
Mourinho regresa al banquillo del Bernabéu 13 años después de su primera etapa. No lo pisa desde el 1 de junio de 2013, cuando se marchó bajo un tumulto.
Es hoy. Un miércoles. Tal vez porque los calendarios de LaLiga siguen teniendo estos frascos de torpeza o, tal vez, porque el evento debía tener una cierta atmósfera de Champions dada su envergadura. Pero guste más o menos, será esta noche: Mourinho volverá a sentarse en el banquillo del Bernabéu. Dirigiendo a su Real Madrid. Con el que ganó una Liga, una Copa y una Supercopa de España. Trabajando ‘para’ él, no ‘en’ él. Nueva máxima. Han pasado 13 años desde la última vez. El ser humano ha dado la vuelta a la luna, el mundo ha vivido una pandemia y el estadio, una metamorfosis. Han pasado siete entrenadores y decenas de jugadores. Seis Champions. Ha pasado hasta un cambio de papa. Y de repente, el guionista del fútbol redacta este capítulo. Vuelve Mou. Más cercano, sosegado, reflexivo. Diferente. Sin rastro de su “lado oscuro”. No aún. Pero es sólo el segundo primer día. La noche del reencuentro. Desde el 1 de junio de 2013 (4-2 ante Osasuna), no se sienta en el banquillo del Bernabéu. La frase es literal, pues en el cruce de Champions de la pasada temporada, a los mandos del Benfica, estuvo sancionado y decidió quedarse en el párking. Ni siquiera se vio con Florentino Pérez. No ha habido nada en 13 años. Antes, como entrenador del Oporto, visitó el Bernabéu en dos ocasiones Champions (un empate y una derrota) y se midió al Real Madrid siendo entrenador del United, en la Supercopa de Europa... pero aquello se disputó en Skopje (Macedonia). El destino no ha querido que Mourinho vuelva a sentarse en el banquillo del Bernabéu desde que se despidió de él, aquel sábado veraniego de 2013. Cuando dijo tchau bajo una atmósfera sofocante y un tumulto. Su despedida tuvo una ‘invasión’ de fotógrafos que obligó a detener todo en el primer minuto −Mou apuró para salir al banquillo y dificultó el trabajo de los medios gráficos, que también tuvieron que apurar−, una constelación de estrellas viendo el partido desde el palco –entre ellas, Cristiano Ronaldo, con el que no quiso coincidir sobre el césped durante la entrega de un premio– y una notable división en la grada. Mucho pito... y aplauso. Su relación con el Bernabéu tuvo sus tira y afloja. Conectó rápido y tuvo su cántico, basado en el clásico la donna è mobile, perteneciente a la ópera Rigoletto de Verdi. Sin embargo, durante sus tres años afeó al campo más de una vez su falta de presencia: “No pido que esté como San Siro, porque las culturas son diferentes, pero me gustaría ver un Bernabéu un poquitín más caliente”. Llegó a ser más contundente: “Quiero dar las gracias a los pocos que animan detrás de la portería; sin ellos, pensaría que el campo estaba vacío”. Es célebre su quedada con el público varios minutos antes de un derbi para que le pitasen, si se consideraba necesario, en los inicios de la 2012-13: “Si quieren pitarme, estaré allí a las 21:20. Tengo muchos años de fútbol como para que me afecte”. Pero terminó encajando las críticas de la grada con deportividad: “Zidane ha sido pitado aquí, Ronaldo y Cristiano Ronaldo, Bota de Oro, también. ¿Por qué no puedo ser yo pitado aquí?”. Para siempre quedó el legado. Imborrable recuerdo de un entrenador de garra y colmillo. Que habla y da que hablar. Que, desde luego, no deja indiferente. Y al que ahora, 13 años después, se ha acudido aludiendo a la necesidad. Esa misma de tocar la fibra de un grupo que de tan indolente, llegó a contagiar apatía. Pecado capital en Chamartín. Donde un tercer año sin títulos es absolutamente inadmisible. Y Mou es taurina. Ahí hay consenso. Esta noche regresa a su casa, bajo la bandera de lo que ha catalogado como una “misión”. Levantar al rey y llevarlo de vuelta al trono. Y aunque su fichaje suscitó detractores, el tiempo ha ido convenciéndoles, al menos, de que The Special One merece una oportunidad. Tiempo. Que puede salir bien. Mourinho planifica el partido con un once titularísimo: Cucurella apunta al lateral, una vez que ha encadenado más entrenamientos y Bernardo Silva, a repetir en la sala de máquinas. La principal duda es si entrará Diomande −es seguro que tendrá minutos, pero si está para el once o no... esa es la cuestión– o se mantendrá Güler, máximo exponente de la meritocracia por ahora. Tres son las bajas: Asencio, Tchouameni y Endrick, los dos últimos atravesando un plan específico para evitar recaídas en lesiones “complejas, pero no graves”, que se dice. Y enfrente, una Real Sociedad continuista en su proyecto ganador. Casi mismos jugadores, casi mismo once. Matarazzo mantiene la confianza en los héroes que le llevaron a levantar la Copa del Rey y por consiguiente, a la Supercopa de España del próximo febrero. Este partido, de hecho, será una de las semifinales (la otra, Barcça-Atlético). La principal duda está en Oyarzabal, quien ultima su puesta a punto tras incorporarse a la rutina de manera tardía por el Mundial. Gajes de una –bendita– estrella. Apunta a ser titular. Tal vez no tenía que ser un miércoles, pero sí con un partidazo. Y este lo es. Ha llegado el día, la noche: Mourinho, 13 años después, volverá a sentarse en el banquillo del Bernabéu. Han pasado 4.834 días desde aquel sábado de junio. Desede el partido contra Osasuna en 2013. Han pasado siete entrenadores y seis Champions. Una crisis, un déjà vu. Y hoy, ante ustedes, The Special One.
Манчестер Юнайтед
Реал Мадрид
Барселона
Все комментарии