
Aspas adelantó a los locales con un buen gol al comienzo. Alonso vio la roja directa al inicio de la segunda parte y acto seguido marcaron Barja y Budimir
Balaídos comenzó aplaudiendo a Borja Iglesias con su medalla de campeón del mundo colgada al cuello y acabó silbando al colegiado Sesma Espinosa por una decisión que fue decisiva en el encuentro, VAR mediante. Osasuna consiguió remontar el tanto inicial de Iago Aspas y hace más grande el lío vivido esta semana por el caso Rueda. El malagueño, por si fuera poco, acabó saliendo en la foto del primer tanto rojillo. Y eso que el Celta impuso su ley en la primera parte, siendo fiel a la salida del balón desde atrás, teniendo la mayor parte de la posesión, con paciencia para buscar la portería contraria, aunque sin finura en los últimos metros. Eso sí, Iago Aspas quiso empezar su último baile en Balaídos sacando los pasos prohibidos, con un tanto marca de la casa. El moañés controló en tres cuartos de campo y se fue asomando al balcón del área para fusilar a Herrera con su zurda mágica. Osasuna se dedicó a minimizar daños en la primera parte, priorizando no encajar el segundo tanto que abriera una brecha insalvable. Sin embargo, Bretones y Raúl probaron suerte desde lejos. El lateral remató desviado, mientras que el tiro del ariete lo detuvo Radu sin problemas. Tras un primer tiempo sin demasiados sobresaltos, el duelo cambió por completo al inicio de la segunda parte con una acción polémica. Sesma Espinosa le sacó amarilla a Marcos Alonso por una falta sobre Iker Muñoz, pero el VAR le dio cita en el monitor a pie de campo y ahí el riojano cambió de idea, mostrándole la roja directa al defensa madrileño. El Celta todavía no se había colocado sobre el campo cuando Kike Barja aprovechó un centro de Dubasin para adelantarse a Javi Rueda y batir a Radu. Los célticos aún estaban con la cabeza gacha cuando Javi Galán cometió penalti por mano. Desde los once metros, no perdonó Ante Budimir. El encuentro se ponía cuesta abajo para los navarros, por delante en el marcador y con uno más sobre el terreno de juego. Los célticos pusieron mucho empeño en perseguir el empate, pero muy poca creatividad. De hecho, el final del partido fue plácido para Sergio Herrera, que no tuvo que realizar ni una sola intervención. En la última jugada, Rubén García se vistió de Maradona para regatear a media defensa viguesa y regalarle el balón a Budimir, que solo tenía que empujar a la red, pero fue indolente en el remate y Carreira aprovechó para evitar el tanto sobre la línea.
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