒရစ်
ဘာစီလိုနာ
မှတ်ချက် အားလုံး (1)