El hat-trick de Morgan Rogers y un doblete de Ollie Watkins conducen directamente a los octavos de final al Aston Villa, que se repuso a dilapidar una ventaja de dos goles ante un Celtic que se mete en el playoff en el último vagón.

Unai Emery y su flamante Aston Villa ya esperan rival en los octavos de final de la Champions League: Sporting de Portugal, Brujas, Atalanta o Borussia Dortmund. Uno de los cuatro, que sí jugarán el playoff de dieciseisavos de final, se cruzarán con el conjunto inglés, con quien no pudo ni el peso de la historia, ni la epidemia de lesiones que sufre en defensa, ni un guion de partido con mil giros. Emery y sus ‘villanos’ remataron el trabajo de su sobresaliente fase liga de la Champions League finalizando dentro del Top-8. Cumplieron con su misión y se cumplieron las cábalas. Ganó y goleó al Celtic de Glasgow en una ‘final’ con aroma a football vintage británico, aumentando así su diferencia gol, y contempló también cómo el azar le guiñó un ojo, cumpliéndose todas sus cábalas. El Atalanta no pasó del empate (2-2) en el Camp Nou y el Dinamo de Zagreb hizo añicos los pronósticos ganando (2-1) al Milan.
Obligados a lanzarse al ataque, no importó que el técnico de Hondarribia solo contase con Ezri Konsa como único defensa central sano tras las lesiones de Tyrone Mings y de Pau Torres y la marcha al Fenerbahçe de Diego Carlos. El parche fue Lamare, hijo de Winston Bogarde. Algo que quedó en anécdota con la salida del Aston Villa. Una estampida rentabilizada en dos goles a lomos de Morgan Rogers, que se apuntó un doblete cuando algunos todavía estaban buscando, a buen seguro, el dial de emisión de la cardiaca jornada al unísono que preparó la UEFA con su nuevo formato. Un disparo con la derecha, rematando un pase atrás de Jacob Ramsey, y un zurdazo a la escuadra tras recuperar en presión alta. 2-0 a los cinco minutos y el Villa Park, que venía de enlazar once partidos consecutivos ganando, ya en ebullición. Pero esto es la Champions. Nada es fácil y abunda la imprevisibilidad. Incluso la propia.
Dos fallos defensivos, ninguno de Bogarde, permitieron empatar a Adam Idah para dar la réplica a Rogers. Otros dos minutos cardiacos, del 36 al 38, para reiniciar el partido al descanso. Unai Emery reclamaba tranquilidad. La que tuvo su equipo para macerar una remontada que llegó en el 60′. McGinn, capitán y todo corazón, enmendó su error en el 2-1 con un esprint para el recuerdo que acabó en botas de Ramsey. Esta vez no falló Ollie Watkins para elevar el 3-2 al marcador, después de resbalarse al ejecutar un penalti de VAR que acabó con el balón en la grada. Dibu Martínez mantuvo a raya al Celtic y que regresa a la fase eliminatoria de la Champions League 18 años después y de forma aterradora. A los escoceses le esperan en el playoff Manchester City, Bayern de Múnich o Real Madrid.
Un empujón no solo deportivo, si no también económico y hasta de energía. Ese puesto en el Top-8 no solo coloca al conjunto de Birmingham entre la aristocracia europea, en el mismo vagón, por ejemplo, que Liverpool o Barcelona, si no que también inyecta a las arcas villanas casi trece millones de euros para acudir con garantías a un mercado que anticipa mucha actividad. Además, descarga el abrasador calendario para un equipo que no dispone de una plantilla con tanto potencial como otros transatlánticos europeos que un equipo que está dejando, y de qué manera, por primera vez su huella en su tercera comparecencia en la competición, la primera desde que pasase a denominarse Champions League. De hecho, es todavía uno de los pocos debutantes en ganar la Copa de Europa, en la 1981-82. ¿Volverá a repetir la gesta? Pase lo que pase, la Emerymanía, más viva que nunca en las Midlands occidentales, es ya la revolución de Birmingham. El broche dorado al 150º aniversario del Aston Villa.
Астон Вилла
Кардифф Сити
Аарон Рэмзи
Эмери
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